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Juan Gómez Jurado: "Soy mejor escritor gracias a la radio"

Gómez Jurado presentó en Ámbito Cultural de Zaragoza su ‘Loba negra’ (Ediciones B), un 'thriller' sobre las mafias rusas de la Costa del Sol

Juan Gómez Jurado.
Juan Gómez Jurado, la semana pasada en Zaragoza.
Guillermo Mestre.

A Juan Gómez Jurado le pasan las imágenes y las ideas por la cabeza a una velocidad de vértigo. Es intuitivo y sincero. Dice que escribe «para que mis lectores lo pasen bien. Y para que me odien porque se encadenan a mis libros. En realidad, deseo que me quieran porque soy huérfano, me adoptaron y me pasaron por el manto del Pilar, ja ja ja». Así entra el autor de ‘Loba negra’.

¿Qué le da la radio a un escritor? Lo digo porque a veces su estilo parece oral.

La sencillez nace de la elaboración y del sentido peculiar del ritmo. A la radio se lo debo todo y a la gente con la que trabajo desde hace cuatro años. A Julia Otero y Raquel Martos, de Onda Cero, y a los compañeros de ‘Todopoderosos’ y ‘Aquí hay dragones’. Soy mejor escritor gracias a la radio.

¿Por qué lo dice?

Mi estilo ha cambiado, ha mejorado. ‘Loba negra’ está llena de referencias con toda la intención del mundo y, además, son transparentes. La cultura forma parte de nuestra vida y me gusta reivindicarla: los cómics, el cine, el arte, otros libros, la música...

Hablemos de sus criaturas Antonia Scott y Jon Gutiérrez, menuda y meticulosa ella; gigante, gay y seguidor de la moda él.

Solo creo en el trabajo duro. Hago un esfuerzo literario para intentar condensar en pocas palabras y para meterle literatura a las relaciones, a la complicidad entre mis policías Jon y Antonia. Eso supone que los personajes evolucionen, que tengan actos de bondad interna, que vivan relaciones entre ellos que se salgan de lo convencional…

Son atípicos, desde luego.

Cuando me encuentro con una lectora o un lector cada uno trae algo al libro, y ese es mi gran secreto. Sé que el lector hace la otra mitad del trabajo. Y lo digo en público. Para mí la inteligencia del lector es fundamental. Mi mujer, Bárbara, psicóloga y escritora, me dijo una vez: «Tú no eres el amor de mi vida». ¡Qué lección!

¡Hombre, vaya hachazo!, ¿no?

No se crea. Me hizo pensar y me di cuenta de que hay mujeres fuertes e independientes que te ayudan a mejorar, a buscar tu mejor yo, y que no te exigen exactamente que sacrifiques esto o lo otro; y que hay amores que van más allá del afecto o el deseo, que tienen algo especial. Y ahí, en esa zona de afectos, estarían Antonia Scott y Jon Gutiérrez. Son meticulosos, diferentes, y se aman con un amor invisible, esencial, alejado del sexo y del romanticismo.

¿Quién le contagió la pasión por el ‘thriller’?

La culpa de todo es de Pérez-Reverte. Yo tenía trece años cuando leí libros que fueron absolutamente trascendentales: ‘Cementerio de animales’ de Stephen King, ‘El señor de los anillos’ de Tolkien, y ‘La tabla de Flandes’ de Pérez-Reverte. Ahora somos amigos. Le dije: «Me has convertido en lo que soy y un poco en lo que tú eres». Es precioso. Al fin y al cabo, los escritores solo somos portadores de un fuego invisible que tenemos que cuidar, mantener y pasar a la siguiente generación. Vamos echando ramitas de cosas...

¿Y usted qué echa?

En ‘Reina roja’ y en ‘Loba negra’ (Ediciones B) echo las cosas que me preocupan: la necesidad de pertenecer a una familia, que deriva de mi condición de huérfano, la valentía mezclada con generosidad, el sentido del humor...

Dice que de la realidad sabe poco… ¡Nadie lo diría!

La realidad me produce incertidumbre. Abro el periódico y veo un círculo de tonterías, los políticos dicen gilipolleces;y en la calle veo la vida real, tan distinta.

¿Qué le interesa de las mafias rusas que pueblan ‘Loba negra’?

Me interesa mucho el juego invisible del poder. Y sus tentáculos y esos seres como Lola Moreno, que también es huérfana. Y la emigración y lo cotidiano.

Resulta un poco demoledor lo que cuenta: la crueldad, el odio.

No hay exageración en lo que cuento: en Málaga hace no mucho se metieron 100 toneladas de cocaína en recipientes de crema de avellana porque así despistaban a los perros. En la Costa del Sol pasan cosas increíbles. España es un país donde la realidad supera todo el tiempo a la ficción.

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