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La fiesta de referencia del rock’n’roll en Aragón se despide por todo lo alto

Shake-A-Round baja este sábado el telón en Las Armas, tras casi 40 citas, con los portugueses TT Syndicate.

José Manuel López y Francho Angás, los organizadores del Shake-A-Round.
José Manuel López y Francho Angás, los organizadores del Shake-A-Round.
Raquel Labodía

Los finales suelen ir aparejados a la melancolía y al lamento. No es el caso del Shake-A-Round, la fiesta de referencia consagrada a los sonidos del rock‘n’roll de los cincuenta y los sesenta en Aragón. Tras cinco años de gozosa existencia de carácter bimensual, la iniciativa se despedirá esta noche por todo lo alto en el Centro Musical Las Armas, en Zaragoza. La actuación del combo portugués TT Syndicate –en su estreno en la capital aragonesa– abrochará con estilo un lustro de exitoso proselitismo musical.

«La fiesta se acaba porque hemos cumplido con la misión que nos marcamos. Zaragoza había sido desde los ochenta una ciudad de referencia en el rock’n’roll. Pero desde finales de los noventa se convirtió en un páramo. Humildemente, creemos que hemos contribuido a demostrar que sí hay un interés y que la gente responde. Por fortuna, actualmente es rara la semana en la que en las programaciones de las salas no hay un concierto de blues, de country o de rock’n’roll», explica Francho Angás, organizador del Shake-A-Round junto a José Manuel López.

Ambos se conocieron y labraron su amistad hace tres décadas en aquella Zaragoza a la que miran con la justa dosis de nostalgia. «Todo ha cambiado mucho. Convivíamos varias tribus urbanas:los mods, los rockers, los heavys... Había muy buen ambiente, pero cada una tenía su espacio, su estética», rememora Angás. «Los chavales nos criábamos en los bares, escuchando música, bailando, hablando de nuestras cosas», completa López.

Cartografían los escenarios de aquel territorio rocker. «Había bares en los que sólo se escuchaba rock’n’roll los siete días de la semana:el mítico Kezka, en la calle Dato, el Aloha 50s, el Coyote, el Claxon, el Top Hat... No había internet y allí aprendíamos de todo», rescata Angás. Para adquirir las características cazadoras de cuero y otros atuendos, el destino era Chocolate o Psychosótano en el Caracol.

La caza del deseado disco todavía era más complicada. «Comprábamos por catálogo en el extranjero unos discos que salían carísimos y a veces en Bid Discoplay. En Linacero había una cubeta de rock’n’roll. Sin olvidar las ferias de discos en los bajos del Palafox o en el Centro Cívico Delicias, en las que nos gastábamos nuestros limitados ahorros. Recuerdo especialmente la primera feria de discos que se hizo en la ciudad, debía ser 1985. Se celebró en el Pabellón Francés de la antigua Feria de Muestras y fue una locura de gente», rescata Angás.

Eran tiempos de artesanales fanzines, como el ‘60 burras’ que facturaba el añorado Mauricio Aznar entre lo musical y lo humorístico, el ‘Rumble’, el ‘Slap!’ o el ‘Sun’.

Salas como la En Bruto o la Metro alimentaban la afición con una programación que se completaba con motivo de las Fiestas del Pilar con los legendarios Rockin’ Pilar, una puerta abierta a los mitos del género. «La primera edición se celebró en la Carpa Pignatelli. Se quedó pequeña. Vinieron autobuses de toda España. Allí vimos a los Blue Caps, la banda que acompañaba a Gene Vincent, a Crazy Cavan & the Rythm Rockers, a Glen Glenn, a King Kurt, a Breathless, a los Meteors... Una locura», completan Angás y López.

Todas esas vivencias son las que anidan en la génesis de las fiestas Shake-A-Round. Un espíritu y una filosofía lúdico-vital que desde su nacimiento en 2015 ha encontrado el respaldo del público. «Sinceramente, no nos planteamos que durara tanto. Al comienzo, pensábamos en organizar una o dos fiestas para ver cómo funcionaban. Pero desde el principio fueron muy bien. Por ejemplo, en el primer aniversario, llenamos la Casa del Loco con los Velvet Candles», indica Angás.

Esa noche fue uno de los hitos de una larga lista. Como cuando The Limboos presentaron su primer disco en el pub El Zorro y se quedaron sin entrada decenas de personas. O cuando los británicos The Fuzillis comparecieron por primera vez en Zaragoza en una absorta Casa del Loco. Sin olvidar cuando el hispano-británico Mike Sánchez conquistó Las Armas.

«Más allá de esos grandes conciertos, nosotros nos quedamos con el magnífico ambiente que se ha respirado en cada una de las fechas. Se ha creado un ambiente festivo y variopinto, con gente de todo tipo que vienen para bailar, beber y divertirse con las bandas y los DJ. De hecho, conocemos a muchas personas que se han hecho amigos en un Shake-A-Round. Ese es nuestro mayor tesoro», asevera Angás.

El último capítulo de este dulce quinquenio se escribirá esta noche con TT Syndicate, una apisonadora sonora, y con los DJ El Lagrán y Felipe Moonwolf. Un festín que arrancará a las 22.00 en Las Armas y cuyas entradas físicas pueden adquirirse en Linacero, El Tupé Asesino, Velociclos del Ebro y Rock & Blues.

Un adiós que derrochará elegancia, talento y distinción. Así será recordado el Shake-A-Round. 

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