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IMÁGENES DE LA CAPITAL DEL CIERZO / 9. 'ARTES & LETRAS'

Calle del Sepulcro a finales de los años 60

Una vía bimilenaria y muy historiada de Zaragoza, de las más antiguas de la ciudad, en un barrio que fue de postín.

Imágenes de la capital del cierzo. Calle Sepulcro.
La calle, desolada, y la Seo.
Colección Manuel Ordóñez / Anteayer Fotográfico Zaragozano.

Estos, lector, que aquí ves, a pesar de su apariencia, ni fueron campo de soledad ni mustio collado; bien al contrario, eran vecinos de los más antiguos ámbitos de Zaragoza, la Salduba que nombra Plinio. Casi nada lo del ojo, oiga.

Ya no estamos en aquellos tiempos sino más de dos mil años después y en la calle del Sepulcro, llamada así desde antiguo. El barrio, a pesar de lo que muestra la imagen, fue de postín antaño. Pero los tiempos cambiaron y si las ruinas que abundan a diestra y siniestra hablaran nos dirían de humildes moradores, de negocios no menos humildes, de familias conviviendo con exiguas comodidades, de ropa tendida de cara a la calle, de sanitarios improvisados en las galerías o en los rellanos del edificio comunal.

La vivienda de los pudientes no se aprecia, pues ya casi no existe; por decir algo, la antigua casa de Esmir (o Ezmir) quedaría a la derecha del fondo de la imagen, no se ve porque la piquetearon muy pocos años antes pero era noble, del marquesado de Almonacid, y presentaba dos torreones y un coqueto patio-jardín de cara al Ebro, óptimo para celebrar veladas, tal como refleja Wyngaerde en su vista de 1563. Su interior no desmerecía a tenor de los apuntes que tomó el oscense Valentín Carderera a mediados del XIX y los restos que, por lo que cuentan, se hallaron en su solar cuando se tomó la determinación de que “sobraba”.

Hay al fondo un edificio que no resulta desconocido a nadie, la catedral de San Salvador en su Epifanía, la Seo de toda la vida. La Seo, la más que dos veces milenaria seo en sus cimientos, mostrando su cimborrio ennegrecido por los años, su espadaña, su torre barroca entonces en obras.

Y a nuestras espaldas, invisible, la herida causada a finales de los años treinta y comienzos de los cuarenta del pasado siglo y que hendió (como ya había hecho casi ochenta años antes durante el gobierno municipal de Candalija la calle de Alfonso I) de parte a parte el corazón de la Zaragoza de siempre: la calle de San Vicente de Paúl, una actuación que se llevó por delante palacios y callejas, casas nobles y tugurios, en pro de un desarrollismo incipiente y depredador del patrimonio común.

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