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Javier Delgado editó, poco antes de morir, las 'Cartas de la cárcel' de Vicente Cazcarra

El volumen, publicado por la Institución 'Fernando el Católico', recoge el epistolario del dirigente comunista, marino y traductor desde el penal de Burgos a su familia, entre 1961 y 1967

Vicente Cazcarra.
Vicente Cazcarra, tras salir del penal de Burgos, con unos amigos en Ejea. 1968.
Archivo Cazcarra.

Javier Delgado Echeverría (1953-2019) fue un hombre de afectos. Escribió libros sobre Miguel Labordeta, a través de su hermano José Antonio, el sindicalista Manuel Gil y Vicente Cazcarra (Zaragoza, 1935-Madrid, 1998), al que Carlos Forcadell define como «el dirigente más destacado del Partido Comunista en Aragón»; Cazcarra inspiró una canción de Labordeta y fue, además, traductor.

Javier Delgado, con la ayuda de su hermana Maruja Cazcarra y de la historiadora Marga García Caro-Huerta, que transcribió su correspondencia, había entregado el libro ‘Cartas de la cárcel (1961-1967)’, (Institución ‘Fernando el Católico’). El volumen resulta aún más emocionante estos días, tras la desaparición inesperada de Delgado. En su enjundioso prólogo, Forcadell dice que «Javier Delgado es el editor y prologuista de este libro por muchas razones, porque conoció, trató y conversó con Vicente, y con más intensidad desde que, relegado y marginado, alcanzó esa condición de ‘héroe agotado’ que le llevó a titular así la biografía que le dedicó en 2008». Lo que hace Delgado es trazar una biografía de Cazcarra hasta 1967 cuando está a punto de salir de la cárcel, y cierra su texto con una pregunta: «¿Qué futuro le espera?».

Vicente Cazcarra nació en el Arrabal. Vivió un tiempo en Canfranc, donde su padre era fogonero de Renfe, y luego regresó a Zaragoza. Frecuentó Helios, se matriculó en Química e hizo dos cursos. Un día, en sus estancias a orillas del Ebro, alguien habló de la profesión de marino, que no tardaría en abrazarla. Se trasladó a Barcelona e ingresó en la escuela de náutica, donde permaneció entre 1954 y 1956.

Vicente Cazcarra.
Vicente Cazcarra, de oficial de Marina, hacia 1957.
Archivo Cazcarra.

El joven marino clandestino

Cuenta Delgado: «En Barcelona, fue acogido en casa de unos tíos paternos, en la que sus primos Fernando y Emilio le abrieron aún más las puertas de su amistad. Con ellos y con otros conocidos creó una ‘célula’ de Partido que también era un animado grupo de animado». El joven comunista ya andaba ahí. Cuando volvía a Zaragoza visitaba a los Labordeta, en cuyo colegio había estudiado. Se hizo con el título de oficial de Marina y se incorporó a la organización del PSUC de Barcelona. Hizo la mili en la marina y desarrolló su inclinación hacia la clandestinidad.

Algunos años después fue detenido, el 24 de septiembre de 1961, y en la comisaría de Vía Layetana fue torturado varios días. Pasó a la cárcel Modelo y después al Penal de Burgos. Y desde allí durante seis largos años mandó cartas a su familia, a sus padres y a su hermana. Entona un lamento general ante los suyos: «Siento mucho las molestias y los disgustos que padecéis. Mi única pena aquí es saber que estaréis tristes. Me sentiría reconfortado si supiese que estáis animados». Les habla del juicio, no sabe cuándo se celebrará, y les tranquiliza: «En cuanto a la carrera no dudéis que la terminaré».

Quiere saber de sus progenitores, les comunica la ilusión que le harán sus próximas visitas, les cuenta que recibe medicamentos. Le escribían los padres y su hermana Maruja, nacida en 1931. Les cuenta las películas que ve. «Esta semana he visto dos películas: ‘Novio a la vista’ de Berlanga y ‘Los vikingos’. (…) Veo la mayor parte de las que nos ponen para romper un poco la monotonía de la cárcel». Les comenta que ha recibido el dinero que le han mandado, quiere mitigar el dolor ya que el indulto no le afectará a él, y les pide muchos libros, por ejemplo ‘Estructura económica de España’. Ya desde muy pronto, les confiesa: «El estudio ha llegado a formar parte de mi propia vida». En la última carta, de abril de 1967, se abona a la esperanza: «Antes de fin de mes, probablemente, intentará el abogado la nulidad de la sentencia. Estoy impaciente a ver si de una vez se resuelve la situación de ilegalidad en que permanezco en la cárcel», escribe.

El libro, entre otros detalles, se completa con una anexo fotográfico y documental. No sabemos si Javier Delgado llegó a ver las tripas de este libro conmovedor. Tiene algo de oración laica por su amigo Vicente Cazcarra y, tal vez, por sí mismo.

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