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La Casa del Poeta de Trasmoz cambia de dueño y de destino

La antigua bodega de una casa de labranza fue residencia de artistas, escritores sobre todo, de 2006 a 2015, y está a punto de ser vendida.

La Casa del Poeta de Trasmoz.
Vista exterior de La Casa del Poeta, que pertenece a la editora Trinidad Ruiz Marcellán.
Archivo Olifante.

“No tengo pena ni melancolía por la venta de La Casa del Poeta de Trasmoz. Tengo muchos recuerdos, vívidos, tengo muchas presencias y sospecho que la casa irá a parar a mentes y corazones sabios que sabrán aprovechar toda la energía que hay ahí dentro”, explica Trinidad Ruiz Marcellán, editora de Olifante y poeta. La venta de La Casa ha salido a las redes sociales y en apenas dos días ya está prácticamente adquirida por un precio de 39.500 euros.

La Casa del Poeta de Trasmoz se abrió en 2006, con motivo del Festival Internacional de Poesía del Moncayo dedicado a la poesía de mujer, y se cerró en 2015, en el certamen dedicado a la poesía mística. “En ese año, tras la muerte de Marcelo Reyes, mi marido, economista y codirector de Olifante, decidimos interrumpir el Festival y cerrar La Casa del Poeta”.

Recuerda que, tras su apertura, Olifante abrió una nueva colección, Papeles de Trasmoz. La Casa del Poeta, destinada a distintos textos, poéticos, narrativos o de ensayo, que surgieran en ese espacio. Y también fue el espacio de acogida de autores premiados con el Premio Internacional de Poesía de Miedo, que se creó por entonces.

La Casa del Poeta de Trasmoz.
Interior de la residencia de artisas.
Archivo Olifante.

“A lo largo de una década allí pasaron muchas cosas. Pasaron escritores, sobre todo poetas; artistas como Vicente Pascual y Marguerite Bobey; músicos como Catarina Almeida; cineastas como Hermindo Medal, autor de un documental sobre Antonio Machado; bailarinas como la brasileña Gisele Unti; traductoras como Laura Ludiviavichiute y Rada Panchovska. Solían permanecer una semana o dos, alguien se quedó hasta un mes completo”, dice Trinidad.

La Diputación de Zaragoza solía aportar una subvención anual de cerca de 10.000 que iban a la manutención y a las actividades de una docena de creadores al año. Además, durante algunos cursos, La Casa del Poeta firmó acuerdos de colaboración con el Gobierno de Aragón y la Asociación Aragonesa de Escritores.

“Allí han sucedido muchas cosas. Ángel Guinda hizo una huelga de hambre de una semana y redactó un manifiesto y el texto ‘El poeta en el mundo. El mundo del poeta’. A lo largo del tiempo pasaron creadores de muchas nacionalidades: persas como Moshen Emadi, italianos como Manuel Masini, brasileños como Casimiro de Brito, etc.”, dice Trinidad Ruiz Marcellán

Entre los españoles y aragoneses figuran Luigi Maràez y Âlime Hüma, Miriam Reyes, Manuel Forega, Jorge Riechmann, Begoña Abad, Nuria Ruiz de Viñaspre, Fernando Sanmartín, José Luis de la Vega, Octavio Gómez Milián, Elvira Lozano, Alfredo Saldaña, Íñigo Linaje, Ángel Gracia, Amador Palacios, José Verón, entre muchos otros, que también colaboraron con la comarca y ofrecieron talleres, lecturas y charlas por las Tierras del Moncayo.

Trinidad Ruiz Marcellán recuerda que algunos disfrutaron o padecieron en vivo y en directo la atmósfera tenebrosa de las narraciones de los hermanos Bécquer. “El poeta Miguel Ángel Curiel pasó una tremenda noche de miedo en vísperas del día de las ánimas. La calefacción se alimentaba de leña y las tuberías hacían un poco de ruido, y la hojarasca temblaba”, recuerda la editora con humor.

Trinidad evoca al poeta italiano Manuel Masini, que no pudo dormir en toda la noche: oía golpes de las ramas afuera, pasos en la escalera, etc., y la imaginación se le disparaba como si regresasen los fantasmas del pasado, el nigromante que hizo el castillo de Trasmoz en una sola noche o el espíritu de la Tía Casca.

La Casa del Poeta de Trasmoz.
Ángel Guinda hizo una huelga de hambre en La Casa del Poeta.
Enrique Cidoncha.

En otra dirección, más gozosa, la poeta Nuria Ruiz de Viñaspre pasó una semana con su amor y un gato. “Sí, sí. Y de esa estancia surgieron muy bellos poemas eróticos que podemos leer”, dice Trinidad Ruiz Marcellán, que acaba de publicar el volumen coral ‘El libro de las tentaciones de san Juan del Huecha’, con textos de una veintena de poetas e ilustraciones del pintor Miguel Ángel Domínguez.

La Casa del Poeta ya estaba cerrada, pero no su espíritu ni la colección que generó. “No tengo melancolía. La vida sigue y las sensaciones y los bellos versos permanecen”, sentencia la editora y propietaria de la bodega de una casa de labranza, transformada en residencia de las palabras y los sueños.

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