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Estos son los festivales del desierto aragonés

En los territorios que sufren el vaciamiento, nuevas fiestas laicas ponen el foco en este problema al tiempo que favorecen la autoestima de sus habitantes.

La despoblación, que se manifiesta en Aragón como en pocas otras comunidades autónomas, en sus tres provincias, sobre todo en el Sistema Ibérico y en los Pirineos, se combate muy en primera línea desde la cultura, con experiencias que se están produciendo en zonas rurales para fijar habitantes en ellas cultivando las artes plásticas, la fotografía, el diseño, la arquitectura, la música, la gastronomía, el teatro, la danza, el cine… Los festivales que han proliferado en los últimos años en todo el territorio son de los mejores ejemplos de esa forma de luchar por la supervivencia y muchos de ellos están, además, muy atentos a las expresiones culturales más contemporáneas.

La temporada de 2020 ya está en marcha, si bien llega con más bajas que incorporaciones. Los cambios de rumbo político tras las elecciones habidas el pasado año han traído inestabilidad en las ayudas institucionales. Estas nuevas fiestas laicas funcionan bastante a menudo de forma precaria, con tanta creatividad como voluntarismo por parte de quienes las organizan. Algunas, además de en las subvenciones, se apoyan también en redes compartidas. Pero no hay un paraguas (provincial, autonómico) que las agrupe y difunda.

De los madrugadores es el Espiello, el Festival Internacional del Documental Etnográfico de Sobrarbe, que se celebra en Boltaña y es único en su especialización en todo el país. Una referencia para profundizar en la temática de la despoblación que celebrará su próxima edición del 27 de marzo al 4 de abril (las actividades previas ya han comenzado) y acaba de comunicar que tiene 18 finalistas en su concurso, la mitad de ellos internacionales.

El Tamborile, festival consagrado a la música y la animación teatral de calle en Mezquita de Tarque, en Teruel, tendrá lugar el 13 de junio. Son ya doce ocasiones. También en la provincia de Teruel, poco después, el aún más veterano Poborina Folk, dedicado a las músicas de raíz, celebrará su vigesimosegunda edición los días 19, 20 y 21 de junio en El Pobo de la Sierra, a 1.400 metros.

Del 25 al 29 de agosto, como cada verano desde hace nueve, en Ascaso, una aldea semiabandonada perteneciente al municipio oscense de Boltaña, con seis casas y una iglesia, en las fechas de las antiguas fiestas patronales, tendrá lugar la Muestra de Cine Más Pequeña del Mundo. Se dedica a las películas de autor y presume de ser muy pequeña, pero importante. La sala de proyecciones es una borda.

Le sucederá, entre el 31 de julio y el 2 de agosto, y de vuelta a Teruel, el Matarranya Intim, pionero en llevar las artes escénicas de vanguardia al interior de casas particulares y a espacios singulares del medio rural. Cada año se celebra en uno de los 18 pueblos que forman esta comarca: en 2020 será en Fórnoles, uno de los que tienen menos habitantes.

El Gaire, el festival de artes escénicas de Pancrudo, volverá a materializarse del 11 al 13 de septiembre. Cerró en enero el plazo para la recogida de propuestas de compañías artísticas que quieran participar, aunque extiende su actividad a otros momentos del año tras la recuperación de una ermita como sala de exhibiciones y espacio para residencias de proyectos teatrales y de danza.

No han anunciado aún sus fechas de celebración, en la provincia de Zaragoza, ni el Ababol ni el Saltamontes; ambos pendientes de financiación, pero con voluntad de celebrar sendas nuevas ediciones este año. El primero, en Aladrén, es de arte público y aborda siempre el tema de la despoblación, junto al de la preservación de la memoria, con intervenciones creativas, debates y fiesta, y el otro promete tres jornadas de arte, música y felicidad en Torralba de Ribota. Este, el Saltamontes, es uno de los proyectos de la asociación Pueblos en Arte, que promueve durante todo el año talleres y residencias, y trabaja en la denominada Ruta 234, tomando el nombre de la carretera nacional que une Burgos y Sagunto, la cual atraviesa decenas de poblaciones en riesgo de desaparición, en las que está animando la producción de experiencias creativas.

También en el Matarraña, e igualmente muy atento al fenómeno de la despoblación, el Festival Quema de Artistas se prepara para materializarse por octavo año, con poesía, música y gastronomía en un fin de semana y en varios pueblos de la comarca. Aún no ha anunciado sus fechas. Y en Huesca, Estoesloquehay, proyecto nómada que cada año viaja a una población distinta del Alto Aragón e integra en su realidad cotidiana el trabajo de artistas de distintas disciplinas por unos días, tampoco tiene todavía fechas ni lugar de celebración, aunque sí voluntad de celebrarse.

Además de estas citas, fuera de las capitales aragonesas las hay tan variadas como, entre otras: en Huesca, el Encuentro de Magos Florences Gili, a punto de hacerse en Tamarite de Litera (6, 7 y 8 de marzo), o En Clave de Aragón, el festival de ‘gastromúsica’ en despoblados de Sobrarbe que prepara su próxima edición para el final del verano; en Zaragoza, el Prisión Film Fest, que se desarrollará en la cárcel y la ciudad de Daroca en noviembre; y en Teruel, el Festival Buñuel Calanda, o el explícito en su título Festival Contra la Despoblación de Allepuz que ya ha tenido dos ediciones.

Respecto a lo programado el año pasado, hay dos suspensiones ya seguras. Se cae el Asalto, festival internacional de arte urbano plenamente instalado en la agenda cultural anual de la ciudad de Zaragoza que, en su versión rural, ha tenido dos ediciones en Alfamén, municipio zaragozano en el que ha propiciado intervenciones basadas en la historia, la cultura y la interacción con sus habitantes, tras un cambio al frente de la alcaldía del pueblo. Y también se apaga el Acambalachous de la localidad oscense de Altorricón, de circo y artes escénicas, después de 16 ediciones, por, según sus organizadores, no haber cobrado la subvención que había prometido el Gobierno aragonés.

Gigantes en un pueblo abandonado y en los Monegros

Los festivales que abordan temáticamente la despoblación o que se celebran en lugares afectados por ella no renuncian a ser populares ni a llegar a públicos amplios, aunque suelen tener un carácter íntimo que, por otra parte, les aporta buena parte de su magia. Pero no todos, porque los más multitudinarios de Aragón (este año, con permiso del Vive Latino, que se estrenará en septiembre en la Expo de Zaragoza) también escogen esos entornos lejos de las ciudades.

Ahí está Pirineos Sur, que se materializa cada verano desde hace casi 30 años en Lanuza, un pueblo que quedó abandonado por la construcción de un embalse y ha podido revivir gracias a este encuentro internacional, que nació muy especializado en las músicas de raíz y en los últimos años ha ampliado el foco. Los conciertos volverán al auditorio flotante los días 10, 11, 17, 18, 24 y 25 de julio. El fuerte recorte de las ayudas de la Diputación de Huesca limitará este año, seriamente, la actividad paralela en Sallent de Gállego.

Y se dispone a resucitar en 2020 el que fuera el festival aragonés con más éxito de público, el cual ya anuncia en su nombre el medio tan especial en el que se celebra: el Monegros Desert. Desconvocado abruptamente en 2015 cuando quedaban apenas dos meses para su celebración, llegó a atraer al desierto aragonés por excelencia a más de 40.000 personas con el reclamo de la música y la fiesta habituales del club fragatino Florida 135. Reaparecerá con 20 horas de programación ininterrumpidas a partir de las 14.00 del 1 de agosto próximo, para las que se están despachando entradas a buen ritmo, buscando batir su récord de asistencia. Entre los confirmados para la que será su vigésimo primera edición hay estandartes nacionales e internacionales del techno, la electrónica y el hip hop: Richie Hawtin, Vitalic, Amelie Lens, Paul Kalkbrenner, Wu Tang Clang, SFDK, Natos y Waor...

Hay otro festival con mucho tirón que se celebra en los Monegros, aunque su existencia no esté tan divulgada. El neohippie Nowhere, de público muy mayoritariamente llegado de otros países, con el inglés como primera lengua de comunicación, encuentra su lugar desde hace 16 años entre Castejón y Sariñena. En otro pedazo de desierto oscense, nace en verano una ciudad efímera de miles de habitantes que se autogestiona desde el voluntariado y se inspira en el festival Burning Man del desierto de Black Rock, del Estado norteamericano de Nevada.

El próximo Nowhere (traducible como festival «en ninguna parte») está convocado para el mes de julio, del 7 al 12, se diferencia de otros por su carácter comunitario e incluye en su oferta, además de música, muy variadas expresiones artísticas. Entre el público son mayoría los procedentes del Reino Unido, aunque llegan también de Francia, Alemania, Italia, Holanda… o, incluso, de Estados Unidos.

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