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Laura Simó: "La música no es una profesión, sino una forma de vida"

La barcelonesa, que ha trabajado con Tete Montoliu o el maestro Burrull, ofrecerá este lunes un recital en el Festival Jazzetania de Canfranc.

Laura Simó, protagonista en el Festival Jazzetania de Canfranc.
Laura Simó, protagonista en el Festival Jazzetania de Canfranc.
Jazzetania

Laura Simó (Barcelona, 1957) es una de las voces más reconocidas del jazz nacional. Una sensibilidad que hoy derramará en el Patio de las Escuelas Públicas de Canfranc a partir de las 22.00.

¿Qué le ha traído a Canfranc?

Llevo en Canfranc desde el domingo 12 de julio y he estado toda la semana dando clases a chicos y chicas entre 11 y 19 años en el marco del Festival Pirineos Classic y Jazzetania. Es muy gratificante hacer de profesora. El contacto con la gente joven es muy divertido. Llevo once años consecutivos viniendo los veranos a Canfranc. Es una experiencia preciosa y por eso repito. Existe una gran amistad y compenetración entre los profesores.

Esta noche ofrecerá un recital dentro del Festival Jazzetania.

Me acompañará mi trío habitual: Francesc Capella (piano), Guillermo Prats (contrabajo) y David Simó (batería). Haremos un repertorio con temas que han escrito mujeres. Por ejemplo, hacemos una canción compuesta por Michel Legrand que la melodía es de Marilyn Bergman. O temas de jazz de los años 40 que la letra es de Dorothy Fields. O ‘At seventeen’, de Janis Ian. Y cosas más recientes como ‘You’ve got a friend’, de Carole King, siempre pasadas por el tamiz del trío de jazz.

¿Encierra una voluntad reivinidicativa la elección de este repertorio eminentemente ‘femenino’?

Cada año el festival tiene una temática. En 2020 toca las mujeres, algo que me hace mucha ilusión.

¿En su carrera ha padecido más obstáculos por ser mujer?

Sinceramente, no. Siempre me he sentido muy respetada. Desde el principio se me aceptó muy bien y no he tenido ningún problema por ser mujer.

¿Cuándo y cómo se le inoculó el veneno de la música?

Nací con el virus de la música inoculado. A los tres o cuatro años ya cantaba. Recuerdo que en el primer festival que se hizo en la escuela ya canté solita ‘María’, de West Side Story, pronunciando sin saber lo qué decía. Mis padres siempre escucharon música, sobre todo grandes orquestas y grandes cantantes americanos. El swing me acompañó desde bien pequeñita. Mi hermano David compartía esta pasión y es un gran batería. Siempre que sus compromisos se lo permiten –es el batería de David Bisbal–, me acompaña en los conciertos.

¿Cuándo se dio cuenta de que esa afición podía ser algo más y convertirse en su profesión?

Yo salía con un músico y nos divertíamos él tocando el piano y yo cantando. Un día me dijo que íbamos a dar un concierto. Pese a los nervios, en seguida me dí cuenta de que aquello era lo mío. Me sentí fantástica. La música no es una profesión, sino una forma de vida. No sé qué sería de mí sin la música. También estudié Traducción e Interpretación de Alemán e Inglés. Pero lo que verdaderamente me llena es la música.

Repasando su trayectoria, no se le puede negar el excelente gusto al elegir los músicos con los que ha trabajado.

Más bien he tenido la gran suerte de que grandísimos músicos han querido trabajar conmigo. Cuando me felicitan por los discos que he grabado, les digo que eso ha sucedido por los grandes intérpretes que han participado.

Por ejemplo, con el gran Tete Montoliu.

Con Tete Montoliu estuve girando durante tres años. La lástima es que no pude hacer un disco con él porque se puso enfermo y murió. Me sirvió de muchísimo. Cuando canto con gente que sabe infinidad más que yo, aprendo. Con Tete Montoliu recibí clases magistrales sin pagar.

También ha colaborado muy intensamente con Francesc Burrull.

Con el maestro Burrull hago de todo: jazz, boleros… Juntos hemos grabado dos discos con versiones de Joan Manuel Serrat. Fue su arreglista durante muchos años y a mí Serrat me ha gustado toda la vida. Burrull es un sabio, él toca escuchando a la cantante, algo que otros pianistas no hacen, y eso marca la diferencia. Te pone un tapiz debajo de los pies y puedes cantar lo que quieras. Es el último gran genio vivo. De hecho, ahora mismo, a sus 85 años, está preparando un disco musicando poemas de Pere Tapies.

¿Qué le diría a un joven que se le acercase en busca de consejo para seguir sus pasos?

Lo primero es que la gente debe hacer lo que siente. Hay que escuchar mucha música: clásico, jazz, pop, rock… También es conveniente tomar clases para tener una buena respiración. Y tirar para adelante. Aunque la música parezca un futuro incierto, a aquellos que la sienten bien dentro y se lo pide el corazón, les digo que no se dejen una espinita, que lo intenten. Que nunca puedan preguntarse, ¿y si hubiera hecho…?

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