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Las galerías aragonesas vuelven satisfechas de las ferias paralelas a ARCO

La crisis económica y el miedo al coronavirus han restado visitantes a todas las citas del arte contemporáneo en Madrid

ARCO cerró sus puertas sin llegar a los 100.000 visitantes.
ARCO cerró sus puertas sin llegar a los 100.000 visitantes.
Kiko Huesca/Efe

Las galerías aragonesas vuelven a casa satisfechas tras su participación en las ferias de arte paralelas a ARCO. Mientras, la gran cita del arte contemporáneo en la capital de España no logró las visitas esperadas.

La oscense La Carbonería participaba en Drawing Room, la feria de dibujo que se celebra, simultáneamente a ARCO, en el palacio de Santa Bárbara de Madrid. Acudía a la cita con obras de la uruguaya Elian Stolarsky y del aragonés Jorge Vicén. «La verdad es que estamos muy contentos –señalaba ayer Joseba Acha–. Hemos vendido obra de los dos artistas y hemos visto, además, que ambos generaban mucho interés. Las ferias no acaban el día en que se cierran, sino que luego, ya de vuelta a la galería, sigues trabajando. El año pasado vendimos en noviembre una obra que habíamos expuesto en febrero en una feria. Entendemos que todo lo que hemos sembrado estos días dará sus frutos en las próximas semanas. Drawing Room es una feria pequeña pero con nivel, nunca te da una sorpresa para mal». Otras dos galerías aragonesas, La Casa Amarilla y Antonia Puyó, ambas zaragozanas, participaban en JustMad, dedicada al ‘arte emergente’ (es decir, joven) y que se celebra en el Palacio de Neptuno.

Antonia Puyó había apostado por la madrileña Olalla Gómez y los aragoneses David Latorre y Cristina Silván. «Volvemos muy satisfechos –señalaba ayer la responsable de la galería, Patricia Rodrigo–. Al público y a los críticos les ha gustado mucho nuestra propuesta, hemos vendido bastante y además hemos establecido relaciones con otras galerías y ferias con las que esperamos hacer intercambios». Rodrigo destaca que tanto La Casa Amarilla como La Carbonería han llevado propuestas «de enorme calidad» pero reconoce que en JustMad había «otras galerías que no estaban en la línea de mi trabajo». Hubiera agradecido, eso sí, la visita del Gobierno de Aragón (una delegación encabezada por el consejero Felipe Faci visitó el sábado ARCO pero no el resto de las ferias).

Por último, La Casa Amarilla comparecía también en JustMad,y lo hacía con obras de Almalé y Bondía, Fernando Martín Godoy, Sara Quintero y Mara Ona. «Ha sido una feria con altibajos –señalaba Chus Tudelilla, responsable de la galería y crítico de arte–. Nuestro espacio ha sido uno de los más fotografiados por el público y ha gustado mucho. Pero quizá se ha notado un poco la crisis económica y el tema del coronavirus porque da la sensación de que no ha ido tan bien de público como otros años».

Y así ha sido. La feria ‘madre’, ARCO, cerraba sus puertas sin alcanzar los 100.000 visitantes que ha tenido en otras ediciones. Las cifras oficiales señalan que este año han sido 93.000, lo que supone un descenso del 7%. «Las galerías están contentas y las ventas han ido bien», aseguraba poco antes del cierre Maribel López, feliz en su primer año como directora de ARCO tras tomar el testigo de Carlos Urroz. Consideraba logrados sus objetivos de otorgar todo el protagonismo a los artistas, favorecer el éxito comercial de las galerías y lograr que la feria propiciara el nacimiento de nuevos coleccionistas.

La psicosis no cuajó y no impidió la presencia en ARCO de las once galerías italianas participantes en una edición con pocas piezas polémicas y con abundancia de obras espectaculares de grandes maestros del siglo XX. Obras como un Picasso de 6,2 millones de euros y una escultura de Chillida de más de 5 que quizá tengan ya nuevo dueño.

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