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Ocio y Cultura

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La televisión se pone pantuflas (relativamente)

Desde el 23F, la parrilla española no se había visto alterada de esta manera. Algunos programas en directo se resisten a abandonar el plató mientras experimentan con conexiones caseras de desigual resultado.

'Todos en casa', el programa especial que el martes ofreció La 1 de TVE.
'Todos en casa', el programa especial que el martes ofreció La 1 de TVE.
Heraldo.es

Películas, documentales de animales... Lo que 'echaron' por el único canal existente entonces durante el golpe de estado del 23F pertenece al álbum de recuerdos de los que, aunque sea de niños, vivieron aquel episodio histórico.

Ahora, la televisión vuelve a ocupar una posición central en un trance, si bien muy diferente a aquel del año 81. La crisis no va a durar horas, sino semanas. Y los platós, en 2020, de decenas de canales, no están intervenidos por los militares, sino por un bicho invisible que los ha vaciado prácticamente. Gran parte de las emisiones en directo continúan, eso sí, en parte trasladadas a las casas de los presentadores y colaboradores. Un intento de mantener cierta apariencia de normalidad en un momento en el que la humanidad carece por completo de referentes. Porque esta pandemia no se parece a nada que hayamos visto jamás. Ni siquiera a anteriores epidemias. Ni a ninguna de las narrativas apocalípticas sobre contagiosos virus mortales que abundan en los relatos de ciencia-ficción.

Las televisiones (también, las radios) se enfrentan a dos realidades bien distintas. Por un lado, han de ofrecer información sobre el frente de la guerra contra la enfermedad, en los hospitales o en las residencias de mayores. Por otro, entretenimiento para otra batalla, la que se libra en las cabezas de la población confinada, sumida en una mezcla de incertidumbre, miedo y estupor.

En ello se afanan muchos programas, con desigual fortuna. La mayoría ha optado por una fórmula mixta, con un pie en el plató y otro en los hogares de sus presentadores.

Es el caso de 'Todo es mentira' (Cuatro) o de 'El hormiguero' (Antena 3), que el martes se estrenó en su 'versión pandemia'. 'Sálvame' (Telecinco), por su parte, es de los pocos en situar sus largas horas de emisión casi en exclusiva en los estudios de Mediaset. Hasta seis personas se juntan bajo los focos, sin mucho 'distanciamiento social', una imagen, que comienza a resultar algo extemporánea en la segunda semana de confinamiento. Parecido sucede con 'El Hormiguero', con los invitados en casa pero todos los colaboradores presentes.

El tiempo dirá si en un futuro próximo se hará incómoda una parrilla centrada en hacer reír u olvidar mientras las cifras de muertos aumentan trágicamente.

El especial 'Todos en casa', presentado en TVE por Ion Aramendi, intentó bienintencionadamente el martes por la noche "hacer compañía" a los espectadores. Hubo memes, videollamadas emotivas o apariciones de famosos, como Anne Igartiburu.

'El intermedio' o 'Zapeando' (La sexta) han abandonado completamente el plató. Dani Mateo calentó silla frente al ordenador en ambos programas, que claramente acusan la falta de la frescura que da la interacción entre sus personajes. La chispa de Wyoming o del propio Mateo, en charla con Fernando Trueba o Arturo Valls, respectivamente, no brilló particularmente en este formato a la fuerza sobrevenido.

No es el caso de Andreu Buenafuente y Berto Romero. Su programa radiofónico 'Nadie sabe nada', en el que practican la improvisación humorística,  resulta ahora lo más parecido a un ensayo de años para este momento, en el que se han visto obligados a trasladar su 'Late Motiv' a casa. A ambos les pilla el reto empastadísimos. Sus colaboradores hacen el resto. Parecido les sucede a David Broncano y 'La resistencia' (título ahora más que elocuente). El humorista sigue, con sus compañeros, emitiendo desde el teatro madrileño. Eso sí, sin público y con alguna videollamada.

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