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Martínez Tendero expone una pintura de silencios

El pintor expone una selección de la obra de los últimos años y a la vez se remonta a su pieza ‘Victoria', de 1986, en la galería A del Arte

Martínez Tendero.
La obra ‘Estudio de violinista’, 2014, de José María Martínez Tendero.
A del Arte/Martínez Tendero.

Rastrear ese delicado terreno que se extiende entre la figura y la abstracción, es el complicado campo de sueños en el que José María Martínez Tendero (Albacete, 1947) mece su pintura. Consciente de sus logros y su gran oficio demostrado en una larga trayectoria, acompasa la realidad al ritmo de los nuevos descubrimientos. Su pintura siempre se afianza al mismo tiempo que busca nuevos elementos que la renueven.

Ecos con el lienzo ‘Victoria’

En esta exposición ha querido hacer un guiño al pasado, al incluir su obra ‘Victoria’ (1986) –que ahora ha vuelto a trabajar–, como un alegato a la vida sobre la muerte. A esa fugaz circunstancia que separa el tímido velo entre la existencia y la nada que el siempre recuerda en un episodio singular. La tela expresa a través de un intenso fondo azul la agonía y el renacer de un cuerpo texturizado, inerte y al mismo tiempo dinamizado por una energía que le expele a la superficie, fuera del agua. Es la cauterización de las heridas que se repite en la tormenta doliente que siempre empuja hacia un futuro de vaivenes improbables. Un renacer presente que impregna la facultad de la vida y el oficio de pintar.

José María Martínez Tendero es un artista tenaz, convencido de su trabajo y que siempre busca aportar elementos distintivos en su evolución plástica. En esta ocasión presenta una serie de obras en las que crea un espacio visual en continuo movimiento, compuesto por franjas paralelas que provocan una ilusión óptica de volumen y profundidad. Sobre ellas, suspendidas en el espacio, figuras tachonadas de piezas geométricas o estructuras deconstruidas.

Dibujo y línea. Retratos femeninos, tañidos por la exquisitez, pero también resquicios de arquitecturas analíticas. Fascinación, estudio y técnica que le llevan, en este caso, a un atrevimiento en el color, sin degradaciones, solo la fuerza impactante de una coloración naranja, roja o verde. Como escribió el pintor y crítico británico Patrick Heron, «el papel de la pintura es el de ser un laboratorio en el que se experimenta con las apariencias visuales».

La exposición responde a ese estilo que define la sólida trayectoria del artista, donde están presentes la confluencia de geometría y color, de abstracción y figuración. El espacio es el ámbito donde esta presente la construcción del paisaje, ese elemento inconcreto y veladamente onírico, al que alude siempre el artista. Mas bien un lugar que aparece en la obra interiorizado, como un escenario que abraza un entorno matizado por el expresionismo pictórico y el surrealismo conceptual. Pero no hay que olvidar que en la pintura de Martínez Tendero la línea siempre es esencial. En algunos casos modela el dibujo, lo diluye y suaviza las formas, mientras que en otros utiliza el segmento corto y preciso para situar los elementos geométricos en el plano, proporcionando volumen a la composición.

La métrica libre de la poesía

El movimiento junto con la precisión del trazo y el color, son características permanentes en la obra de este artista. Un expresionismo aligerado por la métrica libre de la poesía. Una pintura sobrecogida por los silencios impuestos en el tratamiento de las veladuras. Telas en las que se capta el tratamiento sedoso de las capas casi traslúcidas que dejan intuir la fugacidad del tiempo. En la obra de Martínez Tendero la mirada acompaña la representación, la completa y engrandece.

El argumentario plástico se extiende a varios procedimientos entre los que está la gráfica de pequeña tirada e intervención posterior, así como distintos soportes como el papel, que le permiten, como el mismo reconoce, una mayor libertad de experimentación.

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