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Adolfo Domínguez: "Lo importante en la ficción era entenderme a mí mismo y al mundo"

El modisto dice que su vocación era y es la literatura. Ayer presentó en el Teatro Principal ‘Juan Griego’ (Defausta), el relato de un joven en la Argentina agitada de los 70.

Adolfo Domínguez.
Adolfo Domínguez reedita y amplía 'Juan Griego' 27 años después.
Oliver Duch.

¿Qué le debe usted a los narradores orales gallegos?

Recuerdo aquellos días de noviembre, con frío, en que se destilaba el aguardiente en el alambique. Se hablaba todo, especialmente de cuentos de lobos y de la Santa Compaña. Tenía un vecino que era un narrador prodigioso, que se llamaba Bernardo...

¿Qué sucedía?

Lo oías y te quedabas embobado. Recuerdo también las noches de julio y agosto: la gente salía a la calle y contaba historias. Y algunas de ellas se te quedaban en la cabeza y las recuperas luego, casi sin darte cuenta.

Y la literatura, ¿cómo llegó a su vida?

Desde muy pronto. Con apenas 10 años me nombraron bibliotecario de la biblioteca del seminario de Orense, que era muy grande y estaba llena de autores clásicos. Leí incluso a Charles Darwin, pero antes a los grandes nombres: Julio Verne, Rudyard Kipling, Mark Twain, Stevenson. Un año tuvimos un profesor que nos dio un curso completo sobre el Quijote. Fue una experiencia increíble.

¿Por qué?

El Quijote es el libro de mi vida. Es el libro del asombro, de la sabiduría, no se acaba nunca. A mí me gusta mucho Shakesperare, todo Shakespeare, sus personajes y sus diálogos, pero puestos a elegir me quedaría con Cervantes y su gran novela. He leído más de 100 veces el Quijote. También me impresionó mucho ‘El lobo estepario’ de Hermann Hesse. Y ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo: es una novela hipnótica a la que siempre vuelvo.

En 1992 publicó su única novela: ‘Juan Griego’. Y ahora, 27 años después, la reedita, aumentada, reelaborada casi por completo.

Es otro libro. Distinto. Con el mismo personaje. Un hombre que se forja en medio de distintas hostilidades. Ya había escrito muchas páginas, el protagonista tenía vida en mi interior y, de golpe, en Isla Margarita, mientras daba vueltas en un jeep, me encontré con un cartel que ponía: ‘Juan Griego’. Me dije que ese sería el nombre de mi personaje.

Y lo llevó a Buenos Aires…

Tiene su lógica. Antes de saber que existía Madrid (no así Barcelona, donde se conocieron mis padres, donde tenía familia), supe de la existencia de Buenos Aires. A mi aldea siempre llegaban cartas, historias, mensajes, siempre había familiares por allá.

Vayamos con su protagonista. Da la sensación de qué se proyecta en Juan, de que podría ser como un ‘alter ego’ de juventud.

No estoy seguro. He escrito una novela de iniciación, de un aprendizaje vital, y creo que me proyecto en todos los personajes. No los dejo de la mano. Mi personaje favorito es Carmen, la madre de Sofía, uno de los dos amores de Juan Griego. Me proyecto también en los demás personajes: cuido mucho los secundarios, son importantísimos para mí. Y a muchos los he conocido…

¿Cómo que los ha conocido?

En la novela entran y salen familiares, amigos, vecinos, gentes con las que te encuentras a lo largo de la vida y que transformas en tu novela, que es un libro de ficción. De pura invención. ‘Juan Griego’ cuenta la historia de un joven militar que crece entre dificultades, en plena dictadura argentina, entre dos amores.

¿Qué buscaba?

En eso soy muy seguidor de Juan Ramón Jiménez: quería decir en un texto ambicioso, lleno de historias, redactado en una poesía de verso libre, el nombre exacto de las cosas. La trama es importante, pero lo más importante para mí era entender: entenderme a mí mismo y al mundo.

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