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Ocio y Cultura

Nacho Duato: "Lo que he tragado yo no lo sabe nadie"

El bailarín, coreógrafo y director valenciano ha sido galardonado con el Premio Max de Honor 2020 en reconocimiento a "su naturaleza innovadora".

El baillarín Nacho Duato
El baillarín Nacho Duato
EFE

Concha Barrigós

 Dice que si no tuviera "filtro" "se iban a enterar", pero el bailarín, coreógrafo y director Nacho Duato no tiene pelos en la lengua y afirma que algunos políticos alemanes tienen "mentalidad nazi", que Pablo Alborán se podía haber ahorrado salir del armario y que el Premio Max de Honor que le dan llega demasiado pronto.

"Soy muy comedido. Si crees que no tengo filtro porque digo lo de los alemanes... Estoy siendo muy educado. Estuve 20 años aquí tragando todo lo que no te puedes imaginar. Lo que he tragado yo no lo sabe nadie. Lo que sí tengo es que todo me resbala. Me da lo mismo lo que la gente piense de mí", asegura el valenciano en una entrevista con EFE.

La Fundación SGAE, convocante de los premios de artes escénicas más importantes de España, los Max, han anunciado que él es su próximo Max de Honor, un reconocimiento que recibe, según explica, con "mucha humildad y agradeciéndolo al máximo" porque quienes lo tienen, y cita a Nuria Espert, Pilar López o María de Avila, están "por encima" de él.

No obstante, precisa, le parece "un poco exagerado" y le hubiese gustado más "dentro de unos años": "quizá es que los bailarines, como empezamos muy pronto, nos hacemos mayores antes o en los ojos del jurado ven que ya hemos dejado de bailar y que nos tienen que dar el premio pronto".

Se siente "de la edad que tiene", es decir, 63 años -"como Rajoy", se ríe-, y, claro, que le den "el premio a toda una carrera" cuando aún le queda "tanto por correr, tanto por delante, tanto por aprender..." aunque, admite, también es cierto que lleva "más de 30 años dirigiendo y más de 40 bailando".

Para hacer la entrevista ha elegido el Teatro Real, la que "debería ser", reclama, la sede de la Compañía Nacional de Danza (CND): "se tendría que exigir al ministerio de Cultura que viniese aquí y ordenase 'la CND tiene que bailar aquí mínimo de 30 veces'. Somos el único país que no tiene una compañía nacional estable en un teatro nacional, la única capital de Europa. Es un escándalo".

¿Ha hecho las paces con España? "Nunca he estado en guerra a pesar de que he dicho que no me siento español pero es que yo no me siento nada. La gente quiere que sea español, bailarín y valenciano y no me siento nada de eso", recalca.

Estuvo 20 años (1990 a 2010) dirigiendo la Compañía Nacional de Danza (CND), de la que salió de forma tan poco amistosa que durante mucho tiempo prohibió que se bailaran sus coreografías pero ahora hay mucha sintonía y ha acordado con el actual director, Joaquín de Luz, que hará una coreografía para ellos, quizá en 2021: "Ya veremos", concluye.

Desde su salida de la CND ha estado en el Ballet del Teatro Mikhailovski en San Petersburgo (2011-2015), en el Ballet de la Staats Oper de Berlín (2015-2018) y ha vuelto al Mikhailovski aunque ahora solo pasa en Rusia cinco meses al año.

De Berlín, de su público y de sus bailarines tiene muchas cosas buenas que decir, pero de algunos de sus políticos... solo malo.

"Ha sido la experiencia más terrible que he tenido en mi vida. No he visto nada igual en toda mi vida. Siempre recriminándote, que si esto está bien, que por qué no haces un estreno, que por qué no haces lo otro... Es como son los alemanes. Hay mucha mentalidad todavía nazi. Y no lo digo yo. Lo cuenta Ai WeiWei".

"El contrato original era por cinco años pero al segundo ya me estaban avisando de que tendría que irme cuando normalmente te lo dicen el año anterior. Ahí decidí que sería por cuatro años porque o me iba o me volvía loco y ponía una bomba al teatro".

"Los políticos me trataban como a un gasterbeiter -los trabajadores que emigraron a Alemania en los años 60-, que iba ahí a limpiar váteres, más o menos, no como un director de ópera al nivel de Barenboim. Nunca me han escuchado como escuchan a otro alemán".

No ha tenido nunca "críticas peores" que en Berlín, pero en Rusia, "la cuna del ballet", donde le podían poner "a caldo", le han acogido "estupendamente" y no quieren que se vaya: "Me miman, me respetan el trabajo", apunta.

Odio las banderas porque, asegura, "han hecho más mal que bien", incluida la gay. "Es que no hace falta", argumenta, como tampoco lo hace, en su opinión, una declaración como la de Pablo Alborán.

"No se ni para qué lo ha dicho a estas alturas. Yo salí del armario hace 23 años y se armó un poco de revuelo y Terelu dijo -y aflauta la voz para imitarla- 'si ya sabía que era homosexual para qué lo dice'. Pues lo digo porque lo tengo que decir yo. Ahora pues (Pablo), pobrecito, ya da lo mismo. Ya se sabía. Ahora ya da igual".

"A mí me tiraron huevos al día siguiente de decirlo por la plaza Mayor, pero ahora a Pablo no le van a hacer eso aunque hay que estar siempre alerta porque no hay momento del día en que no te echen la miradita, incluso a mí ahora", subraya. 

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