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Ocio y Cultura

Alaitz Leceaga: "El vino sigue teniendo
un toque de misterio muy literario"

Alaitz Leceaga (Bilbao, 1982) pasó de escribir relatos a publicar su primera novela el año pasado. Ahora presenta la segunda, ‘Las hijas de la tierra’.

La escritora Alaitz Leceaga, en Zaragoza.
La escritora Alaitz Leceaga, en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Su primera novela, ‘El bosque sabe a tu nombre’, fue todo un éxito editorial. ¿Cómo pasó de escribir relatos a una novela de ese calibre?

Mi primer acercamiento a la historia de esa novela también fue en formato de relato, pero a medida que la idea crecía, era inabarcable para una extensión tan pequeña, así que me lancé. Y cuando la leyó mi marido, ya dijo que era una historia que iba a encantar. Luego, mi agente literaria me llevó a la Feria de Fráncfort y allí compraron los derechos media docena de países antes incluso de que se publicase aquí en España.

Parece el sueño de todo escritor hecho realidad.

Efectivamente, es un sueño cumplido a partir de una historia que te apasiona, tus personajes, tu trama. Compruebas que gusta a un montón de gente. Y luego ya ves tu novela hecha realidad, con tu nombre en la portada, y en las listas de más vendidas.

¿En esta segunda novela, ‘Las hijas de la Tierra’, sigue presente ese mundo mágico y misterioso?

Me considero lectora mucho más que escritora, así que de alguna manera, todas las historias que leía desde que era pequeña están presentes en mi faceta de creadora. Y esa ambientación, esos paisajes y esos personajes mantienen unas coordenadas en esta segunda novela.

Háblenos de sus referentes literarios, de ese mundo imaginario que ha creado.

Mis referentes literarios son muy patentes para quien lee mis novelas porque hay muchos guiños a ellos. Por ejemplo, las mansiones y ese clima misterioso de las hermanas Bronte; o el toque de magia y fantástico a partir de la realidad que imprime Isabel Allende. Todas esas historias formaban parte de mi aprendizaje y cuando me puse a escribir era una influencia que no podía evitar. En ‘Las hijas de la tierra’ hay una gran biblioteca en la casa, en la que hay muchos de esos libros que a mí me han apasionado.

Esta segunda novela la ambiente en una familia de viticultores. ¿El mundo del vino es muy literario?

Cuando empecé la parte de documentación no detecté muchas referencias literarias. Pero me atrajo muchísimo el hecho de que, a pesar de que ahora es un mundo muy tecnológico y modernizado, sigue existiendo una parte que depende de aspectos tan antiguos como la lluvia o de las fases lunares. Me fascina ese aporte cercano a la alquimia y de misterio que sigue habiendo en la elaboración del vino. Es una industria moderna en la que siguen teniendo peso esos elementos tan literarios y hasta misteriosos.

¿Está ambientada en La Rioja exclusivamente?

Sí, sobre todo en La Rioja alta, donde visité bastantes bodegas, casas solariegas y paisajes donde se iban a mover mis personajes. También hablé con las personas que viven allí para conocer sus sensaciones y creencias. No obstante, hay lectores que me dicen que reconocen lugares que parecen sacados de sus provincias, incluso también de Aragón, lo cual también es gratificante porque constatas que tus novelas provocan emociones y sentimientos.

¿Provocan mucha interacción sus novelas, entonces?

Sí, mucha, me lo dicen por correo electrónico o en presentaciones. Me cuentan sus impresiones e incluso sus sugerencias, para que en próximas novelas traslade la trama a sus lugares de residencia.

¿Por qué esas protagonistas mujeres, pelirrojas y zurdas?

Surgen a partir de la primera imagen que surgió en mi cabeza. Y cuando empecé a tirar del hilo, me di cuenta de que cuando se produjo el boom industrial en el mundo del vino, las mujeres ocuparon todos los puestos y empleos pero, a medida que la industria se estableció, las mujeres desaparecieron prácticamente. Así que quise traer la voz de todas aquellas mujeres que participaron en el despegue de la industria.

¿Y a usted le gusta el vino?

La verdad es que no bebo, aunque esta historia me ha servido para adentrarme en su cultura. Pero no, no participo en ese tópico del creador con una copa en la mesa.

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