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Ocio y Cultura

mi mascarilla

Eva Armisén o el juego de las muñecas rusas con niña y tigre

La pintora reflexiona sobre la identidad y la máscara y la imposición

Mi mascarilla. Eva Armisén.
La pieza de la pintora de Zaragoza, afincada en Barcelona.
Eva Armisén.

ZARAGOZA. Eva Armisén (Zaragoza, 1969) posee una empatía inmediata: a la gente le gusta mucho su mundo plástico, despojado de solemnidad, falsamente naïf, lleno de cotidianidad, poesía y sueño. Eva Armisén, trabajadora incansable, intenta llegar a todo: pinta, dibuja, ilustra, diseña, viaja y hace exposiciones no solo en Aragón y España, sino en Estados Unidos, Lisboa o en Oriente. A veces es difícil saber dónde está. Ha aceptado desarrollar una mascarilla. ¿Qué le dicen? "Me recuerdan continuamente que estamos viviendo algo diferente y desconocido".

Considera que en las mascarillas puede haber arte. "Poder seguro que sí, pero a mí me resulta difícil poner arte en la boca de otras personas". He aquí su apuesta: "He querido jugar con el concepto de la máscara. La mascarilla nos ha venido impuesta por una circunstancia concreta, pero todos tenemos nuestras propias máscaras, debajo de la mascarilla, que también nos protegen haciéndonos parecer lo que no somos o al menos eso pensamos. Me he imaginado el juego de las muñecas rusas. Ya es difícil descifrar a la persona que tenemos delante, ahora hay que desenmascarar un poco más".

Los artistas han recibido llamadas porque los lectores, los amigos o los curiosos querían llevar sus diseños. ¿Le gustaría a Eva Armisén que la gente se protegiese con su pieza? Da un paso atrás. O responde con idéntica porción de desconcierto, reflexión y humor: "No lo sé. No lo tengo claro. Personalmente me resulta difícil pensar en algo que sirve para proteger y a la vez tapa la boca de alguien. Sigo pensando". Algunos querrán ser niña y tigre.

Eva Armisén confesaba hace poco en estas páginas. «Me dio miedo la soledad y también la fragilidad de la gente que me rodea, de los artistas, de los galeristas, de la creatividad. He tenido la necesidad de hacer retratos para sentirme acompañada. Dibujos íntimos, pequeños y de gente cercana o relacionada con mi trabajo». No para de trabajar, de exponer, de viajar: expone y publica libros ilustrados.

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