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Ocio y Cultura

Museo Goya

El coleccionista que llegó a España en autostop y con 1.000 pesetas en el bolsillo

Hans Rudolf Gerstenmaier inaugura este lunes en el Museo Goya una exposición de pintura flamenca con una selección de los cuadros que ha ido adquiriendo en las últimas décadas

Hans Rudolf Gerstenmaier, junto a José Luis Rodrigo, director general de Fundación Ibercaja
Hans Rudolf Gerstenmaier, junto a José Luis Rodrigo, director general de Fundación Ibercaja, en la presentación de la muestra
Oliver Duch

Hans Rudolf Gerstenmaier (Hamburgo, 1934) es el arquetipo de 'self made man'. Dice la leyenda que llegó a Barcelona en 1962, en autostop y con 1.000 pesetas en el bolsillo. En Alemania le habían llamado loco: era cuando los españoles emigraban allí para buscar algo de trabajo, y él, en cambio, prefirió venir a nuestro país para buscarse la vida. La encontró: tras dos años trabajando creó una empresa de repuestos para automóviles de fabricantes alemanes. Con los años llegó a tener 150 empleados y 30 delegaciones en España, también en Zaragoza (primero en el Coso, luego en la calle de Aragón). Hizo dinero, y la mejor forma que vio de emplearlo fue comprando arte. Este lunes se inaugura en el Museo Goya de la Fundación Ibercaja de Zaragoza una exposición de 42 pinturas y grabados de su colección particular. Puede visitarse hasta el 16 de febrero.

Lo del autostop y las 1.000 pesetas en el bolsillo, ¿es cierto?

Completamente. Bueno, en realidad no recuerdo si eran 1.000 o 1.200.

Pues empezó con bien poco. Supo hacer fortuna.

Lo más importante en la vida es tener los ojos abiertos a todo lo que pasa a tu alrededor, y eso vale tanto para un coleccionista de pintura o para un empresario que se dedique a los recambios de automóvil. Yo no tenía ninguna idea sobre el asunto, pero me di cuenta de la diferencia de precio entre las piezas oficiales y las que, siendo iguales, incluso saliendo de la misma fábrica, se podían ofrecer al dueño de vehículos de marcas alemanas. Esas diferencias estaban entre el 30 y el 40%.

¿Recuerda el primer cuadro que adquirió?

Sí, fue un icono griego que compré, creo, en 1965. No era nada especial. Lo ví y me gustó. Me dejé llevar por los ojos, como en la mayoría de las ocasiones en las que he comprado un cuadro. Cuando es una pieza importante, eso sí, necesitas el apoyo de los sabios. A mí no me han educado en el mundo del arte pero lo llevo en las venas. Cualquiera que hace algo en la vida se deja llevar por su instinto.

Entre los coleccionistas hay un dicho según el cual uno se arrepiente de las piezas que no ha comprado más de las que ha comprado, por mucho que le hayan costado. Usted...

Yo tuve la oportunidad de comprar una colección de obras de Sorolla y al final solo me quedé una o dos.

¿Y algún goya?

Tuve la oportunidad y la dejé escapar. Una amiga mía, a cuyo marido yo había acompañado para comprar un cuadro del artista aragonés, cuando murió su cónyuge me pidió que se lo guardara porque yo tenía mejores condiciones de conservación. Lo tuve un par de años bien envuelto en un armario y acabó por ofrecérmelo. Y no reaccioné. Ese ha sido uno de los mayores errores que he tenido en mi vida. Hoy ese cuadro, un retrato de María Teresa de Vallabriga, está en el Prado.

Su colección está continuamente viajando. Los cuadros flamencos han estado en los últimos años en capitales como Lisboa o Santiago de Chile. ¿Qué se guarda en casa?

Sobre todo pintura española del siglo XIX. A mí me gusta mucho vivir rodeado de arte, tanto de la pintura flamenca como de la del siglo XIX. Pero el arte escondido no me interesa nada, me parece fatal que no se comparta. En los últimos años he realizado 40 exposiciones con los fondos de mi colección.

Sigue comprando. ¿Aún se pueden encontrar gangas?

Es imposible. Cada vez resulta más difícil encontrar obras de gran calidad, aunque en Madrid hay 10 casas de subasta y siempre sale alguna joya. Pero las condiciones económicas son muy distintas. Piense en que cuando yo llegué a España nadie se daba cuenta de la riqueza que nos rodeaba. La pintura del siglo XIX española, de artistas como Sorolla, Regoyos  o Anglada Camarasa estaba a precios de ganga, y es pintura comparable en muchos casos a lo mejor del impresionismo francés.

Hace tan solo unos meses donaba una decena de cuadros al Prado. ¿Ese será el destino final de su colección?

Lo ideal sería llegar a un acuerdo, como hemos llegado ahora, porque la corona de los museos españoles es el Prado. Me gustaría, pero no sé si sería posible.

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