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Ocio y Cultura

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Las salas de conciertos reclaman ayudas inmediatas para aliviar su asfixia económica

Sin ingresos desde marzo y con gastos como impuestos o alquileres, lanzan una campaña para pedir un balón de oxígeno a las instituciones.

Dos carteles en la Lata de Bombillas de la campaña para reclamar ayudas de las instituciones.
Dos carteles en la Lata de Bombillas de la campaña para reclamar ayudas de las instituciones.
Javier Benito

Aquellos peatones que pasan desde este jueves por delante de las salas de conciertos de Zaragoza contemplan, fijados en sus fachadas, dos carteles. Uno reza:‘Se vende. Razón: ineptocracia política’. Y el segundo: ‘Se traspasa ocio nocturno. Razón: DGA’. Es la forma de hacer visible un descontento que mastica el sector desde hace varias semanas ante la ausencia de ayudas o de soluciones por parte de las instituciones. Acumulan ya más de cuatro meses de parón forzado, sin ingresos y con los gastos habituales.

Los propietarios de las salas se han unido al resto de establecimientos del ocio nocturno en esta campaña que trata de transmitir a la opinión pública y a los gobernantes del crítico momento por el que atraviesan.

«La situación se ha complicado todavía más. A causa de la evolución sanitaria se ha procedido al cierre del ocio nocturno y eso incluye las salas de conciertos. No discutimos las medidas sanitarias. Nos quejamos de que no hay ningún tipo de ayuda para el sector. Antes de volver a la normalidad le propusimos al Gobierno de Aragón la posibilidad de no reabrir hasta septiembre y desarrollar algún tipo de ayudas. Se valoró que no era necesario», explica Joaquín Domínguez, secretario de Aragón en Vivo –la asociación que aglutina a 19 salas, el 95% de las existentes en la Comunidad– y propietario de ZZ Producciones.

Se calcula que en este periodo de cuatro meses y medio que han transcurrido desde la declaración del estado de alarma se han cancelado unos 1.400 conciertos y espectáculos en Aragón, lo cual supone que se han quedado sin trabajo más de 200 personas entre camareros, profesionales de la seguridad, técnicos de sonido, DJs y programadores, además de los propietarios, que en la gran mayoría de casos son autónomos. El lucro cesante –la pérdida de una ganancia– que estiman va camino de los 3 millones de euros.

Pese a tímidos intentos de programar conciertos de aforo limitado por parte de pequeñas salas como la Creedence, La Lata de Bombillas, Moliner 7 o el Juan Sebastián Bar, estos establecimientos han permanecido totalmente cerrados. Es por ello que no quieren ser estigmatizados ante los rebrotes que se están produciendo. «Está claro que si estamos cerrados no hemos podido ser causa de rebrotes», arguye Domínguez.

Con la intranquilidad que provoca la incertidumbre de no saber cuándo se darán las condiciones para reabrir, revelan su asfixia económica. «No ingresamos y seguimos teniendo gastos. No se soluciona todo con los ERTE o con las ayudas a los autónomos. Pese a que no hay actividad desde marzo, seguimos pagando los impuestos (IVA, IRPF...) y también tenemos que hacer frente a los alquileres. Se habla de los microcréditos, pero no dejan de ser préstamos. Nos proponen que nos endeudemos sin saber cuándo podremos abrir. Muchas salas están condenadas a desaparecer si no se les ofrece una salida», expone Domínguez.

Las múltiples reuniones y contactos con las instituciones está dando resultados muy lentos. «El Ministerio de Cultura, a través del Inaem, ha sacado ayudas culturales que recogen ayudas a las salas de conciertos. Y el Gobierno de Aragón por fin ha aprobado las ayudas al a programación, y ahí sí que ha habido un guiño a las salas. Estamos pendientes de las ayudas estructurales del Gobierno de Aragón, que no terminan de salir y que serán claves para nuestra supervivencia. Respecto al Ayuntamiento de Zaragoza, a día de hoy, todavía no hemos cobrado la ayuda ordinaria de la programación, un dinero que solía abonarse en junio. Nos dicen que es inminente pero cada día que pasa es una losa», concluye Domínguez. 

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