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El Museo Goya presenta en Zaragoza la magia de la pintura flamenca

La Fundación Ibercaja inaugura una muestra, ‘De Rubens a Van Dyck’, con los fondos artísticos más destacados de la colección Gerstenmaier.

Una de las salas del Museo Goya, con pinturas como la ‘Alegoría del verano’, de Juan van der Hamen, y grabados flamencos.
Una de las salas del Museo Goya, con pinturas como la ‘Alegoría del verano’, de Juan van der Hamen, y grabados flamencos.
Toni Galán

La Fundación Ibercaja presentará el lunes la muestra que llega para adueñarse de los espacios expositivos temporales del Museo Goya hasta el 16 de febrero. La exposición lleva por título ‘De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la colección Gerstenmaier’ y, sí, cuenta con obras de los dos pintores citados. Pero, también, de un importante conjunto de maestros flamencos, poco conocidos en nuestro país pero con peso en la historia del arte europeo. Así, la muestra incluye piezas de Hendrick Goltzius, Jan Brueghel ‘el Viejo’, Joost de Momper ‘el Joven’, Martin de Vos, Jan Brueghel de Velours, Jan Van Kessel ‘el Viejo’, o Gaspar Pieter Verbruggen. Las obras pertenecen a Rodolfo Gerstenmaier, dueño de una de las colecciones privadas más importantes en suelo español, y el comisariado de la muestra ha corrido a cargo de alguien que conoce bien los fondos, Marisa Oropesa.

«Nos encontramos ante una oportunidad única de realizar un recorrido por la pintura flamenca a lo largo de dos siglos –asegura Oropesa en el catálogo editado para acompañar la muestra–. Gracias a la labor tenaz y constante de un gran coleccionista, Hans Rudolf Gerstenmaier, lograremos adentrarnos en una época pasada y un lugar lejano, en el sentir de los artistas flamencos que ocupan un puesto privilegiado dentro de la Historia del Arte». Hace tan solo cuatro meses, Gerstenmaier donó 11 obras al Museo del Prado.

A Zaragoza han viajado 42 piezas, entre pinturas y grabados, que se han estructurado en un recorrido marcado por ejes temáticos. Así, hay pintura religiosa, pintura de historia, naturalezas muertas, paisaje, temas mitológicos y retratos. En suma, un recorrido completo por todo lo que ha sido y es el arte flamenco en el marco de la historia del arte europeo.

«Para el Museo Goya Colección Ibercaja es una exposición muy importante», señala la directora del centro, Rosario Añaños. Lo es por la calidad de los artistas representados pero, también, por la posibilidad de rastrear cómo pudo influir esa tradición pictórica en Goya. En principio el arte del de Fuendetodos parece alejado de esa tradición, pero...

«La muestra tiene muchos atractivos pero a mí, particularmente, me gustaría destacar la obra gráfica –asegura Añaños–. Hay, por ejemplo, algunas estampas de Hendrick Goltzius, que en su día fue el mejor grabador de los Países Bajos. Se puede destacar también la serie de estampas de la ‘Iconografía de hombres ilustres’, que realizó Anton van Dyck en 1630. Ese dominio magistral del buril y del aguafuerte es el que encontraremos en Goya. Aunque la obra del aragonés no parece tener influencias de la tradición pictórica flamenca, no hay que perder de vista que España estuvo muy ligada a los Países Bajos, que grandes artistas de esa procedencia trabajaron durante décadas en España y que Goya seguro que vio y admiró su obra». No es una muestra que entronque directamente con el pintor aragonés pero complementa el panorama que ofrece el museo. De hecho, este tiene también pintura flamenca entre sus fondos.

Dentro de las obras religiosas de la exposición, destacan ‘La Adoración de los Magos’, de Artus Wolffort, o ‘Jesús despojado de sus vestiduras’, de Frans Francken II, que supone además una de las últimas adquisiciones de Gerstenmaier. En los temas mitológicos sobresalen una serie de Hendrick Goltzius donde están ‘Las tres gracias’ o la alegoría de ‘Los cuatro elementos’, temas muy tratados dentro de esta tradición pictórica. Dentro de los paisajes cabe citar ‘Paisaje de montaña con mulas’, de Joost de Momper el Joven y de Jan Brueghel ‘El Viejo’.

Un coleccionista especial

Y hay que destacar, sobre todo, las naturalezas muertas, los bodegones en su doble dimensión: los que solo aspiran a representar la naturaleza y los que son alegorías que buscan la complicidad del espectador. «La obra ‘Naturaleza muerta’ de Jan van Kessel ‘El Viejo’ es una de las piezas más importantes del corpus de la exposición –asegura su comisaria, Marisa Oropesa–. Sus grandes dimensiones la convierten en singular y además es una de las obras preferidas de Gerstenmaier. No es de extrañar que este magnífico bodegón sea una de las piezas claves de la colección: reúne elementos como flores, frutas, verduras, jarrones, todo ello enmarcado por telas y con un espléndido paisaje crepuscular». Solo las naturalezas muertas ya merecen una visita detallada a la muestra, que debe ‘leerse’, y visitarse, como lo que es, el reflejo del empeño infatigable de un particular que ha ido fraguando su colección comprando lo que tenía a su alcance y cuadraba con sus gustos.

La vida de Gerstenmaier daría para una novela. Llegó a España en 1962 en autostop y con 1.000 pesetas en el bolsillo. Al poco tiempo creó su propia empresa, que con los años llegó a tener 150 empleados y 30 delegaciones en España. Y en los 70 empezó a comprar arte. «El coleccionismo es algo innato al ser humano», le gusta asegurar. Él lo ha demostrado. 

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