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entrevista de verano

Eva Armisén: "Me encantaría exponer en la Lonja. Es una ilusión que tengo desde pequeña"

La pintura de la artista aragonesa protagoniza en Seúl ‘Vida’, una muestra que reúne a lo largo de diez salas una extensa colección compuesta por alrededor de 170 obras.

La pintora Eva Armisén (Zaragoza 1969) pasaba los veranos de su infancia en Galicia
La pintora Eva Armisén (Zaragoza 1969) pasaba los veranos de su infancia en Galicia
Jordi Salinas

¿Dónde pasa estos días de agosto tan distintos?

Sin moverme demasiado de casa. En Cataluña, donde vivo. No estoy viajando como suelo hacer siempre, ni por vacaciones ni por trabajo. Estoy quieta.

¿Cuál ha sido el verano de su vida o aquel que recuerda con especial cariño?

Recuerdo muchos de mi niñez y adolescencia cuando veraneábamos en Galicia, en un pueblo cerca de Vigo que se llama Ramallosa. Teníamos nuestro grupo de amigos, íbamos todos los meses de julio y allí experimenté esa sensación que ya luego nunca vuelves a tener de mayor de descubrir muchas cosas, no solo del sitio sino sobre la vida.

‘Vida’ es precisamente el título de la exposición que inauguró el pasado junio en Seúl, y que ahora ha cobrado mayor sentido...

Todos en nuestras realidades pasamos momentos más felices y más visibles que nos hacen sentirnos vivos más intensamente. Con la exposición estoy muy contenta porque creo que dentro de todas las circunstancias extrañas la están visitando muchísimas personas y lo que me llega es que les hace sentir bien. Y eso es lo que más placer me da de mi trabajo, poder comunicar emociones y sentimientos a quien ve mis pinturas.

¿Por qué decidió seguir adelante con la muestra en lugar de posponerla?

Cuando la pensé no podía imaginarme, nadie, de ninguna forma, lo que estamos viviendo. Tengo el defecto o la virtud, o las dos cosas a la vez, de ver siempre el lado positivo y me costó muchísimo decidir si tirábamos para adelante. La exposición ya estaba planteada antes de la pandemia de coronavirus, pero, claro, las circunstancias no acompañaban.

Es usted perseverante.

Seguro. Soy muy tozuda y perseverante. Cuando creo en algo no conozco la pereza para ponerme a hacerlo, entre otras cosas porque tengo la suerte de que lo que hago me apasiona. Sé que soy superafortunada.

¿Ha sido complicado organizarla desde España?

Sí, pero me quedo con la parte que me ha enseñado a poder hacer las cosas desde la distancia, a contar con colaboradores que han resultado ser vitales, nunca mejor dicho, para poder materializar el proyecto. Creo que he aprendido mucho desde otro punto de vista diferente que desconocía y luego he tenido la suerte de que allí el público está respondiendo infinitamente mejor de lo que yo podía esperar.

Su vida y su pintura corren paralelas. ¿Se está colando la pandemia en sus trabajos?

Estamos viendo a la humanidad, en general, en una situación muy desconcertante para todos, y las reacciones son muy sorprendentes en muchos casos. Y eso seguro que lo estoy plasmando y que me está impresionando. Como pintora y como creadora me lleva a una parte más introspectiva sobre cómo te colocan estas situaciones extremas, el miedo a perder la libertad, que siempre está ahí, y luego la capacidad que tenemos de adaptarnos (eso a mí me fascina también), de poder buscar soluciones y de asumir que las circunstancias son así.

Y en su día a día ¿cómo transcurre esa adaptación?

Llevo todo el año sin viajar, cuando para mí todo el trabajo y el placer muchas veces lo visualizo viajando. Pero si no se puede, no se puede. Creo que en este momento es posible vivir muy bien haciendo otras cosas distintas que no pongan en peligro a los demás. Seguro que en mi obra aparece todo esto. Sin embargo, no estoy retratando a gente con mascarilla. Eso no me interesa nada. Pero sí las situaciones difíciles, la capacidad que tenemos de enfrentarnos a cosas desconocidas; la ciencia, algo que me resulta absolutamente desconocido y que ahora miro con mucha más curiosidad. Si tengo esperanza en algo es en los científicos.

¿Cómo se fragua el proceso de creación de sus obras?

Lo primero es sentir una necesidad de que tengo que fijar algo que me está pasando y eso es muy de estómago, lo noto y puede venir en cualquier momento y de cualquier sitio. Normalmente, es una palabra la que suelo escribir. En una libreta, el móvil o donde puedo, dibujo o apunto para que no se escape. Suelo anotar una palabra o dibujar un esquemita y luego a partir de ahí ya llega el momento en que veo si eso me lleva a más sitios o no para desarrollarlo en el estudio.

¿Cuál cree que es el secreto de que su obra se valore en lugares con culturas tan distintas como Asia o Estados Unidos?

No lo sabría explicar y me hace sentir muy agradecida. En casi todos los sitios en que he estado mi pintura se percibe de un modo muy emocional. Nunca ha sido una pintura para inversores ni probablemente decorativa. Siempre ha tenido un mensaje muy íntimo con quien la mira.

¿Qué paisaje aragonés escogería para pintar en él a uno de sus personajes?

Nunca he sido una persona muy montañera, pero recuerdo sentirme especialmente feliz en Sinués, un pueblecito donde mi tío tenía una casa. Es un recuerdo muy intenso: los paisajes y todo lo que me pasó allí me emocionó. Y luego en Zaragoza, donde tengo un montón de recuerdos en muchísimos sitios. El Ebro también sería protagonista, probablemente.

¿Le gustaría exponer en algún sitio especial donde aún no haya tenido la oportunidad?

Me encantaría exponer en la Lonja. Es una ilusión que tengo desde pequeña. Sería muy bonito porque siempre me he sentido muy bien acogida y muy querida en Zaragoza. Me emocionaría sobremanera, sería una maravilla.

Sus recomendaciones

La pintora y el ladrón
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Una película

‘La pintora y el ladrón’, de Benjamin Ree. «No me la puedo quitar de la cabeza. Es una película documental noruega que aborda una historia sobre una pintora a la que le roban. Es un relato sobre la amistad que llega a los límites más extremos. Es muy emocionante, la llevo conmigo todo el rato y la recomiendo mucho. Es dura, no es una película fácil, pero a la vez vale mucho la pena».

Las pequeñas virtudes
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Un libro

‘Las pequeñas virtudes’, de Natalia Ginzburg. «Vuelvo siempre a él y me gusta mucho. Son pequeños relatos que te sumergen en diferentes historias. Siento una envidia sana por cómo escribe, describe y hace sentir Ginzburg».

Nick Cave
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Un disco

‘Ghosteen’, de Nick Cave and The Bad Seeds. «Ahora pongo muy pocos discos enteros. Voy picoteando en las típicas listas de Spotify. Pero entre los últimos que he escuchado completos figura el último de Nick Cave. Soy fan total, me encanta. Es un disco muy oscuro pero brillante, como todo lo que hace».

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