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literatura

Javier Sebastián: "Cuanto más mengua el mundo, más amenazas nos acosan y más vulnerables somos"

El autor de ‘El cicista de Chernóbil’ integró el grupo musical Alta Sociedad. Publica ‘El escapista’, una novela paródica sobre el doble y el gigante

Javier Sebastián y 'El escapista'.
Javier Sebastián publica una nueva novela seis años después de su ficción en torno a Diana de Gales.
Elena Perdices.

¿Qué historias o seres le está dictando la nueva ‘peste’ del coronavirus? ¿Cómo la está viendo un fabulador como usted?

Sobre el coronavirus ya escribí en estas mismas páginas hace unos días. Creo que se da una paradoja: cuanto más pequeños somos, más seguros nos sentimos. En cambio, cuanto más mengua el mundo, más amenazas nos acosan. Más vulnerables somos.

Vayamos, pues, con otra forma de vulnerabilidad. ¿En qué consiste escribir novelas: en desorientar al lector, en no aburrirse nunca, en seducir...?

Durante la lectura, el lector aplaza todo aquello que le vincula al mundo habitual para adentrarse en otro, que tiene su propio código. Se establece entonces un pacto, según el cual el lector acepta que esa verdad nueva sustituya a la verdad anterior. Y cuando eso ocurre, ese nuevo mundo se convierte en un descubrimiento. Y es muy entretenido.

¿Por qué sus libros son tan distintos en tema, lugar y forma? Con 'El escapista' (Alianza) vuelve a suceder lo mismo.

Pasar cuatro o cinco años en un lugar mental con unos personajes de ficción resulta agotador, así que lo que quiero normalmente en la siguiente novela es largarme muy lejos, respirar aire nuevo. De Chernóbil a Londres y de ahí a Córcega. Es cierto que por mucho cambio que uno pretenda, siempre se lleva arrastrando sus propios temas a otro sitio.

¿Cómo suelen llegarle los temas, qué le mueve, qué le inspira? En ‘El escapista’ (Plaza &Janés), ¿qué fue primero, el gigante o el doble?

Los escritores repetimos los temas que nos son propios, pero de maneras distintas. He vuelto a escribir sobre quiénes somos. Nos definimos en función del otro, desde luego, pero ¿y si al mirar a ese otro resulta que, al menos en apariencia, es igual que el yo, porque se parecen muchísimo? La construcción del yo se distorsiona. A partir de ahí, me conmovió la historia de un hombre que se había cambiado por su hermano en la cárcel. ¿Cuánto se querían esos dos hermanos para hacer eso? Pero, claro, también uno puede preguntarse qué se debían el uno al otro.

¿Cómo se lleva con la verosimilitud? ¿Es importante o no?

Intento llevarme al lector a mi terreno y una vez allí le ofrezco asideros donde agarrarse a una nueva verosimilitud. Una moral diferente, pero una moral, al fin y al cabo. O hechos que en condiciones normales no aceptaríamos, pero que dentro de ese nuevo contexto sí aceptamos, y además los vemos lógicos. Esa nueva verosimilitud tiene su propia maquinaria interna. Si todo encaja, entonces estamos ofreciendo al lector un mundo distinto.

¿Por qué decidió que su novela no transcurriese en la cárcel?

Porque yo mismo no quería estar en una cárcel mental durante cuatro años de escritura. Además, era una manera metafórica de representar una liberación: uno de los dos protagonistas de la novela sale de la cárcel de la misma manera que sale de su propia personalidad. Sale, en el fondo, de sí mismo. Y sale además a un sitio tan contrario a una cárcel como es el mar, inacabable, al que no se le pueden poner puertas.

¿Se puede ser hermanos, gemelos, tener tantas coincidencias y a vez no saber nada del otro?

Si ni siquiera acabamos sabiendo nunca quiénes somos nosotros, ¿cómo vamos a saber quiénes son los otros, por muy hermanos que sean? Todo el mundo esconde sorpresas, de manera premeditada o no.

"Si ni siquiera acabamos sabiendo nunca quiénes somos nosotros, ¿cómo vamos a saber quiénes son los otros, por muy hermanos que sean?"

¿Se ha permitido fabular a su gusto con las dos grandes mujeres del libro: la médica Adelaida y Anne Charlotte?

La doctora Adelaida y Anne-Charlotte son los contrapuntos de los dos hermanos, son sus víctimas y a la vez sus salvadoras para poder llevar una vida más o menos normal. Y digo más o menos, porque todo en la novela es excepcional: no solo la altura de los dos hermanos, sino también la dedicación oculta de los dos...

En sus libros hay siempre como una aparente naturalidad, ausencia de afectación narrativa y estilística, y lo que sucede es de un extrañamiento constante.

Intento no ser artificioso. La frase sencilla es mucho más eficaz que el alarde. De hecho, el silencio en una narración es tan importante como lo que se dice, del mismo modo que desescribir, si se me permite el verbo, es tan importante como escribir.

Javier Sebastián y 'El escapista'.
El autor de 'La casa del calor' y 'El ciclista de Chernóbil', al lado de su casa, el jueves.
Elena Perdices.

¿Cuánto hay de parodia, sátira o de kafkiano en su libro?

Bueno, claro, no puedo dejar de ver como cómicas las cosas más dramáticas. Es como levantarle la piel a los hechos y ver lo que hay debajo. En el fondo todo es ridículo, todo es grotesco y absurdo. Es como no tomarse en serio las cosas.

Durante años ha sido un seguidor acérrimo de Juan Benet. ¿Dónde está ahora?

Los tiempos cambian, nosotros cambiamos, las lecturas también. Aun así, siempre llevamos encima aquello que fuimos, aquello que leímos. Juan Benet sigue estando en lo que escribo, aunque solo fuera por negación, que no lo es. Como están Juan Rulfo, o Albert Cohen, o Zadie Smith o esas novelas aparentemente intrascendentes de escritoras británicas de los años 50, más o menos, como Muriel Spark, Dorothy Stevenson, E. M. Delafield, Barbara Pym... Pero también John LeCarré, o Julian Barnes, o Javier Marías, o Fernando de Rojas, el autor de 'La Celestina'... ¿Qué elegir? Lo elijo todo.

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