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Jordi Savall: "La música es un puente entre el alma y el mundo que vivimos"

El músico, de 79 años, ennoblece hoy el Festival Internacional Camino de Santiago con su recital junto al grupo Hesperion XXI en la iglesia de Canfranc Estación (21.00).

Jordi Savall, en plena actuación.
Jordi Savall, en plena actuación.
Heraldo.es

¿Cómo ha vivido estos meses tan extraños?

Encerrado en casa, estudiando, leyendo y haciendo ejercicio. A nivel personal, estoy más sano que nunca porque he hecho una vida muy tranquila, sin tomar ningún avión.

¿Y a nivel profesional?

Ha sido un desastre. 2020 está siendo un año perdido. Prácticamente el 85% de los conciertos se han anulado. Yo vivo de los conciertos que hago, además de una modesta pensión de cuando era profesor en Basilea. Tenemos una fundación en la que hay 17 personas trabajando. Hay muchos gastos que hay que pagar cada mes y estamos creando un déficit muy importante. Para todos los grupos independientes está siendo dramático. Hay una gran diferencia respecto a las orquestas que están patrocinadas por los estados o por las ciudades.

¿Le inquieta el futuro a corto y medio plazo?

La situación es muy grave y nos estamos moviendo para tratar de arreglarlo. Los grupos de música antigua hemos pedido una reunión con el Ministerio de Cultura. Tenemos que buscar una solución que creo que pasa por la creación de un estatuto del músico independiente. No puede ser que los músicos que están en una orquesta sinfónica tengan la vida resuelta y que los demás, que investigamos y creamos, estemos dejados de la mano de Dios. En España hay 27 orquestas sinfónicas de cierto nivel. ¿Cuántos grandes compositores tenemos en España de la época del sinfonismo? Las ciudades y el Estado pagan millones a esas sinfónicas que muchas veces tienen que contratar a músicos extranjeros para completar la formación. Tenemos 1.000 años de patrimonio musical español que va desde las ‘Cantigas’ de Alfonso X El Sabio, los códices medievales y el Barroco hasta 1800, que no tienen el menor apoyo. Es muy injusto.

El pasado 12 de julio volvió a tocar tras cuatro meses de parón en la catedral de Burgos. ¿Cómo fue el reencuentro?

Fue un gran placer, tanto por el espacio, que es una catedral maravillosa, como por el gusto de volver a tocar en público. Teníamos tantas ganas de estar juntos y de tocar...

¿Imaginaba cuando comenzaba a reivindicar la música antigua hace varias décadas que hoy existirían festivales tan asentados como el Camino de Santiago en el que hoy participa?

Nunca pude imaginarme que esto llegaría tan lejos. Nací en unos años muy difíciles, en 1941. Mi padre era soldado republicano, refugiado en Cataluña procedente de Valencia. Era considerado rojo por los franquistas. Mi infancia fue dura y no alcancé a soñar que, primero con el violonchelo y después con la viola de gamba, cumpliría tantas metas y sentiría tanto respeto de la gente.

A los seis años, su primer profesor fue Joan Just. ¿Fue el responsable de inocularle la pasión por la música?

Fue muy importante en mi vida y en mi vocación. Era una persona culta, compositor y director de orquesta que, tras la Guerra Civil, tuvo que quedarse en mi Igualada natal como director del coro de niños. Me transmitió el cariño por la música y me hizo descubrir composiciones antiguas. Me hizo entender lo importante que es sentir la música en tu alma. Me educó y me guió para tomar un camino justo.

Comparece esta noche en la iglesia de Canfranc Estación con Hesperion XXI, uno de sus proyectos más longevos.

Vamos a Canfranc con un programa muy bonito, que ya presenté en 2006 con músicos occidentales y orientales. Lo titulo ‘Diálogo de las almas’ porque presenta músicas de todas culturas:desde bizantinas a sefardíes, pasando por armenias, afganas, árabes... Es un diálogo que hoy necesitamos más que nunca. Debemos entender que tenemos muchas más cosas en común que las que nos separan. Así podremos encontrar una vida en Europa y en el mundo en la que sea posible vivir en paz con personas de diferentes creencias.

A su faceta musical, se una la humanista y solidaria de la que ha hecho gala a lo largo de su carrera. ¿Es importante dotar al hecho artístico de un mensaje que trascienda?

Absolutamente. Siempre lo he tenido muy presente. Ya el primer álbum doble de Hesperion tenía en el primer disco las canciones cristianas de Isabel y Fernando y en el otro las músicas de la diáspora sefardí. Tomé muy pronto conciencia de que la sociedad en la que vivimos es el resultado de muchos años de historia, de injusticias, de errores, de luchas... pero también de convivencia. La música es lo que nos permite entender la parte más expresiva de la historia. Cuando escuchamos una canción sefardí, estamos sintiendo lo que sentían aquellas personas. La música es un puente de culturas, pero también entre nuestra alma y el mundo que vivimos.

¿Se siente impotente de que este mensaje conciliador no cale en nuestra sociedad?

Estos mensajes llegan a las personas, pero desafortunadamente no los reciben los que mandan y los que hacen los negocios. Estamos en un mundo en que tenemos que diferenciar la vida cotidiana de la gente que lucha por sobrevivir con la vida de la gente que busca tener más poder y ganar más dinero. Es un mundo en que hay dos planos totalmente opuestos: la sociedad que busca educar a sus hijos y trabajar para tratar de ser feliz; y una parte más pequeña que controla el mundo económico e incluso los políticos dependen de ellos. Por eso el mundo va como va. No vivimos en un mundo equilibrado. Se nos ha escapado de las manos. Hasta que no encontremos la forma de poner orden, iremos sufriendo. No creo que los seres humanos aguanten demasiados años tanto conflicto y tanto sufrimiento. Habrá un momento en que la gente dirá basta y habrá una revolución.

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