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Cinco maestros del diseño se alían en Zaragoza en la obra coral ‘Aidez l’Eden’

Peret, Pep Carrió, Isidro Ferrer, Jaime Serra y Flavio Morais, con el escritor Grassa Toro, abren el nuevo estudio Ductus, de Choni Naudìn y Rubén Rodríguez, que ha colaborado en la edición con Natalia Royo de Tintaentera

Diseñadores.
Grassa Toro, Jaime Serra, Choni Naudín, Pep Carrió, Isidro Ferrer, Natalia Royo, Peret, Flavio Morais y Rubén Rodríguez, ayer en Ductus.
Toni Galán.

«Somos afines, somos felices, nos divertimos. Buscamos el paraíso», dicen los diseñadores Pep Carrió (Palma de Mallorca, 1963) y Peret (Barcelona, 1945), y aceptan algo más: «Nos movemos en un terreno híbrido, somos artistas y diseñadores, tenemos predecesores y también continuadores. Y en general, en tiempos de crisis, nos va bien», decían ayer en la inauguración del nuevo estudio o taller (calle Paseo de la Ribera, 2) de Ductus, formado por la encuadernadora Choni Naudín y el diseñador Rubén Rodríguez.

De ellos y de la serígrafa, de Tintaentera, Natalia Royo surgió un curioso proyecto: una obra conjunta en torno al paraíso en el que intervienen algunos de los más grandes diseñadores españoles. A los citados, se suma el teórico Carlos Grassa Toro (Zaragoza, 1963), que pensó un lema, con ecos de Joan Miró, ‘Aidez l’Eden’, Isidro Ferrer (Madrid, 1963), Jaime Serra (Lérida, 1964) y Flavio Morais (Sao Paulo, Brasil, 1954), afincado en Barcelona.

Ayer se presentó el doble proyecto: una edición, en caja y marco de castaño, todo ello protegido en una caja hecha a medida, forrada con tele gematex serigrafiada; y una edición en papel Fabriano Academia, de piezas únicas, de 25 x 35 estampadas por los propios artistas. Cada obra es única y diferente.

¿Por qué el paraíso en tiempos de un aparente infierno? Pep Carrió dijo: «En tiempos de infierno hay que buscar espacios en los que puedas intentar acceder al paraíso. Es el momento de ilusionarte o acompañar proyectos que contengan una cierta utopía y que estén hechos para disfrutarlos, como este». Grassa Toro, escritor, teórico del diseño y director de la Fundación de la Cala, en Chodes, afirmaba: «Desde el primer día todos los tiempos son de paraíso y de infierno. Van juntos. No hay posibilidad de salirse. Y en medio, vivimos».

Jaime Serra es artista y periodista: «Es una época gris, burocrática, lo cual es bastante infernal. Manda el dinero». Flavio Morais es más bien cauto: «Depende de cómo mires las cosas».

Si Grassa Toro planteó una primera frase y una primera imagen, Isidro Ferrer animó a sus compañeros y amigos. «Este proyecto es una reivindicación de lo luminoso. Hay una imposición de la grisura y de lo negativo que les renta a los estadios del poder». Considera Isidro Ferrer que cuanto más negativos seamos, más fáciles de manejar seremos también. Eso potencia el individualismo. «Este juego, que es un juego luminoso y colectivo, no solo fresco y divertido, propicia dentro de esta mierda una visión ya no solo positiva, sino crítica, lúdica con la realidad. Juguemos», decía.

Ferrer recordó que el juego nació de Ductus y Tintaentera, que marcaron las pautas e invitaron a hacer una obra múltiple, y «ahí entramos en el disparate. El propósito de la obra al ser conjunta es que tenga múltiples posibilidades por la suma aleatoria de los acetatos, que posibilita que el orden permute el resultado final. Esta es la primera vez que una obra seriada no contiene una repetición. No hay ninguna serigrafía que se parezca a la otra».

Los diseñadores y artistas asumieron otro reto: responder a qué es el diseño. Peret dijo: «El desorden es más creativo que el orden”. Serra añadía: «El desorden es la vida. El diseño es muy importante en la vida, en todos los sentidos. Lo que espero del diseño es que ponga fácil las cosas».

Pep Carrió se lanzó al ruedo: «El diseño es ordenar las cosas. Sin embargo, el diseño gráfico se nutre del arte, de las imágenes y, a diferencia del artista que es dueño y señor de su obra, el discurso de un diseñador está siempre al servicio de un discurso ajeno. Lo cual no impide enriquecerlo». Grassa Toro ofreció una sentencia: «El diseño de estos señores propone otra forma de vivir». Isidro Ferrer se confesó y se retrató: «El diseño para mí es hacer posible lo imaginario».

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