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Los nazis (en dos dimensiones) cruzan la frontera de Ordesa

La editorial aragonesa GP ediciones publica un cómic en el que rescata la figura de Francisco Ponzán, un anarquista que ayudó a trasladar a España a quienes escapaban del régimen de Hitler.

Imagen de la portada del cómica de David Tapia y Juanarete.
Imagen de la portada del cómica de David Tapia y Juanarete.
Heraldo.es

Desde tiempos inmemoriales los pasos de alta montaña han sido transitados por pastores, contrabandistas y aventureros. Ordesa no iba a ser una excepción. De su historia, de parte de sus leyendas y del periplo vital del muy desconocido héroe Francisco Ponzán dan testimonio Juan Pérez (Juanarete) y David Tapia en el nuevo cómic de la editorial aragonesa GP Ediciones titulado ‘Frontera de Ordesa (Red de evasión Ponzán)’. “El Pirineo es omnipresente, de principio a fin, como un personaje más de la historia. En realidad, el cómic es un homenaje a las montañas y a las personas que lucharon por la justicia y la libertad”, comenta Tapia, responsable de las viñetas.

‘Frontera de Ordesa’ viene a completar una triología de episodios históricos que GP Ediciones ha dedicado a grandes personalidades del siglo XX. La serie comenzó con una obra que recogía las últimas horas de Ramón Acín, titulada ‘La bondad y la ira’, y continuó hace unos meses con ‘Pepe Buenaventura Durruti’, que llevaba la firma de Carlos Azagra. La editorial que gestiona David Viñuales regresa este verano (si bien la presentación estaba prevista antes de la pandemia) con una historia que fluctúa entre los años 1930 y 1943, cuando surgió la llamada red de evasión Pat O'Leary, que tenía con la encomienda de acercar a España a quienes escapaban del nazismo, que fue traicionada. Es entonces cuando entró en juego la pericia de Ponzán, que era el responsable de la trama en Toulouse y tuvo que improvisar una arriesgada misión para hacer llegar a un grupo de evadidos hasta Barcelona. Todo esto se adereza con enigmas y espías nazis, con guiños a la cultura popular de la Segunda Guerra Mundial y con una misteriosa mujer, que resultará clave en la Resistencia en el sur de Francia.

Juanarete, un apasionado de los tebeos y las historias de aventuras, entiende que con este tipo de novelas gráficas se puede “mostrar al gran público historias de lucha social”. “No sé si mis tebeos pueden considerarse como cómic social, pero sí van de desmemoria y abandono”, afirma, al tiempo que cita referentes como los de Enrique Sánchez Abulí o Antonio Altarriba, que es precisamente quien prologa esta publicación, con una interesante reflexión sobre cómo los niños interpretan una raya como un juego y los adultos, como una frontera.

Un par de viñetas de la publicación que acaba de llegar a las tiendas.
Un par de viñetas de la publicación que acaba de llegar a las tiendas.
Heraldo

La historia se divide en tres episodios y está ilustrada a todo color. “En cuanto al dibujo, hemos seguido un proceso artesanal con lápiz y tinta china”, explica Tapia. “Hemos procurado que tanto dibujo como color transporte al lector a la época sin artificios, lo más natural posible. El color tiene un recorrido emocional a lo largo del cómic”, comenta el dibujante.

‘Frontera de Ordesa’ cuenta con la asesoría histórica de Pablo Gracia y los autores dicen haber sido “lo más fiel posible con una documentación exhaustiva, tanto de vestuario como de los detalles costumbristas”. Entre estos, es curioso ver las imágenes de artistas de que adornan las tabernas, las estaciones de tren francesas o el gran repertorio de armas de fuego de una época en la que por el idílico Parque Nacional de Ordesa, por Sierra Custodia y por el macizo de Monte Perdido circularon ‘parabellums’ y ‘lugers’. Las escenas de la nieve en Bujaruelo, de la épica formación de la Brecha de Rolando y de los combates en Tucarroya en 1938 hacen del Pirineo oscense un escenario fundamental, antes de la que acción se traslade al sur de Francia, donde espera para intervenir la Gestapo.

Cuidado está también el detalle de que los diversos acentos se plasman con distintas grafías y mención aparte merece una suerte de epílogo en el que se narra al detalle la vida de Francisco Ponzán, quien a pesar de haber nacido en Oviedo en 1911 pasó toda su infancia en Huesca, donde fue alumno de Ramón Acín. Tras exiliarse en Francia, colaboró con los servicios secretos británico y francés argumentando que así trabajaba también para los españoles, hasta que fue apresado en abril de 1943 y asesinado por los nazis meses después. Cuentan que su red de evasión ayudó a escapar a más de 3.000 personas de los nazis y la figura de este “maestrico de Huesca” ha sido reconocida después por los distintos gobiernos aliados contra el Tercer Reich.

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