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Irene Vallejo: "Este libro es mi particular ‘Las mil y una noches’ mezclado con mi propia vida»

Irene Vallejo obtiene el premio El OJo Crítico de narrativa por ‘El infinito en un junco’ (Siruela). «He sufrido acoso escolar y los libros han sido como una muralla de protección», dice la escritora

Irene Vallejo. Premio Ojo Crítico.
Irene Vallejo, poco después de recibir la noticia del premio El Ojo Crítico.
José Miguel Marco.

Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979) es una escritora con ángel e inspiración. Es puro talento tocado en cualquier instante por el encanto y la fortuna. Ayer, hacia las dos de la tarde, se hacía público que el premio El Ojo Crítico de narrativa, concedido por el programa cultural de RNE, recaía en su libro ‘El infinito en un junco’. Casi a la vez, Siruela lanzaba su quinta edición, avalada por críticas magníficas de lectores de ensueño: el Nobel Vargas Llosa, el sabio de libros Alberto Manguel y el narrador Luis Landero.

«Ayer estaba siendo un día muy especial para mí. Maravilloso y emocionante. El suplemento ‘Artes & Letras’ me había dedicado su portada, tras la votación de los críticos. Recibí muchas felicitaciones y llamadas, y de repente me comunican el premio. Era como si estuviese soñando», explicaba Irene Vallejo, en la redacción de HERALDO.

Casi antes de decir nada, era felicitada, abrazada y besada por aquí y por allá: «Bueno. Le debo mucho a esta casa. Llevo aquí colaborando doce años, me acogieron Guillermo Fatás, que fue profesor mío, Encarna Samitier y luego Mikel Iturbe, y eso me dio alas y confianza. Yo no era periodista ni sabía mucho de la prensa en ese instante», decía.

El padre y ‘La Odisea’

Mientras esperaba la llamada de Alberto Martínez Arias, conductor de ‘El Ojo Crítico’, como si levitase de felicidad y emoción, recordaba: «La vida es un misterio. Siruela siempre había sido algo muy especial para mí. He sido muy lectora de muchas de sus colecciones. El Ojo sin Párpado, se me viene a la cabeza. Y tantas y tantas otras. Era uno de esos sellos con los que sueñas alguna vez. Me han tratado de maravilla, aunque todo se ha desbordado. Al principio, barajábamos presentaciones en Zaragoza y Huesca, pero no estaba claro que la hiciésemos en Madrid», decía.

«¿Qué voy a decir de ‘El Ojo Crítico’? Como les habrá pasado a otros muchos, ha sido un referente para mí, una guía de lecturas. Y me ha emocionado mucho, además, seguir la estela de autores aragoneses a los que admiro como Sergio del Molino e Ismael Grasa. Y que estuviese en el jurado Manuel Vilas. Creo que es la primera vez que a un ensayo le dan este galardón de narrativa». Sergio del Molino ganó con ‘la hora violeta’ e Ismael Grasa con ‘Trescientos días de sol’.

«Mi pasión por la literatura se la debo a mi padre. Él me leyó ‘La Odisea’ de Homero. Aquel me pareció un libro fascinante y desde entonces solo quería que me contasen cuentos, que me leyesen mitos, que me comprasen libros. Solo quería historias fascinantes». Allí nacía una vocación que iría acrecentándose día a día con capítulos oscuros de matonismo y acoso escolar.

«‘El infinito en un junco’ es un libro que tiene muchas cosas de mí. Tiene muchos relatos, vidas de escritores, historias de textos y de libros, pero también es una especie de mezcla de ‘Las mil y una noches’ mezclado con mi propia vida, fragmentos de un aprendizaje y una pasión».

Irene Vallejo. Premio Ojo Crítico.
Irene Vallejo ayer en plena calle. Es una enamorada de la erudición grecolatina.
José Miguel Marco.

Dice que siempre tuvo claro que quería contar experiencias de lectura, emociones tras leer un poemas, revelaciones producidas por un autor o varios –ya sean Marcial, Ovidio o Virgilio, y otros incomprendidos–, y ese método le ha llevado también a abordar períodos dolorosos. «He sufrido acoso escolar, persecuciones, algunas formas de matonismo. Lo he pasado mal. Muy mal. Y los libros eran como una muralla de protección contra el asedio. Además, me gustaba mucho el lenguaje, el origen de las palabras, los refranes, los juegos verbales y no había más que preguntarme cosas», declaraba.

Erudición y poesía clásicas

Poco a poco, se fue inclinando por el mundo clásico. Por los clásicos griegos. Y sus libros, sus cálamos, sus mitos desdibujados. Por Homero, Sófocles, Tucídides, Platón, y tantos y tantos otros. Por la mitología clásica. Por los escritores desterrados y perseguidos como Ovidio. Como un ameno tratado de erudición. Halló una fórmula que enamora a un sinfín de lectores de los lunes en HERALDO: ese artículo que parte de un problema social, de un enunciado actual, y que le permite viajar en el tiempo y hallar un aforismo, un mito, un microcuento que sirve para analizar, en clave simbólica, el ahora.

«No me esperaba en absoluto lo que está sucediendo con este libro. Nunca sé muy bien qué libro voy a escribir. Cada uno de mis libros es distinto». ¿Quizá una novela uno de esos personajes que, en sus páginas, resultan tan fascinantes, como Virgilio, por ejemplo? Ataja de inmediato: «Creo que eso ya lo he hecho con ‘El silbido del arquero’, que publicó Contraseña. No sé si voy a hacer más ficción o no. Por ahora, con esa promoción tan intensa, aún no sé que voy a hacer».

Le preguntamos quiénes serían sus mujeres de la antigüedad: «De las reales, Aspasia, la mujer de Pericles. Aunque no conservamos ningún escrito de ella, quizá contagiase a su marido su espíritu y su discurso de las Guerras del Peloponeso, que tanto marcaron a Kennedy o a Obama. Me hace ilusión que todo aquello haya llegado hasta hoy. Y de las ficticias me quedaría con Casandra: sabía lo que iba a pasar y nadie, nadie, le hacía caso. Me conmueve ese personaje que quería hacerse oír», concluye.

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