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Páginas de Espuma: vivir del cuento 20 años atrae el Premio Nacional de Edición

El Ministerio de Cultura reconoce la gran labor de Juan Casamayor y de Encarnación Molina. «Este galardón supone una felicidad absoluta y una alegría inmensa», dice el editor aragonés en Madrid

Juan Casamayor y Encarnación Molina.
Juan Casamayor y Encarnación Molina, editores de Páginas de Espuma.
Enrique Cidoncha

ZARAGOZA. Juan Casamayor y Encarnación Molina llevan dos décadas viviendo del cuento. Lo leen, lo estimulan, lo publican, lo difunden y lo venden en su editorial Páginas de Espuma. Ayer recibieron una de esas noticias que «te dejan ‘terriblemente’ felices», decía Juan con énfasis: el Ministerio de Cultura les ha concedido el Premio Nacional a la Mejor Editorial Cultural de 2019 «por sus veinte años de dedicación constante e independiente a la mejor literatura, su atención especial al ámbito del cuento, y por cultivar el vínculo entre las dos orillas del Atlántico». El jurado resaltó, además, «el fomento de la lectura en el entorno escolar y su empeño en poner al alcance de los lectores y lectoras la obra completa de cuentistas universales».

El editor zaragozano, nacido por azar en Madrid en 1968 y alumno de Ana María Navales, estaba radiante. Decía: «Cuando te dan una noticia de ese calado, la verdad es que, dentro de la vorágine del día a día, de todas las cosas que debe hacer un editor, supone como un stop para reflexionar acerca de lo que se ha hecho. Algo similar nos ha pasado y nos está pasado con el vigésimo aniversario: son momentos que sirven para evaluar y valorar el trabajo que muchas veces, secretamente, de una forma invisible, en todo caso en una forma donde uno, pierde un poco la perspectiva de cómo trasciende más allá de los libros. Supone una felicidad absoluta, una alegría inmensa, y también nos lleva a considerar que ha habido más aciertos que errores».

800 títulos. Arte de lo breve

Páginas de Espuma se inclinó desde sus inicios, en 1999, por las colecciones de cuentos. Así, ha publicado a Chéjov en cuatro volúmenes, a Poe, a Maupassant, a Pessoa cuentista, o a los aragoneses Javier Tomeo y Patricia Esteban Erlés. Agrega Juan: «El galardón también supone que el premio va mucho más allá que la editorial, el premio es del catálogo, de los escritores y escritoras que conviven en él, de esas dos geografías, esas dos orillas, tanto simbólicas como físicas, y también es de todo ese lado maravilloso que nos apoya día a día, que son las librerías. El trabajo que hacen supone un acicate para seguir hacia adelante. Los retos que vienen en el mundo del libro son muchos y profundos, van a tener que seguir trabajando, y su actitud es un empuje para ello». Dice Casamayor que la distinción, honorífica y sin dotación económica, acarrea una corriente variada y muy rica de sensaciones.

Páginas de Espuma ha publicado 800 títulos de biografía, ensayo, pero esencialmente de cuentos. «¿Por qué el cuento? Un editor, ante todo, debe ser un lector. Esa es la base de todo el trabajo. No solo porque una buena lectura supone poder elegir luego el texto, supone que, a partir de esa lectura, vas a poder crear un debate maravilloso con el autor para poder convertir ese manuscrito en un libro. Un editor es responsable de apasionarse con la lectura que hace», explica.

Dice que, observando un poco el panorama de finales de los 90, no había editoriales de cuento pero «sí había muchos autores y una tradición maravillosa. Ese principio lector fue lo que nos empujó a hacer del cuento la columna vertebral, el eje principal del catálogo». Dos décadas, después, con diversos premios a la espalda, Encarni y Juan constatan que «esta locura de editar cuentos no nos ha salido tan mal».

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