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Miguel Trallero: "Sin ciencia, no hay evolución, no hay futuro"

El ingeniero de Itainnova valora el aporte de esta entidad al desarrollo de Aragón. 

Ciencia
Miguel Trallero, entre la fría mañana zaragozana.
FRANCISCO JIMÉNEZ

Itainnova siempre fue el ITA…

Se cambió la imagen hace una década, pero seguimos siendo el Instituto Tecnológico de Aragón.

Distinto significante, mismo significado.

Sí. Empezó en 1986 como fruto de la Universidad y de la Consejería de Industria, con el catedrático Carlos Vera, que llegó a ser rector de la Universidad Carlos III. Como gerente, el primero fue Ramón Tejedor, que fuera también presidente del Gobierno de Aragón. Desde entonces trabajamos codo a codo con las empresas para el progreso tecnológico de Aragón.

Más de tres décadas…

Mucho tiempo. Recuerdo que en la plantilla éramos solo ocho personas en 1986, todos ingenieros y algún químico. Ahora somos 230 personas. El crecimiento, por tanto, ha sido exponencial. El salto tecnológico ha sido enorme.

¿Cómo podría dimensionarlo?

Lo mejor es poner ejemplos.

Pues póngalos…

Cuando empezó el ITA, no había internet, ni teléfono móvil, los ordenadores tenían disquetes en vez de disco duro… Y éramos lo más de lo más… Recuerdo también los primeros aparatos para dibujar por ordenador. Se instalaron a principios de los noventa. La verdad es que me siento afortunado de tener delante de mis ojos esta ventana privilegiada para ver el futuro en Aragón, porque en esencia eso es Itainnova.

Llegamos tarde a la primera revolución industrial (la máquina de vapor), a la segunda (la electricidad), la tercera la tocamos por los pelos (la digital)… ¿Llegamos a punto para la cuarta, la 4.0, el internet de las cosas?

Ha habido una actuación reciente del Ministerio de Industria y de Europa, ‘Indusdria 4.0’, que son los planes de la Unión Europea para una mayor automatización y mejora de los procesos para reducir costes. Por cierto, Aragón ha sido de las comunidades que más propuestas ha presentado...

Es el único camino para ganar el futuro…

Sin ciencia, no hay evolución, no hay futuro. En solo tres décadas, el cambio ha sido brutal en comunicación, ‘software’, robótica, automatización de las cosas.

¿Qué representa I+D para Itainnova?

Es esencial para apoyar a los proyectos de las empresas. También tenemos laboratorios de ensayos desde 1996. Empezamos con electrónica y mecánica, pero en las dos sedes (Campus Río Ebro y Walqa) ya nos hemos adaptado a las nuevas tecnologías, como ‘big data’ y a la inteligencia artificial.

¿Hay ejemplos concretos de iniciativas?

Por supuesto. En las viñas, prevemos las enfermedades de la vid utilizando sensores y aplicando ‘big data’ a los datos extraídos.

¡Que tiemble la filoxera!

Otro ejemplo, ‘Internet of things’ (IoT): internet de las cosas. En almacenes congeladores se detecta si las personas no se mueven, evitando que se congelen. También hay ejemplos cercanos con el tranvía de Zaragoza.

¿En qué faceta?

Colaboramos con CAF en el análisis del sistema de almacenamiento de energía cuando funcionan sin catenaria por el centro. También realizamos cálculos de estructura del tranvía y ensayos de la certificación electromagnética para que el tranvía no perturbe los campos electromagnéticos de otros equipos electrónicos, como los semáforos y otros vehículos.

Desde esta atalaya privilegiada, ¿cómo divisa el futuro?

Apasionante, con permanentes cambios. El futuro, desde luego, estará ligado a la movilidad eléctrica.

¿Los coches cambiarán de combustible o de algo más?

Qué buena pregunta… ¿Quién podía prever las dimensiones de la revolución de internet?

Es cierto, ningún escritor del siglo XX, y de esto hace apenas cuatro días, fue capaz de profetizar la envergadura de la revolución digital…

Y lo que nos queda… Por eso tenemos que estar preparados para el futuro.

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