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Ocio y Cultura

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Berna escenifica la forja de un genio en ‘40 años en danza’, un espectáculo irrepetible

Éxito apoteósico del bailarín aragonés, este sábado, en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

Miguel Ángel Berna, en un momento del espectáculo '40 años en danza'.
Miguel Ángel Berna, en un momento del espectáculo '40 años en danza'.
TONI GALAN

Habrá un antes y un después de la noche de este sábado en el mundo de la danza y del espectáculo en Aragón. Y, por supuesto, en la vida y en la trayectoria profesional de Miguel Ángel Berna, que ha sabido fusionar en un espectáculo único e irrepetible la esencia y los momentos más importantes de sus cuatro décadas sobre los escenarios. Fue en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, donde más de 5.000 personas llenaron prácticamente el aforo disponible para disfrutar de ‘Miguel Ángel Berna, 40 años en danza’.

 Y vaya si disfrutaron. Más que eso, formaron parte desde el minuto uno del propio espectáculo, se dejaron llevar por los movimientos perfectos de los bailarines y bailarinas, se fundieron en los acordes y las notas de los ritmos sureños o cantaron con el corazón las jotas que se expandieron por sus venas y que, en muchos casos, dieron paso a una emoción incontenible que se convirtió en lágrimas, de alegría y de identidad con la poderosa corriente de energía y de arte que se derramaba desde el escenario hacia el patio de butacas y hacia los graderíos.

Fue un espectáculo único, que no se va a repetir, con más de 180 artistas en escena, casi tres horas de montaje, con el que se hizo un repaso a toda la trayectoria de Berna. Estuvieron, junto a Berna, Manuela Adamo, su mujer, productora del espectáculo y compañera durante las dos últimas décadas, María Mazzota, Mayte Bajo, María José Hernández, Úrsula López, Rafael Campallo, Nacho del Río, José Luis Urbén, María del Carmen Salinas, Lorena Palacio o Lourdes Escusol, entre otros, así como un numeroso grupo de músicos con Alberto Artigas al frente, además de tambores y bombos del Bajo Aragón y abundantes bailarines de todas las edades.

Se articuló en cinco bloques, que fueron introducidos por breves y certeros textos del periodista y escritor Antón Castro, que él mismo leyó en voz en off pregrabada.

El primero, con el mudéjar como fuente de inspiración, se materializó en un mosaico de sonidos judíos, árabes y sefardíes enraizados en la cultura aragonesa. Nuestra jota fue, precisamente, la auténtica protagonista del segundo bloque temático y fue esta particular visión del folclore de la tierra que tiene Berna la que propició algunos de los momentos más emocionantes de la velada.

El tercero trajo a escena la iconografía de genios aragoneses como Goya, Buñuel, Saura y Ramón y Cajal, en cuya corriente de eternidad Berna lleva camino de participar. Fue durante esta parte cuando atravesaron el auditorio varios bombos y tambores de Albalate del Arzobispo para terminar en el escenario en una increíble comunión con los bailes y castañuelas de Miguel Ángel Berna. Después, los descubrimientos que Ramón y Cajal llevó a cabo en sus investigaciones sobre el sistema nervioso fueron motivo para una original puesta en escena futurista.

El cuarto lo acaparó el flamenco, la danza contemporánea y la danza clásica, mientras que el último se aventuró hacia el futuro, pues quedó claro que el artista aragonés tiene todavía mucho arte y mucha energía para seguir bailando, creciendo y evolucionando. Un momento especial lo protagonizaron un grupo de gaiteros que salieron al escenario a los sones de la ‘Albada’ de José Antonio Labordeta interpretada por Miguel Ángel Fraile, de O’Carolan.

En los últimos compases del espectáculo, la emoción se apoderó también del auténtico protagonista de la noche, Miguel Ángel Berna, que dejó escapar algunas lágrimas de alegría y de satisfacción por haber superado un auténtico reto.

La apoteosis final, en la que participó Miguel Ángel Tapia al piano, provocó una interminable ovación de todo el público puesto en pie, mientras todos quienes habían participado en esta noche inolvidable salían a saludar. En el aire quedó el embrujo de un éxtasis colectivo al que dejaron paso los más de diez minutos de aplausos, tras los que Berna, junto a Manuela Adamo, se despidieron de los asistentes con la mano en el corazón.

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