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Dos cajas celebran el 20 aniversario del álbum ‘Pequeño’, de Enrique Bunbury

Warner echa la casa por la ventana con dos reediciones, una en vinilo y otra en disco digital, que pese a su opulencia no aportan nada nuevo, ni musical ni visual

Bunbury, en un ensayo de la gira del disco en la sala Oasis, en 1999.
Bunbury, en un ensayo de la gira del disco en la sala Oasis, en 1999.
G. M.

Vigésimo aniversario del álbum ‘Pequeño’ (septiembre de 1999), que, además de un bello y original disco, fue la palanca que impulsó definitivamente la carrera en solitario de Bunbury. Warner lo celebra ahora con una gran caja con nueve elepés, cinco cedés + un single en vinilo, y otra caja digital solo con los cinco cedés. Sí. ¿Pero qué aporta de nuevo una edición tan opulenta como esta? Rotundamente, nada. Si acaso, uno de los cinco cedés que contiene las maquetas originales, ya muy perfiladas del disco, pero que antes habían circulado en dos CD-R con portadas rosa y amarilla.

Dos discos grabados en Zaragoza, en el estudio 55 del Actur, con el rosa recogiendo las doce canciones que luego aparecieron en el CD original más tres extras ( ‘Luna’, ‘Feliz año’ y ‘El jinete’), y el amarillo recopilando dos piezas que no pasaron al disco final (’Un hombre en el espacio’ y ‘Un poco de juego’) más cuatro curiosidades esparcidas previamente en otras ediciones: un disco de tributo a Rubén Darío que había editado Zona de Obras (’Que el amor no admite cuerdas reflexiones’), la banda sonora de ‘Shacky Carmine’ (’Nada’), un tributo a The Police (’Outlando’s d’america’) y una versión de Tequila (’Es solo un día más’).

En relación con otras ejemplares reediciones, en las que no solo se empaquetan los discos originales remasterizados sino golosas propinas inéditas con conciertos y descartes a tutiplén, esta caja tiene solo el interés del coleccionista, del fetichista, porque ni musicalmente ni visualmente hay aporte alguno novedoso, salvo, en todo caso, en la caja de vinilos, un curioso single con cinco canciones aunque ya conocidas pero en revisiones nuevas, grabadas en la gira correspondiente a ‘Pequeño’; entre ellas, ‘Tesoro’, la primera aproximación que Bunbury hizo a su exgrupo Héroes del Silencio tras la ruptura, y el consabido cuadernillo de 48 páginas con las letras del disco y un verboso y tópico texto de un tal Juanjo Ordás glorificando, cómo no, el disco y al artista.

En los otros cuatro cedés no hay sino reventa de lo ya conocido: el disco original remasterizado por Tom Baker, el álbum ‘Pequeño cabaret ambulante’, un tercer CD -’B Sides’- fraguado con piezas de los 5 minielepés que EMI goteó hasta envasarlos en la conocida caja azul, y un cuarto, también con recortes de aquellos minielepés, que el recopilador embotella bajo el título de ‘Pequeño Computer’. O sea, nada nuevo ‘sub sole’. Más el fetiche que la sustancia, el cebo para devoradores del infinito mundo bunburiano que miga musical de verdad, nueva e inédita. Ahí, no más, es donde tiene ubicación esta gruesa caja: coleccionismo puro y duro de vitrina casera.

Disco obligado

‘Pequeño’, ya se sabe, era el disco obligado para Bunbury en su ‘huida’ de Héroes. No podía reproducir la plantilla de su exgrupo, no había hecho saltar en pedazos ‘el buque’ para seguir cantando y tocando rock al modo Valdivia y compañía. Lo que fuese, antes que reiterar fórmulas. Aún no sudoraba a fondo en la sauna latina, pero de haber tenido a mano, por ejemplo, un ‘Licenciado Cantinas’…, por ahí que hubiera salido. O por un disco con tangos o boleros con Tom Waits en el horizonte, o hasta unas jotas con el punto de mira en Elvis o Nick Cave. Lo que fuese antes que volver a los ecos de ‘Entre dos tierras’, ‘Avalancha’ o ‘Maldito duende’.

Esto es lo que explica el primer intento de diferenciación, de la ‘huida’, con aquel ‘Radical sonora’, de 1997, tomado por la electrónica, a la que echó mano siguiendo los pasos de su admirado Bowie en ‘Earhtling’ o los de U2 en ‘Pop’. No se estrujó en exceso las meninges, todo hay que significarlo: en aquel momento, fundamentalmente, el efecto rompedor del techno de Chemical Brothers metió de nuevo al pop entre máquinas, era la moda. ‘Pequeño’ fue, sin embargo, el segundo y, por fin, logrado intento de diferenciación.

En la larga entrevista mantenida en casa de este firmante, nada más salir el disco, Bunbury explicaba el origen de ‘Pequeño’, las motivaciones de aquel disco con olores mediterráneos, latinos y pop. "Fue a raíz de unos conciertos que hicimos en Los Ángeles. Vino a hablar conmigo un periodista que me dio a entender algo que yo ya vislumbraba en ‘Avalancha’, cual fue un acercamiento exagerado a pautas anglosajonas hasta grados casi miméticos que a mí me asustaron. Yo no quería convertirme en los Rolling Stones número cinco, la copia de la copia de la copia, yo quiero buscar algo más y me puse a analizar e investigar sobre mis gustos e inquietudes y aposté por un acercamiento hacia lo mediterráneo".

Una de las grandes virtudes del disco: la sutileza con la que Bunbury manejó el caudal de ingredientes que sazonaban el disco, desde el dub al reggae, la ranchera o lo latino. "Me apasionan todas esas músicas pero creo que mi perspectiva en todo momento en este disco es la de un músico de rock. No soy un purista sino un extraño en esos terrenos. Mi terreno es el rock, quizá más viéndolo como una actitud que como un sonido".

Bunbury definía así su sonido y ponía sobre el tapete la actitud exploradora que marcaría toda su carrera posterior.

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