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Ana Santos: "El tiempo es el mejor higienizador y desinfectante del libro"

La directora de la Biblioteca Nacional dice que «tomar la temperatura a los lectores tiene implicaciones éticas, pero lo valoramos»

Ana Santos. Directora de la Biblioteca Nacional.
Ana Santos, en una de las salas de la Biblioteca Nacional.
Matías Nieto.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) se prepara para abrir a principios de junio. Su directora desde 2013, Ana Santos Aramburo (Zaragoza, 1957), trabaja en la vuelta a una normalidad que no será tal. Habrá que pedir los libros y documentos con anticipación por internet, se consultarán en sala bajo estrictas normas de seguridad y tendrán luego que guardar dos semanas de cuarentena. El ozono, la luz ultravioleta o el alcohol son imposibles de aplicar en los sensibles materiales custodiados en esta tricentenaria institución abierta en 1712.

¿Cuándo y cómo se plantea la reapertura?

No hay fecha exacta. Queremos reabrir cuanto antes. Los bibliotecarios tenemos una enorme vocación de servicio público y echamos mucho de menos a nuestros lectores e investigadores. Pero dependerá de cuándo se alcance la fase 1 en Madrid. La apertura de las salas será gradual. Necesitamos un periodo de adaptación. El horizonte es finales de mayo o principios de junio.

¿Se reforzarán las ya estrictas medidas de seguridad en las consultas?

Seguiremos el protocolo que publicó Sanidad. Solo se atenderá a lectores con petición anticipada y con cita. Es fácil hacerlo a través de nuestra web. Tendrán los materiales preparados a su llegada. Habrá medidas especiales de protección personal como guantes, mascarillas y geles. Se mantendrá la distancia de seguridad en los pupitres y aforo reducido en todas las salas. Los fondos de libre acceso también los manejará un bibliotecario.

Y luego, ¿catorce días de cuarentena para todo lo consultado?

En efecto. Pasarán esas dos semanas hasta que puedan consultar otra vez. El tiempo es el mejor higienizador y desinfectante de un libro. Las luces ultravioleta, el alcohol o el ozono son contraproducentes. Son métodos impracticables. Nos lo reitera Arsenio Sánchez, coordinador de conservación y restauración de la biblioteca, que ha hecho todos los estudios. Para no dañar un patrimonio de tanto valor como el que conserva la BNE, lo más seguro y factible es la cuarentena.

El códice de Leonardo, el ‘Cantar del Mío Cid’ o las primeras ediciones del Quijote han superado pandemias de todo tipo en su historia. ¿Ese hecho sirve también como experiencia?

A todas las ha ‘curado’ el tiempo. Además de epidemias de peste o de cólera, han soportado guerras y pasado por un montón de vicisitudes. Y ahí siguen. Esta garantía de permanencia es crucial para instituciones patrimoniales como la BNE.

¿Se tomará la temperatura a los lectores antes de permitir el acceso?

Es una medida con implicaciones éticas sobre las que nos ha advertido la Agencia de Protección de Datos, en relación con la vulneración del derecho a la intimidad. Se planteó y se está estudiando. Seguridad al cien por cien nunca se va a poder dar.

¿Consta que se hubiese cerrado la Biblioteca Nacional otras veces?

Muy pocas. No consta que se cerrara con la gripe de 1918. Sí cerró durante la Guerra Civil, y sufrió graves bombardeos. También cerró en los varios traslados que ha sufrido en sus tres siglos de historia. Pero un cierre por una situación así, no se había dado.

Ana Santos. Directora de la Biblioteca Nacional.
Ana Santos, en su despacho en la Biblioteca Nacional, en 2018.
Enrique Cidoncha

Tiene más de 35 millones de originales. ¿Sigue recibiendo libros y documentos a diario?

De momento se ha parado el flujo del depósito legal, más de 65.000 al mes. Las oficinas de los centros de conservación de las comunidades autónomas que los reciben en primera instancia están cerradas. Uno de los primeros procesos internos que pondremos en marcha será la recepción del depósito legal. Lo acumulado será mucho.

¿También con cuarentena?

Desde luego. Preparamos el protocolo con los expertos para garantizar la seguridad de los procesos internos.

¿Qué es lo más consultado en sala?

‘Viajes de extranjeros por España y Portugal desde los tiempos más remotos hasta comienzos del siglo XX’, un libro de mi paisano José García Mercadal publicado en 1999, y ‘El Parnaso español’ de 1601. Hay mucha demanda de investigadores para el Quijote, el ‘Beato de Liébana’ o el ‘Cantar del Mío Cid’.

¿Cuántos investigadores pasan al día por la biblioteca?

En torno a un centenar de investigadores. El año pasado se consultaron en sala unos 200.000 libros. No hay comparación con las más de quince millones de consultas digitales. Eso es parte de nuestra fortaleza. Y más en estos momentos de confinamiento en que los accesos a la Biblioteca Digital Hispánica y a la Hemeroteca se han duplicado.

¿Sabe si hay muchos investigadores y estudiosos ansiosos por volver?

Seguro que sí. El verano es temporada alta para nosotros y muchos hispanistas aprovechan sus vacaciones para sus trabajos de investigación. Reducimos una hora la atención al público en verano y se enfadan. Y eso que con horarios españoles, los nuestros son más amplios que los de cualquier institución europea.

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