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entrevista

Sara Mora: "Los rodajes con Pajares y Esteso eran muy serios"

Nacida en Escatrón en 1953, fue una de las musas del Destape. Pero más allá de esas portadas en ‘Interviu’ y de las películas picantes, construyó una carrera en el teatro, el cine y la televisión

SARA MORA ( EXACTRIZ Y EXMODELO ) / 25/01/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Sara Mora posa en el paseo de la Independencia.
Oliver Duch

¿Qué recuerdos guarda de su infancia en su Escatrón natal?

Muy buenos recuerdos. Mi padre,Rosendo, tenía una panadería. Yo era una niña muy traviesa, malísima. Me encantaba correr por los tejados. Hace muy poco regresé a una fiesta de todos los que nacimos en 1953 y lo pasé muy bien. Allí viví hasta los 7 años, cuando la familia se trasladó a Zaragoza.

¿Dónde vivió?

Nos mudamos al Arrabal, a la calle Teniente Ortiz de Zárate número 43. Tenía el colegio enfrente, con una profesora maravillosa, que se llamaba Primi. Mi madre, Felisa, cosía chaquetas de cuero para la Guardia Civil y todos le ayudábamos.

¿Era una buena estudiante?

Fui muy poco al colegio porque mi madre estaba siempre enferma. Yo era la mayor de las chicas –éramos dos hermanosy dos hermanas– y con 11 o 12 añós ya me tocó cuidar de la casa.

¿Cómo vivió esa situación?

No me sentí desgraciada, era lo que tocaba. Por supuesto que me hubiera gustado estudiar y haber ido a la universidad, pero la vida me reservó otra cosa. A los 14 años entré a trabajar en una fábrica de tornillos, pero no era lo mío. De ahí fui a un taller de lacas en Malpica y después a una joyería en el Coso. Hasta que me contrataron en Deportes Copy, en la calle de Santa Isabel. Me encantaba mi trabajo. Allí conocí a Marcelino –el futbolista del Real Zaragoza–, quien me presentó a Armando, un señor que estaba haciendo una obra de teatro en el Oasis. Me vio y me contrató.

¿Recuerda aquel primer papel?

Perfectamente. Me contrataron para hacer un pequeño papel de criada en una obra de café-teatro. Yo jamás había pensado en ser actriz, pero no me lo pensé dos veces. Poco después, fuimos a Madrid para representarla en el Hotel Nacional, cuyo director casualmente era de Zaragoza. Pero tenía 17 años y no podía trabajar. Tenía clarísimo que quería quedarme en Madrid. Aproveché una huelga de actores en el Teatro Español para conseguir un papel en ‘La muerte de Danton’. Fue mi primer trabajo.

¿Cómo digirió el cambio de Zaragoza a Madrid?

Fue un cambio total. Para empezar, por la libertad de vivir sola. Aunque los inicios no fueron fáciles. Comencé viviendo en la pensión del Ángel, cerca de la plaza de Santa Ana. En una habitación de dos camas dormíamos cuatro chicas, una de ellas embarazada y otra prostituta. A las 8.00 nos echaban y no nos podíamos duchar. Íbamos a unos baños públicos que había en la Latina. Ducharnos nos costaba una peseta. Pese a la dureza, yo estaba encantada.

¿Cómo siguió su trayectoria?

Del Teatro Español pasé a representar ‘Pan y sexo’, de Alonso Millán, en la Fontana. Corría el año 1974.

Siendo el año 1974, ¿podía representarse una obra titulada ‘Pan y sexo’?

Claro... y hasta nos quitábamos el sujetador. Después actué en ‘Lecciones de cama para políticos’. Había que pagar el alquiler y las facturas. Además, con cada obra aprendía el oficio actoral. Como no había ido a ninguna escuela ni universidad, era una esponja que todo lo absorbía. Me ponía detrás de las cortinas para ver las representaciones y aprender de los compañeros.

¿Fue bien recibida?

Me ayudó muchísima gente. Conocí a personas interesantísimas. Como Luis María Ansón, que era el presidente de la Agencia Efe. Un día le comenté que me aburría leyendo. Me preguntó qué estaba leyendo y le dije que la ‘Metamorfosis’ de Kafka, que estaba muy de moda. Me dijo:«eso no lo leo ni yo». Comenzó a mandarme libros y me convertí en una gran lectora. No hay día que no lea. Se lo debo a Luis María. La vida comenzaba a sonreírme en Madrid Las cosas comenzaron a rodar. Iba mucho al Café Gijón, a una tertulia en la que estaban Manuel Vicent, Raúl del Pozo, Santiago Carrillo, Pepe Díaz y Tito Fernández. La única mujer era yo. Aprendí muchísimo. Hablaban de cine, de teatro, de música... Yo lo preguntaba todo.

Y justo ahí arrancó su carrera en el cine. Con el director de culto Paul Naschy rodó ‘La bestia y la espada mágica’.

Hoy en día está considerado un director de culto. Pero en aquella época era un cine de castaña pilonga, de pilinguis. Lo pasamos muy mal en aquel momento. Rodar una película en la que te tienes que desnudar no era fácil. Lo que la gente no sabe es el respeto absoluto que había. Desaparecía todo el equipo en esas escenas. La gente de fuera pensaba que aquello era un cachondeo. Paul Naschy era un cineasta con unas ideas geniales, pero lo trataron fatal. ¡Qué curioso que hoy sea reivindicado!

También hizo ‘Othello’, una película con la estrella de Hollywood Tony Curtis.

Fue un rodaje muy divertido en la Martinica, en el Caribe. Lo pasamos muy bien con Tony Curtis ya que era muy simpático. La película le importaba un carajo, estaba en el tramo final de su carrera. Además, el director, Max Boulois, no tenía ni idea. No nos quedaba otra que reírnos.

Trabajó bajo las órdenes del aragonés José María Forqué.

Bajo la dirección de José María intervine en la serie ‘Ramón y Cajal’, con Adolfo Marsillach y Fernando Fernán Gómez en el elenco. Yo hacía de esposa de Ramón y Cajal. Recuerdo que parte del rodaje fue en Zaragoza. José María Forqué era un ser maravilloso, muy atento con sus actores.

Y con Esteso y Pajares intervino en ‘Los energéticos’. ¿Cómo era rodar con ellos?

El rodaje fue serio, íbamos a por el trabajo. Cuando lo acabamos, sí que nos juntamos para festejar. Pero en el rodaje no había espacio para bromas. Eran tiempos heroicos, con muy pocos medios. No había tiempo. No se podían repetir las escenas porque no había cinta suficiente. Hacíamos las películas en una semana. Demasiado bien salían.

¿De qué película guarda mejor recuerdo?

De ‘Cachito’, porque trabajé con Sancho Gracia, un actor maravilloso, y porque me encantaba mi personaje.

Si le hacen elegir entre cine, teatro o televisión, ¿con qué se queda?

El teatro. Esa sensación de salir al escenario y que la gente ría, calle o incluso te abuchee es irrepetible. Estás en una tensión continua que no tienes en el cine.

¿Ha actuado en Zaragoza?

Sí, varias veces en el Principal. La última fue en 2001, con ‘Diez negritos’. Vinieron mi madre y mis hermanos a los camerinos y eso fue impagable.

También llegó a producir obras.

Recuerdo ‘Ojos de bosque’, dirigida por Fernando Fernán Gómez, obra de la que fui productora y su ayudante de dirección. Fue un máster. Era un genio, pero tenía un carácter muy peculiar. Y como director, durísimo. Yo he visto actores llorando por lo que les decía.

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