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Trinidad Ruiz Marcellán: "El Moncayo, como toda carta de amor, es un disparo que da o quita la vida"

La editora de Olifante publica su segundo poemario, ‘Una carta de amor como un disparo’, y lo presenta el jueves 9, a las 19.30, en la Biblioteca de Aragón en compañía de Ricardo Díez, Eduardo Viñuales, el actor y rapsoda Luis Felipe Alegre y la violonchelista Dolos, con la colaboración de Librería Antígona

Trinidad Ruiz Marcellán.
La editora y poeta Trinidad Ruiz Marcellán. 40 años al frente de Olifante.
José Miguel Marco.

El libro que presenta hoy en la Biblioteca de Aragón se titula ‘Una carta de amor como un disparo’. ¿Es una reivindicación?

Reivindico el género epistolar porque está bastante olvidado y en desuso, y considero que la carta (en este caso poética) es un modo de expresión muy literaria. ‘Una carta de amor’, porque el amor es el único sentimiento de salvación posible.

¿A quién iría destinada: a los nombres de la pasión, al alguien concreto o a la naturaleza?

Al silencio. A la soledad. A la naturaleza. Para poder escuchar el latido del bosque, el sonido natural del árbol. Por un reconocimiento del ‘Locus Amoenus’ o «paraíso donde vivir en este mundo», abriendo puertas a las mil posibilidades de la pasión y de la naturaleza.

¿Desde qué ánimo lo ha escrito: exaltación, elegía, sosiego...?

Desde la serenidad en busca de la verticalidad de la luz. Disparo de palabras como única violencia digna. Un guiño a Idea Vilariño, premio Cervantes, cuando escribe poemas-disparo. Aludo a una bala amorosa a la Vía Láctea desde los árboles del Moncayo.

Vayamos, pues, con los árboles. ¿Qué la ha llevado a elegirlos?

Salvo algunos árboles metafóricos (Torres, Árbol de Agua, Árbol de Aire…) el resto hasta 40 son árboles con los que convivo a diario. El viaje de la vida me ha llevado al bosque. Es un libro de viaje al bosque interior desde el bosque de Litago. Viaje de ida y vuelta. Los árboles me han elegido a mí. Ese viaje al bosque, recordando a Ortega y Gasset, yendo del amante al árbol, del árbol a la amada.

¿Le abrazan a usted los árboles o los abraza usted a ellos?

Fuera del tiempo, desde el pasado al futuro, pasando por este instante, desde una red invisible, estamos –como seres vivos– abrazados irreversiblemente con la naturaleza que somos todos nosotros. Si alguien ama a los árboles también es parte de ellos. Como una similitud, somos raíz, tronco y ramas.

¿Qué le dicen los árboles o es usted quien interpreta su silencio?

El lenguaje de los árboles precisa del silencio. El vertical bosque del Moncayo dispara palabras. Si escuchas a los árboles serás capaz de interpretar su altura buscando la luz. Como una especie de elogio de lo no dicho.

¿Qué es el Moncayo, qué le da?

El Moncayo, como toda carta de amor, es un disparo que da o quita la vida. Un disparo que agita la arboleda de la razón. Es un trueno de paz, es un relámpago. El Moncayo es un torrente que se desborda, cuando te llega al corazón.

¿Cuál es su árbol favorito, el que da la mejor sombra?

Al árbol no hay que pedirle ni sombra ni fruto ni leña. El bosque, el árbol, da vida al doble infinito de nuestros dos universos: el cielo y la tierra. Todos los árboles están conectados y forman un solo bosque.

Elude la pregunta...

No prefiero un árbol a otro. Sí es cierto que a diario estoy conviviendo con bastantes árboles del Moncayo, pero con todos ellos es posible visitar el cielo, tan necesario.

¿Y el más misterioso?

Me interesa mucho la verticalidad, esa búsqueda de la luz y de los silencios entre ramas. Tal vez el ciprés lance proyectiles a las estrellas y los humanos no seamos capaces de seguir su trayectoria. Y también el tamariz con su perfume…

¿Qué es más importante de un árbol, sus ramas o sus pájaros?

Su silencio. Su olor. Su sonido. Su textura y su color. Su poder curativo y ese gorrión que se posa en sus ramas. El abrazo del bosque ofreciéndonos la felicidad. Un baño de bosque puede cambiar una vida.

Este libro es muy distinto al otro, ‘Traducción del silencio’, de llanto por su marido muerto, Marcelo Reyes. Es más expansivo, con más imágenes. ¿Ha pasado algo en su cabeza, en su mano, en qué ha cambiado como poeta?

He vuelto a la casa. Al reconocimiento de mi mundo interior. Ahora sé que la poesía es un estilo de vida, y disparar no es matar al pájaro sino que caiga muerto el revólver.

40 años publicando poesía. ¿Cómo hay que leerla y editarla?

Hay que editar poesía con amor y con rigor. Mimar el poema y cuidar al poeta. Hay que editar siempre buena poesía. Hay que leer buena poesía con los cinco sentidos. Y alguno más. Y caminar por el texto poético como el que camina por la naturaleza. Propongo sumergirse en el verso con su música y silencios.

No sé si le apetece recordar el origen de Olifante.

Olifante es una palabra muy musical, asociada a Carlomagno desde ‘El cantar de Roldán’, su presencia en los Monegros o Montes Negros. Como editorial significa ‘llamada poética’, llamada a poetas, lectores y público en general, incluido el no lector. La palabra surgió incluso antes que la idea de la editorial. Ya rondaba en mi cabeza desde la lectura de esa obra literaria tan magistral.

¿Recuerda desde cuándo respira poesía?

Mi vinculación con la poesía y los poetas aparece, como pasión y también como obsesión, a la edad de 15 años. A esa edad conocí al poeta Ángel Guinda, con quien aprendí y disfruté, y su conocimiento constituyó mi estilo de vida. Tuve la oportunidad de conocer a los poetas aragoneses, las imprentas, el placer de la edición y el feliz encuentro con bibliotecas y librerías de Aragón.

¿Los tres libros, de verdad, de su vida: los que más ha leído, los que le habría gustado editar?

Qué placer si, fuera del tiempo, hubiera publicado las primeras ediciones de ‘Las flores del mal’ de Charles Baudelaire, las ‘Coplas a la muerte de su padre’ de Jorge Manrique, y ‘Rimas y leyendas’ de Gustavo Adolfo Bécquer.

TRES POEMAS DE 'UNA CARTA DE AMOR COMO UN DISPARO'

ALMENDRO

Tu almendra amarga

rebosa cianuro en sangre.

Abrazo este tronco agrietado, escamoso,

mientras tus pies injertan

en una tierra suelta.

Lamento lo que desconozco de ti,

aunque no olvido

incendiar la edad que acompaña

a esta esperanza devastada.

Pero el viaje sigue

y Atocha anuncia con su dulzaina

el final del trayecto.

Como una desbandada chocamos

apretando nuestros corazones

con ganas de llorar.

***

ARCE

Decidió beber rocío

desde todas las capas de su cuerpo.

Los fantasmas de Cervantes

escanearon su corteza de niebla.

Cuando no puedo tenerle,

¿cómo prohibir seguir amándole?

Astucia e inocencia.

Si estás en su mente,

permanecerás viva para siempre.

A veces, tumbado,

reconoce el corazón entre sus esquirlas.

La capa de niebla sueña un ritual vacío.

Funeral de la edad.

***

ÁRBOL DE AIRE

En la visión celeste,

con sus ojos de araña,

transformando el paisaje.

Contra la incertidumbre,

la voz del árbol que le respira,

árbol de aire.

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