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Músicos y artistas escénicos sufren un verano desolador sin apenas actuaciones ni ingresos

La gran mayoría de las compañías y bandas aragonesas han visto reducida su actividad hasta la mínima expresión.

La compañía Caleidoscopio Teatro, en el ensayo de ayer.
La compañía Caleidoscopio Teatro, en el ensayo de ayer.
Josean Pastor

El verano es tradicionalmente la época del año más intensa y provechosa para los músicos y artistas escénicos. Unos meses en los que las fiestas populares y otras celebraciones llenan el calendario de actuaciones. La pandemia del coronavirus ha dinamitado casi por completo esta ventana temporal de unos cuatro meses –de junio a septiembre– que nutría económicamente a compañías y bandas.

El jaqués Cuti Vericad, músico extraordinariamente inquieto y prolífico, ejemplifica esta brusca caída. Su agenda laboral se ha quedado escuálida. «Durante la temporada de verano, que se alarga hasta el Pilar, solía hacer entre 40 y 90 conciertos. Este verano la cifra se va a quedar en tres: uno en el Centro Cívico Almozara, uno en Avilés con Los Rebeldes y otro el 28 de agosto en el museo Pablo Serrano», relata.

En lo anímico y personal, este frenazo apenas le ha magullado. «Soy un artista atípico. Tengo una concepción del oficio muy pura. Estoy en crisis desde 1993. Soy igual de feliz tocando en casa que en un concierto. Es por ello que la situación no me está afectando anímicamente. En ese sentido, me ha ido hasta bien. Eran muchos años tocando de aquí para allá, y eso cansa las piernas», explica.

Una paz interior que no niebla su visión ante el futuro en su sector. «El futuro, en cuanto a los conciertos, lo veo fatal, muy negro. No me perturba porque yo aspiro a vivir en paz. Pero soy consciente de la gravedad del asunto. Creo que es muy probable que hasta 2022 no podamos volver a una situación más o menos como la de antes del coronavirus. En ese nuevo mundo que aparecerá, con guerras de guerrillas, será más fácil para gente como yo, con proyectos humildes y pequeños. Algo de purificación traerá. Pero habrá que esperar para eso. Al menos nos queda un año y medio de infierno. Caerán muchas bandas, salas y promotores. Mi empatía total con ellos», dice.

Su historia es compartida por decenas de bandas aragonesas, que han visto truncadas sus giras de presentación de discos, tanto regionales como incluso internacionales. Con las salas de conciertos cerradas sin fecha prevista de reapertura, la asfixia es total.

Teatro de calle

La zozobra es similar en las artes escénicas, cuya actividad se ha reducido prácticamente a la nada. Es el caso de K de Calle, una compañía zaragozana fundada en 1982 y dedicada a la creación de espectáculos de teatro de calle para todos los públicos.

Su testimonio sirve como termómetro. «Este verano tenemos cero actuaciones. Se ha suspendido absolutamente todo y se han caído todos los planes. Teníamos ciertas esperanzas, pero con el regreso a la fase 2 no ha habido manera. Solemos hacer pasacalles itinerantes infantiles, de carácter participativo. Estuvimos trabajando para modificarlos para seguir todos los protocolos de seguridad, que no hubiera contactos ni se compartiera material. Pero ha sido imposible. Hasta que no se encuentre una vacuna, el futuro apunta muy negro y subsistir va a ser muy complicado. Seguimos soportando muchos de los gastos y no tenemos ingresos. Lo peor es la incertidumbre, no hay visos de que mejore», sintetiza su director, Michel Mondrón, que también es portavoz de la Plataforma en Defensa de las Artes Escénicas de Zaragoza, que engloba a 40 compañías.

K de Calle llega a involucrar a unas 20 personas, dependiendo de los espectáculos. Un grupo humano que observa el presente con pesimismo. Y que solicitan una mayor sensibilidad. «Hemos mantenido infinidad de reuniones con el Ayuntamiento de Zaragoza y con el Gobierno de Aragón. Nos gustaría que consideraran la cultura como un bien esencial y protegieran a todas las compañías en un momento tan crítico. Les solicitamos ayudas a fondo perdido para nuestro mantenimiento. Es cierto que se han concedido ayudas a la producción, pero el primer objetivo de todos es subsistir, no embarcarnos en nuevas producciones», esgrime Mondrón. Y concluye: «Si no existe una mayor sensibilidad, desaparecerán muchas compañías».

Incertidumbre

Caleidoscopio, compañía zaragozana con 36 años de trayectoria en el teatro visual, comparte la problemática. «Justo cuatro días antes del confinamiento íbamos a estrenar un espectáculo de teatro y música en la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para más de 6.000 chavales. Era una obra sobre ‘Garbancito’ con la Orquesta Sinfónica Ciudad de Zaragoza. Era un proyecto con una gran producción detrás, con la orquestación de los temas… Fue un chasco tremendo. En principio, se ha pospuesto para el año 2021, pero la incertidumbre es total», revela Azucena Gimeno, codirectora.

Un revés que no les causó desaliento. «A pesar de la situación, nos dijimos que teníamos que salir de esta. Hemos intentado transformar el espectáculo para teatro de sala y generar proyectos que enviábamos a ayuntamientos e instituciones. Pero nuestros espectáculos son muy participativos y todos se han caído. En todo el verano solo hemos tenido dos actuaciones, una en la reapertura del Teatro Principal y otra a principios de agosto», expone Gimeno.

Conminan a las instituciones a que dediquen un guiño cómplice a este sector tan conectado con la cultura y con los niños. Y apuntan otra posible medida que aliviaría esta crisis. «Sería de gran ayuda que nos bajaran o quitaran el mazazo del 21% de IVA. Nos ayudaría un montón», finaliza Gimeno.

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