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"El Satisfyer no es una varita mágica"

El bum del juguete sexual o libros como 'SexOh', que este viernes se presenta en Zaragoza, llevan el placer de las mujeres a una desprejuiciada conversación pública que va más allá del orgasmo.

Imagen en Instagram del libro 'sexOh. Mi revolución sexual', de Lyona, junto al vibrador que le dio la idea de escribirlo.
Imagen del libro 'SexOh', de Lyona, junto al vibrador que le dio la idea de escribirlo.
Instagram

Que levante la mano quien no ha hablado en las últimas semanas sobre el Satisfyer o, por lo menos, quien no haya oído algo sobre él. El juguete sexual femenino ha contribuido como pocos a situar en la conversación pública un tema, el de la masturbación femenina, tradicionalmente tabú en la sociedad española. Además, intergeneracionalmente y con un nivel de desprejuicio inédito. Un fenómeno creciente que tiene otros exponentes. Este viernes, la ilustradora y directora de videclips barcelonesa Lyona, firmará en la FNAC del Coso durante 3 horas ejemplares de su libro 'SexOh. Mi revolución sexual', en el que reúne reflexiones y dibujos sobre sus relaciones íntimas, que ha ido posteando en Instagram. Su aire naif, lleno de color rosa (que odiaba de pequeña y ahora es su favorito) y, sobre todo, la naturalidad y el humor con el que aborda, también, sus fracasos en la cama, tienen enganchandos a 143.000 seguidores.

El libro y el famoso succionador de clítoris ponen sobre la mesa cuestiones de más hondo calado, que tienen que ver con la educación sexual y la manera real en la que que hombres y mujeres se enfrentan al sexo.

Desmontando a la Pili es algo más que un 'sex shop'. Situado en el zaragozano barrio de la Magdalena, vende juguetes sexuales, pero también da talleres y aborda la educación sexual desde una perspectiva feminista. Su formato empresarial es el de una cooperativa de mujeres, de la que forman parte las sexólogas María Terol, Jara Barrero, Diana González y Lurdes Orellana.

María Terol, Lurdes Orellana, Diana González y Jara Barrero, de Desmontando a la Pili.
María Terol, Lurdes Orellana, Diana González y Jara Barrero, de Desmontando a la Pili.
Javier Cebollada/ Efe

Esta última se felicita de la "visibilización de la masturbación femenina que ha traído el Satisfyer". "El feminismo es ahora políticamente correcto, la gente habla, comparte, hay una ruptura de tabúes y eso facilita que las mujeres vengan a sitios como este sin vergüenza. Supone una transformación social", opina Orellana.

Lo sabe bien Lyona, quien hace poco más de un año posteó en Instagram la foto de un vibrador que le habían regalado. La imagen le trajo de vuelta cientos de sorprendidos mensajes. "No me lo esperaba, pensaba que cosas como esa estaban mucho más aceptadas", recuerda la dibujante. Para ella, es "lamentable que la masturbación femenina siga siendo un tabú, algo que hay que esconder, oscuro". Cree que es bueno que "como individuo, se diga. Ayuda a que no haya quien se sienta un bicho raro o sola".

Dos capturas de la cuenta de Instagram de Lyona, que ahora se convierte en libro.
Dos capturas de la cuenta de Instagram de Lyona, que ahora se convierte en libro.
Instagram

Aparatos como el Satisfyer confirman un giro en la manera de abordar la masturbación femenina que, en cuanto a juguetes eróticos, llegó a Occidente con las bolas chinas. "Todo se basaba en la penetración, en el placer relacionado con lo coital". "Era la erótica convencional la que marcaba el deseo de la mujer", subrayan en Desmontando a la Pili.

Pero no todo el monte es orgasmo. Y resulta que el Satisfyer puede generar insatisfacción. "Con este bum hay un riesgo de mercantilización del placer y el deseo femeninos", reflexiona Orellana. "El Satisfyer puede imponer un modelo de placer rígido y excluyente. No todo el mundo siente placer o alcanza el orgasmo de la misma manera. Ni en el mismo tiempo. El Satisfyer no es para todo el mundo ni puede convertirse en una imposición erótica. Homogeneizar el deseo es frustrante", explica Lurdes, quien añade: "El Satisfyer no es una varita mágica, porque el clítoris no es un botón que lo tocas y sube el ascensor. Un succionador de clítoris no cambia la vida", por muy cargados de épica que, en ocasiones, lleguen los relatos en torno a este aparato. Hay que recordar que a los vibradores se les conoce también como consoladores. "Pero la masturbación no consuela de nada", dice Lurdes. "Se trata de disfrutar, de comunicar, de descubrir...", apunta. A juicio de la sexóloga, la clave de todo es "una buena educación sexual para aprender a conocer nuestro cuerpo, lo que nos gusta".

Un Satisyer.
Un Satisfyer.
Heraldo.es

Coincide Lyona: "Creo que muchos de los problemas que tenemos como sociedad son por falta de educación sexual y afectiva. Pocas veces se llega a un nivel de profundidad para aprender y mejorar". Y apunta la que, a su parecer, es una de las claves de la buena acogida de su libro: "Se habla del éxito, pero también del fracaso, de lo insatisfactorio. De eso que a ti también te ha pasado. Ayuda a no sentirse sola en la frustración, a saber que no es culpa tuya".

Eso sí, Lyona reconoce que nunca ha sentido tanta presión: "No tengo formación de sexóloga, pero tampoco quería que fuera un libro de viñetas sin más". 'SexOh' es, explica, "un viaje personal que se inicia cuando rompo con mi pareja y decido que solo quiero tener sexo. Pero me doy cuenta de que incluso cuando solo busco sexo, mi placer está en un segundo plano, porque me han enseñado que tengo que complacer al otro". "Durante demasiado tiempo, -reflexiona Lyona- se ha hecho pensar a las mujeres que no podían tener placer, o que no era adecuado, y esto está en nuestras mentes. Y yo. aunque pensaba que tenía mentalidad abierta, reproducía esos roles".

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