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Carmen Posadas: "Un libro es un amigo que no te juzga"

La escritora, ganadora del Premio Planeta 1998, desnuda sus inquietudes literarias.

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Carmen Posadas, en el Salón de las Columnas del edificio de la Caja Rural de Aragón.
Toni Galán

Acaba de desarrollar la conversación ‘Recuerdos, memoria y literatura’, en el ciclo de la Caja Rural de Aragón. Recuerdos… Esto de exhumar recuerdos...

Me gustan los recuerdos vivos. También me apasiona vivir el presente, aunque hay evocaciones que nutren y enseñan.

No sé si es más delicioso leerla o escucharla…

Gracias, muy amable. Aunque soy mucho más tímida de lo que pudiera llegar a pensar. Cuando empecé en esto de la literatura, hablar en público para mí era el suplicio máximo.

Quién lo diría…

Pero descubrí que había un sistema buenísimo para hablar con confianza, y no es otro que decir la verdad.

¿La verdad? Dicen que está pasada de moda…

¡Ja, ja, ja!

Faltando a la verdad se puede llegar a ser el hombre más poderoso del planeta: el presidente de Estados Unidos.

Quizá estemos en tiempos de la posverdad, pero a mí me encanta la verdad.

No hace demasiado tiempo, posverdad fue la palabra del año para el diccionario de Oxford...

Lamentablemente, puede ser un reflejo de nuestro tiempo, y con ello tenemos que acarrear.

Su padre fue embajador de Uruguay en Inglaterra, en Rusia… ¿Por qué se quedó a vivir en España?

Vine a España con 12 años. Enviaron a mi papá a Rusia. Yo me casé y regresé a España. Me separé, me encanta viajar y me marché con mi padre a Londres. Por cierto, siempre me caso con españoles... España debe de ser una cuestión de amor para mí...

Usted se expresa en inglés, pero ama el español. ¿Qué encuentra en el idioma de Cervantes?

Es mi idioma nativo. En Inglaterra hubo una época en que hablaba mejor inglés que español… Pero decidí expresarme en español porque es uno de los idiomas más ricos que existen, riquísimo, permite muchos matices.

¿Cómo nació en usted la inquietud por escribir?

Es la consecuencia de la niña acomplejada que era yo.

Ha cambiado mucho…

No, eso no se cura. Se aprenden trucos para que no se note, para disimular. Yo era una niña muy fea en una familia de guapos.

¿Fea? No me lo puedo creer…

En serio, yo era la fea. Me refugiaba en mi cuarto y escribía. Les debo mucho más a mis defectos que a mis virtudes. Todo se lo debo a mis defectos.

Esto de ser feo tiene su aquel…

Usted no es feo…

En fin... Continuamos... ¿Por qué comenzó expresándose a través de un género tan complejo como el cuento?

Porque pensé que escribir para niños era más fácil, y eso es mentira. Es muy difícil. Yo nunca fui a la universidad y además mi padre adoraba la literatura. Yo no me atrevía a introducirme en ese terreno sagrado que es la literatura. Me parecía más inofensivo comenzar con literatura infantil. Tuve suerte: con lo primero que publiqué me dieron un premio.

El Premio Nacional de Literatura Infantil. Del cuento al ensayo, a la novela… ¿Por qué nunca se refugió en la poesía?

Porque desconocía la métrica.

El verso libre es delicioso…

Reconozco que nunca me atreví.

Me encantan los títulos de sus libros…

¿‘Juegos de niños’?, ¿‘Literatura, adulterio y una visa platino’?, ¿‘Hoy caviar, mañana sardinas’?, ¿‘El testigo invisible’?…

Por ejemplo.

Los títulos son importantísimos. Representan una llamada, la primera comunicación con el lector. Pese a que no escribí poesía, les doy mucho valor a las palabras.

Palabras, las palabras... ¿Se puede salir indemne de la lectura de un libro?

No, nunca sale la misma persona tras leer un libro. Casi siempre sale uno mejorado, nunca igual. Un libro es una terapia, una catarsis, un vómito… Tiene muchísimas connotaciones físicas. Siempre afecta a nuestro estado.

¿Un libro abierto es un cerebro que no habla? Un libro cerrado, ¿un amigo que espera?

Un libro es un amigo que no te juzga, que siempre te enseña, un espejo, un exorcismo…

¿Conocer perfectamente el idioma es la máxima expresión de libertad?

Qué buena pregunta… Nunca lo había pensado. Desde luego, un vocabulario reducido es una prisión para expresar una idea.

También se puede viajar a través de la literatura. Qué mejor nave que un libro… ¿Hacia dónde viaja ahora Carmen Posadas?

La literatura es como el mar, como el océano, inagotable. Siempre ofrece nuevas travesías para llegar hasta la felicidad.

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