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Adriana Abenia: "Voy casi todo el día en pijama, pero sigo poniéndome protección 50 y perfume"

La presentadora y modelo zaragozana, que ha iniciado un proyecto para paliar la soledad de los mayores, pasa estos días en familia, muy pendiente de su hija Luna, de 21 meses: "Doy las gracias de poder vivir esto a través de sus ojos, es mi oxígeno". 

Adriana Abenia, confinada en su casa.
Adriana Abenia, confinada en su casa.
Heraldo.es

La aragonesa Adriana Abenia es uno de los rostros más populares de la televisión nacional. Al otro lado del teléfono demuestra que no ha perdido el sentido del humor que la caracteriza. Y hasta hace una confesión: esto de la pandemia es su culpa. "Nunca pensé que esto iba a suceder. Hasta el punto de que este año no me comí las uvas porque quería que me pasara algo excepcional, que algo cambiara el rumbo de mi vida. ¡La culpa de todo esto es mía!", asegura entre risas.

¿Qué estaba haciendo cuando se paró el mundo?

Estaba viviendo un momento muy dulce, con muchos proyectos. Algunos se han cancelado, la mayoría se han pospuesto, pero tengo claro que la prioridad ahora es la salud. Por eso estoy diciendo que no a algunas propuestas. El miedo viaja a más velocidad que el virus y a veces pienso que estoy en un capítulo de 'Black Mirror'. Mi hija es lo primero y la verdad es que tengo miedo al contagio. No quiero exponerla. Pero sigo activa, haciendo muchas cosas 'on line' o telefónicamente: entrevistas, campañas de publicidad, colaboraciones en programas de televisión o de radio...

¿Cree que la vida cambiará cuando esto acabe?

Si claro, de alguna manera. Y la de muchos.

¿La suya?

Ya está cambiando porque estoy aprendiendo a resetear las prioridades, a separar lo que importa y lo que no. Y pienso en cuando nos dejen salir, en cómo lo haremos. De qué manera socializaremos. No sé si voy a ser capaz de darle abrazos a la gente como lo hacía antes.

Usted pertenece un gremio en el que la inestabilidad laboral forma parte de su vida. ¿Le da ventaja en estos momentos?

Es verdad que para los que vivimos en una falta de equilibrio laboral habitualmente lo sobrellevamos mejor. Estamos acostumbrados a vivir en la inestabilidad, algo que en este punto ya no me afecta, porque si no estaríamos todos los compañeros en la López Ibor.

¿Ha descubierto cosas de sí misma en el confinamiento? ¿Cómo se ve estos días, se gusta?

Yo creo que en momentos tan radicales las buenas personas sacan su mejor cara y las malas, también. Yo me veo estupenda (risas). Tengo mucha parsimonia.

En su caso, la imagen personal forma parte de su trabajo. ¿Cómo lo está llevando estos días?

Para mí es una cuestión de salud mental. Aunque hago cosas paradójicas. Practico más deporte que nunca, a la par que estoy segura de que, si vamos a la playa, estaremos tan separados del de al lado que no podrá ni verme la celulitis (risas). Reconozco que voy en bata y pijama casi todo el día, como Belén Esteban en 'Gran Hermano', pero sigo poniéndome protección 50 y perfume, me hace recordar que un día fui persona. Para los directos para la televisión que hago desde casa vuelvo a ponerme rímel, y lo agradezco. He descubierto también que tengo canas y le he hecho de peluquera a mi marido. Le he peinado a lo 'Peaky Blinders'... ¡Igual cuando acabe esto me hago peluquera!

Peluquera, no sé, pero usted, además de su trabajo como modelo y presentadora, también ha escrito un libro, 'Lo que moja la lluvia'. ¿Saldrá otro de su cuarentena?

No creo. ¡Si no puedo casi ni leer! Con Luna solo me da tiempo a pintar Peppas Pig. Y reconozco que acabo tan agotada que lo que más me apetece es ver una serie. La convivencia es de mucha intensidad. Pero doy las gracias a que puedo vivir esto a través de los ojos de mi hija, que es mi oxígeno.

Usted está muy ligada a su abuela. ¿Cómo se encuentra?

La echo mucho de menos y justamente ella está detrás de algo que acabo de comenzar a hacer y es que a través de la redes sociales me he ofrecido a llamar por teléfono a gente que se siente sola. Mi abuela sufrió un accidente antes del encierro por el que tuvo que asistir a rehabilitación y hubo de ser ingresada temporalmente en una residencia. Justo comenzó todo y le ha pillado allí. Sufro mucho por no poder comunicarme con ella todo lo que quisiera, así que estas llamadas que ya estoy haciendo son una manera de ayudar, pero también de suplir esta falta de comunicación con mi propia abuela. ¡Ahora soy la nieta de todos a los que llamo! Intento contagiarles vitalidad. Y creo que esto lo voy a seguir haciendo toda la vida.

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