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Ocio y Cultura

Judith Jáuregui: "La música y la vida son pura emoción y tienen muchas facetas"

La pianista donostiarra protagoniza este miércoles, junto a la orquesta Camera Musicae, un concierto en la sala Mozart organizado por la Sociedad Filarmónica

Judith Jáuregui interpreta música de Schumann y Chaikovski
Judith Jáuregui interpreta música de Schumann y Chaikovski
Pedro Walter

Usted está encantada con el repertorio romántico.

Como pianista es imposible no adorarlo. El Romanticismo es la época en la que ‘explota’ el piano como instrumento musical, y todas las obras que son hijas de ese periodo exploran la emotividad humana. Yo he trabajado ese repertorio desde niña.

Este miércoles interpreta el ‘Concierto para piano y orquesta’ de Schumann y la ‘Patética’ de Chaikovsky...

Schumann siempre me ha atraído. Es un compositor con una enorme personalidad... En realidad, sufría bipolaridad, tenía dos personalidades. En muchas de sus obras se muestra tierno e inocente y poco después nos presenta su cara tormentosa y oscura.

A usted se la ve siempre sonriendo.

Las personas que sonríen mucho también lloran mucho. Todos tenemos dos caras, y para dedicarte a la música tienes que entregarte a la vida en todos sus matices. Yo pongo el amor a la vida por delante de todo lo demás. La sonrisa es siempre la mejor arma para conquistar la felicidad.

Este año ha publicado un disco, ‘Pour le tombeau de Claude Debussy’, pero no es esa música la que trae a Zaragoza.

En realidad no ha sido un disco planeado. En octubre de 2018 di un concierto en Viena, como conmemoración del centenario de la muerte del compositor francés, y unos días antes pensé que estaría bien tener una grabación, privada, para mí, de mi primer concierto en esa ciudad. Pedí un técnico de sonido y me encontré con alguien superprofesional que hizo una buenísima grabación. Cuando lo recibí, descubrí que no solo era una grabación técnicamente buena, sino que el concierto tenía un aire íntimo, que poseía alguna verdad, que vibraba con la emoción del directo. Este disco ha sido una aventura preciosa, por lo inesperado y por la sorpresa que ha supuesto para mí. Fue el técnico de sonido el que me puso en contacto con el sello que lo ha publicado, Ars.

En sus discos también presta atención a compositores poco interpretados, como Szymanowski. ¿Le gustan las rarezas?

El repertorio tradicional es el que ‘hace’ a un intérprete, eso no hay que perderlo de vista. Pero uno de los motores de mi trabajo es descubrir música nueva. Bueno, a Szymanowski no lo he descubierto yo, lógicamente, pero cuando lo escuchas por vez primera encuentras en él una increíble frescura. Y llevar sus obras a una sala de conciertos es dar luz a una música que quizá no sea justamente valorada. Hay mucha música ahí, esperando a que la abraces; y te ‘abre’ el oído y te ayuda a crear tu imaginario sonoro. Como pianista, no te puedes quedar en la columna vertebral del repertorio de tu instrumento, tienes que desarrollar también los músculos laterales. Estos compositores poco frecuentados también me hacen disfrutar mucho. Y no solo los que se enmarcan cronológicamente en el Romanticismo. Ahora me interesa una compositora norteamericana que es posterior, Amy Beach.

En muchos programas mezcla lo clásico y lo contemporáneo, las sonatas de Beethoven, por las que parece sentir predilección, con alguna obra actual, como la que le escribió José Luis Greco. ¿Grabaría la integral de sonatas de Beethoven?

Si lo hiciera sería muy atrevida, muy osada. Actualmente participo en una integral que hacemos entre ocho o nueve pianistas españoles. Es uno de los mayores retos que se le pueden poner a un pianista, como culminar todos los ochomiles para un escalador. Las sonatas son dificilísimas, tanto técnicamente como a nivel intelectual. Lo bonito de mi profesión es que todos los días tienes retos nuevos ante ti, pero ese, por ahora, no lo voy a abordar.

Siempre ha pensado que cada obra tiene su momento y que para algunas hay que esperar.

Claro. A mí me pasa con Bach. Su música me gusta muchísimo, pero necesito vivir más para poder interpretarla. Hay obras que, para tocarlas, necesitas entender cosas de la vida que, quizá, aún no has experimentado.

Es un planteamiento raro en el panorama actual.

Alguien me dijo en una ocasión que la carrera musical se construye a partir de los noes que pronuncias a lo largo de la vida, y es verdad. Un músico tiene que ser honesto. Ningún ser humano abarca todos los registros, obras y repertorios. Y la honestidad empieza con uno mismo. Cada día intento ponerme delante del espejo y ver de lo que soy capaz. Al final, acabas descubriendo que siempre hay una versión mejor que la tuya y que quizá en algún momento te has equivocado.

¿Nunca ha tenido la sensación de ser la mejor?

Jamás. Los músicos profesionales estamos programados para buscar lo mejor, pero siempre puedes encontrar algo diferente y fantástico en lo que hacen los demás. En cualquier faceta artística lo peor es tener egocentrismo o conformismo.

Como solista, ¿vive la música de cámara por necesidad o por convicción?

Tocar con otros músicos te hace mucho mejor pianista. Sola no tienes referencias, en cámara ganas la inspiración de los otros. Yo acabé la carrera a los 17 años y en cierto sentido lamento haber hecho un camino muy en solitario. La música de cámara posee todos los valores que necesitamos como sociedad: el diálogo, la convivencia, tolerancia...

¿Se ve dirigiendo?

No tengo ni conocimientos ni técnica. Solo llevo diez años de carrera, me queda todo por lograr y mucha música que descubrir. La vida es pura emoción; la música, también. Y la emoción... tiene muchas caras.

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