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Ocio y Cultura

Manolo García: "El Gobierno no ha estado a la altura con los músicos"

Acaba de publicar 'El fin del principio', un libro en el que recoge cientos de poemas, dibujos y pinturas.

Manolo García actúa mañana en la sala Mozart de Zaragoza.
Manolo García actúa mañana en la sala Mozart de Zaragoza.
Rubén Martín

A Manolo García (Barcelona, 1955) cuesta imaginárselo fuera del escenario. Talento de energía arrolladora sobre las tablas, el músico disfruta ahora de esta extraña calma que ha impuesto la pandemia y publica 'El fin del principio', un libro en el que recoge cientos de poemas, dibujos y pinturas, en el que navega por mundos oníricos y traza reflexiones a menudo cargadas de humor. El 3 de julio lanzará además un doble CD y DVD en directo.

-¿Cómo lleva estos días raros?

-Bueno, con mucha filosofía y calma. El lema de la casa es una frase de Siniestro Total de los años 80: «¿Cuándo se come aquí?» (ríe). Hay que cubrir las necesidades básicas y aguantar el tirón, levantar el ánimo e intentar hacer la vida más feliz a los amigos, aunque sea por teléfono. Hay más tiempo para estar con uno mismo y para releer libros, pintar, componer canciones y también hay que intentar sobrellevar el dolor y la angustia que te provoca ver gente sufriendo.

-¿Ha descubierto alguna cosa de sí mismo que desconociera?

-Me he reafirmado en que la paciencia es una virtud y creo que lo hemos descubierto todos. El confinamiento es duro pero todo el mundo ha aguantado el tirón. El ser humano tiene mucho aguante. A veces, no hace falta tanto para ir en pos de esa pretendida felicidad. Parece que tenemos que estar todo el día montados en un tren rapidísimo, de locura, vértigo, consumo... Y al final esto es la constatación de que con un libro en las manos hay unas posibilidades de calma y de felicidad que sospechábamos pero que no paladeábamos demasiado.

-¿Cómo surge 'El fin del principio'?

-Viene de que escribo más de lo que canto. Si necesito diez textos para cantarlos, resulta que escribo doscientos. Lo que me parece más oportuno se va almacenando en un cajón y voy mostrándolo a amigos que me dicen si les ha gustado. Eso te indica que estás en el camino correcto y que no eres un impostor. Si algo no me gusta en la vida es la impostura. Al final saco un libro porque me apetece compartirlo.

-El título parece hablar de lo que está ocurriendo ahora.

-Lo decidí hace casi seis meses y viene a ser una constatación: el planeta está entrando en una nueva fase. Hemos avanzado muchísimo en muy poco tiempo y es muy raro. A mí me inquieta bastante porque lo hemos hecho con un coste y es que la temperatura del planeta está aumentando y si no revertimos ese proceso esto se va a poner feo. Hemos de empezar a cuidar nosotros de la naturaleza. No estoy hablando de volver a las cavernas, claro que la tecnología ayuda, pero con mesura.

-¿Estamos concienciados?

-En general yo creo que lo estamos. Vamos en los vagones del tren, e intentamos ir mirando el paisaje, pero en el vagón máquina que llevan los gobiernos quieren ir a toda hostia siempre.

-Sin un hilo conductor, ¿ha sido muy difícil realizar esa selección de textos?

-La criba la dan los días, el tiempo. Cosas que escribes hoy, dentro de un mes las lees y no te desagradan y las dejas otra vez en reposo. Y cosas que hiciste hace un año, las lees y las rompes. Yo voy picoteando, soy un observador, soy curioso, soy una persona muy participativa, me implico en todo lo que me rodea en la vida en general, no solo en mi profesión. Me apunto a todo lo que me dé paz y tranquilidad.

-Y hasta un poema dedicado a la alopecia exprés.

-Es que el humor es básico. Sin él estamos acabados. La ironía y el reírnos de nosotros mismos es clave.

-Acostumbrado a girar por toda España, ¿le frustra mucho esta situación?

-Yo tengo ganas de tocar, pero tampoco me lacero las carnes. No soy un enfermo del escenario, hay otras cosas que me apasionan. ¿Que me gusta el escenario? Está clarísimo. Salgo como un torete, más contento que unas castañuelas y con una ilusión. Nadie podrá decir nunca en cuarenta años que llevo: «Un día vi a Manolo desganado». Jamás, imposible (ríe). Pero cuando estoy fuera del escenario vivo el presente, hago fotos, pinto y soy feliz también.

-En esta crisis, los músicos han sido los primeros en echar una mano.

-Es para sentirse orgulloso, pero yo espero que, igual que se trata bien el cine español y hay ayudas, se reconozca el valor de la música y que tanto las sociedades de gestión como el Ministerio de Cultura ayuden a quien realmente lo necesita, a ese músico de a pie, que toca en orquestas o en bandas que están empezando, y que con su ilusión está llenando de alegría a otras personas y apenas puede ganarse la vida.

-¿Ha estado el Gobierno a la altura de los músicos?

-Hasta ahora no. Vamos a confiar en que empiecen a cambiar las tornas y la cosa mejore. Esos comentarios de que ahora la cultura no es importante deben desaparecer. La cultura es sanadora, es salud para el espíritu. En estos meses de confinamiento la música ha cumplido un papel importantísimo. Si la cultura no es importante, ¿por qué hay entonces un Ministerio de Cultura?

-Estamos abocados a una etapa sin festivales y sin conciertos. ¿Es un país sin música en vivo un país más triste?

-Obviamente. Yo que soy de los que hasta disfruta de un músico callejero. Es que es importantísimo. Ese encuentro entre las personas, que de una manera común y juntos disfrutan de una noche de verano, de un festival, de un concierto. El hecho de reunirnos para un momento de alegría, se echa en falta. Esperemos que poco a poco, cuando las medidas de seguridad vayan afianzándose, tengamos vacunas, volverá porque el ser humano necesita música y necesita reunirse con amigos, tomar una cerveza. Eso es lo que está haciendo todo el mundo: ir a una terraza y tomarse una cerveza. La gente quiere piel, sonrisas, gestos amables, toquecitos en la espalda. Y los conciertos son eso.

-¿Cómo se imagina los primeros conciertos?

-Emocionantes, con todo el mundo recordando cómo mola esto.

-El 3 de julio sale un doble CD y un doble DVD que recoge la gira acústica que realizó el año pasado. Perfecto para los que tengan mono de Manolo García, ¿no?

-Grabé los 56 conciertos que hicimos el año pasado y he hecho una selección de un disco doble. Eran conciertos largos, de tres horas mínimo. Algún día de desparrame llegábamos a las tres horas y veinte. Cuando falta oxígeno en el cerebro, empiezas a hacer el indio (ríe). El CD contiene canciones de varias ciudades, es un picoteo. En cambio el DVD es un concierto en teatro Tívoli de Barcelona. Y bueno es una costumbre que he cogido, sacar después de cada gira un directo, no por un afán de estar ahí siempre, más bien por una razón de honestidad profesional, de intentar que las canciones no lleguen con ese sonido infame del móvil, sin graves, con auriculares pequeñitos. Grabado y mezclado con ganas y alegría para que quien quiera lo pueda comprar en CD o escuchar en el móvil pero con buen sonido. Con el esfuerzo con el que grabamos las cosas en el estudio que luego la gente lo oiga mal nos da una pena. Grandes ventas ya no hay pero se trata de difundir unas canciones y es importante que lleguen a la gente de forma impecable.

-¿Saldremos mejores de ésta?

-Yo creo que la ciudadanía sí. Me gustaría pensar que los políticos también pero tengo dudas.

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