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NARRATIVA ESPAÑOLA. 'ARTES & LETRAS'

Juan Marsé, visto por algunos de sus amigos aragoneses

El escritor participó en ‘Invitación a la lectura’ en Zaragoza en 2000, acudió a la Universidad en 2003 y fue objeto de una tesis doctoral en 2016

En la muerte de Juan Marsé.
Juan Marsé en la Universidad de Zaragoza en 2003.
José Miguel Marco.

Juan Marsé (Barcelona, 1933-2020) fue más bien un hombre parco y sentencioso, al que le gustaba hablar un poco de todo y un poco de nada, anticlerical y sincero, que parecía alejarse en su vida cotidiana de su auténtica pasión: la literatura, que en él nacía, casi más que de la imaginación, de los vericuetos y de los ríos de la memoria, desde donde emergía su rica existencia de chico de posguerra, estremecido por el cine, ‘las aventis’ (esas historias donde todo confluía y todo se amasaba en forma de fábula) y la aventura envuelta en sombra de los perdedores.

Juan Marsé, que fallecía el pasado domingo, era un gran amigo de sus amigos, incluso desde el silencio y “la mirada sincera, de alguien que viene de abajo y que se vuelve un sabio de las pequeñas y grandes cosas de la vida”, tal como lo define el cinéfilo José María Gómez ‘Cuchi’, que coincidió con él varias veces en Calafell. Entre esos amigos figuran algunos aragoneses, que lo conocieron y lo trataron, como es el caso de los catedráticos José-Carlos Mainer y Lola Albiac. La historiadora de la Ilustración, entre otras, recordaba la buena sintonía y el cariño que tenían con Marsé y decía que ella dirigió la tesis que María José Forcén dedicó, desde la Universidad de Zaragoza, al autor de ‘Si te dicen que caí’: ‘La obra narrativa de Juan Marsé (1960-2000)’, y recordaba los esfuerzos que hizo, sin éxito, para que Marsé se desplazase a la lectura en Zaragoza en 2016. “Él estaba muy contento”., dice.

En cuando supo de su muerte, Lola me envió esta nota, que revela la cercanía con el gran cronista de la Barcelona real y nítida de la posguerra y de la dictadura, de la burguesía y de los sueños: “Me siento huérfana de un casi hermano. Estaba muy mal: con diálisis y un agravamiento de su problema de corazón. Es una gran persona”.

Lola Albiac: “Me siento huérfana de un casi hermano. Estaba muy mal: con diálisis y un agravamiento de su problema de corazón. Es una gran persona”.

Luis Alegre, profesor universitario, doctor con una tesis doctoral sobre cine español e incesante divulgador cultural, fue un gran amigo Juan Marsé. Cuenta para ‘Heraldo.es’ esta anécdota: “Conocí a Juan Marsé en el otoño de 1999. Comimos en el restaurante del Hotel Majestic con su compadre Manolo Vázquez Montalbán y con Boris Izaguirre. La comida era muy interesante y divertida hasta que nos pusimos a charlar de fútbol y el tono de la conversación dio un giro. No volvimos a hablar de nada más. Eran furibundos culés. El Barça, para ellos, era palabras mayores, representaba la ilusión de su infancia en la durísima posguerra. En un momento dado se me ocurrió decir que Pep Guardiola -en ese momento capitán y estrella de su equipo- era un gran amigo mío. Juan y Manolo me empezaron a mirar de otra manera y me rogaron que les presentara a Guardiola”.

En la muerte de Juan Marsé.
Juan Marsé en la FNAC en 2000, con Pepe Melero, Ramón Acín, Ángel Artal y Daniel Gascón.
Archivo Ramón Acín / Cristina Grande.

Como suele ocurrir a menudo, Luis Alegre, que no es egoísta con sus amigos, los puso en contacto: “A las pocas semanas les organicé una cena en Barcelona, con Pep y otros amigos, como David Trueba, Ignacio Martínez de Pisón, Ariadna Gil o Eduardo Noriega. En la mesa, Manolo y Juan se colocaron alrededor de Pep que, por cierto, estuvo con ellos absolutamente encantador. A Juan y Manolo les impresionaba que alguien como Guardiola les hubiera leído. Y era muy enternecedor ver a dos gigantes de la literatura mirar a su ídolo con ojos de niño encandilado. Desde entonces, lo vi muy a menudo en Barcelona. Nos reuníamos a cenar con Ignacio Martínez de Pisón y Enrique Vila Matas, que lo miraban un poco como él miraba a Guardiola”.

Otro de sus grandes amigos aragoneses es Ignacio Martínez de Pisón, que admira sinceramente a Juan Marsé y que por residir en Barcelona ha tenido la oportunidad de verlo a menudo y de conversar con él. También era buen amigo suyo el médico y arabista Javier Gómez de Pablos, ya fallecido, que vivió y trabajó en Cataluña durante muchos años. Solía encontrarse en los veranos de Calafell con Carlos Barral y con Juan Marsé y sus familias. Y a veces evocaba esas amistades y las tertulias y en las cenas en Casa Emilio, con un fondo de mar, poesía y embelesamiento.

Luis Alegre: "En la mesa, Manolo y Juan se colocaron alrededor de Pep que, por cierto, estuvo con ellos absolutamente encantador. A Juan y Manolo les impresionaba que alguien como Guardiola les hubiera leído. Y era muy enternecedor ver a dos gigantes de la literatura mirar a su ídolo con ojos de niño encandilado"

También en Calafell conoció el ya citado José María Gómez, ‘Cuchi’, a Juan Marsé. “He pasado allí muchos veranos… Y recuerdos algunos días de los veranos de finales de los 80. Yo solía ir al bar La Espineta y era conocido de Yvonne, la viuda de Barral, y sus hijas Dánae y Yvonnette, que eran grandes amigas de mi mujer, Esperanza, enamorada de Calafell. En el bar, con amigos, con Carlos Barral, con Javier Gómez de Pablos, etc., conocí a Marsé. Hablaba poco, le apasionaba el fútbol, era un gran aficionado del Barcelona. Nunca hablaba de literatura, sino del mar, de Calafell, etc. Y de golpe, soltaba una frase, una de esas sentencias que demostraban su lucidez y su sabiduría. Siempre me impresionó de él esa sensación de verdad y de honestidad”. Esas sentencias también le conmovían a Enrique Vila-Matas. Al parecer una de las frases más repetidas por Marsé en los bares donde charlaba con sus amigos era: “Aquí estamos en contra de todo”.

Años después, Gómez y Marsé volvieron a encontrarse y hablaron de un asunto de actualidad: el Barcelona B se jugaba el ascenso a Segunda con el Barbastro. “Hablamos mucho de ello. Guardiola era el entrenador del equipo filial, y contaba en sus filas, entre otros, con Busquets y Pedrito”, recuerda José María Gómez. Ganó el Barcelona B y poco tiempo después Pepe Guardiola ascendía a entrenador del primer equipo “para que el equipo jugase, probablemente, el mejor fútbol de su historia”.

Concha Jiménez ha sido la gran animadora cultural de Jaca y sus alrededores desde el ayuntamiento y la Comarca de la Jacetania. Lleva 43 años residiendo en el Alto Aragón, pero en los años 70, ya casada con el poeta y narrador Francisco Ferrer Lerín, frecuentó mucho a Juan Marsé. 

“Llegué a él gracias al cineasta Jaime Camino, que tenía una galería de arte en el Borne. Nos conocimos entonces… Era un hombre tímido, educado, exquisito, que no iba de nada. De inmediato te dabas cuenta de su grandeza y de su inmensa dignidad, que volvió a ratificar cuando se despertó esa locura del independentismo catalán", cuenta.

"Nos veíamos a menudo, cenó alguna vez en casa, le gustaba el salmorejo; se sentía muy a gusto entre las mujeres, y recuerdo que él, en compañía de Jaime, nos contaba a dos amigas más y a mí historias muy bellas de la Barcelona que había vivido. La amistad se mantuvo con los años; cada vez que publicaba un libro, me lo mandaba dedicado con frases muy bonitas. Su gran amiga Colita me mandó el día de su muerte una preciosa foto que le hizo hace algunos años”, explica. 

Ramón Acín, escritor, profesor y coordinador del ciclo ‘Invitación a la lectura’, también fue amigo de Juan Marsé, al que invitó en junio de 2000. Explica: “Sí, estuvo una vez en el programa ‘Invitación a la lectura’. Era muy reacio a participar. Me ayudó a convencerlo Rosa Regás, aunque Manuel Vázquez Montalbán ya le había comentado en tiempos lo positivo del programa porque él había participado ya dos o tres veces. Con Marsé nos vimos en más en Barcelona que en Zaragoza cuando yo iba por mis colaboraciones en la revista ‘Quimera’ y otros bolos semejantes. Ando de paseo por las montañas, por Astún, y no tengo aquí ninguno de sus libros, donde suelo guardar retazos de los encuentros con escritores. Lo que sí recuerdo con gran placer son las charlas de las sobremesas. Siempre la literatura, aunque cabían las anécdotas”. De esa estancia, hay una foto en la FNAC, quizá sea de Cristina Grande (cree recordar ella), en la que acompañan al escritor, José Luis Melero, el propio Ramón Acín, el médico e historiador Ángel Artal y el joven Daniel Gascón, ahora director de la edición española de ‘Letras Libres’.

Pepe Melero, colaborador asiduo de estas páginas, lo define como “uno de los escritores de nuestras vidas. Lo conocimos en Zaragoza hace 20 años y estuvo encantador”.

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