Ocio y Cultura

El mejor retrato de Eduardo del Pueyo

La edición de una caja con cinco cedés que recogen grabaciones históricas del pianista zaragozano ha renovado el interés mundial por su figura artística y docente

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Eduardo del Pueyo, uno de los pianistas más destacados del siglo XX
Heraldo

Eduardo del Pueyo (Zaragoza, 1905-Bélgica, 1986) forma, junto a Pilar Bayona y Luis Galve, la tríada de grandes pianistas aragoneses del siglo XX. Quizá sea el menos conocido en su tierra, pero a buen seguro es el de mayor calado internacional. Un calado que está creciendo en las últimas semanas gracias a una novedad discográfica. El sello Decca, una referencia para los melómanos, ha lanzado a nivel mundial una caja con cinco cedés que reúne todas las piezas que el genial pianista aragonés grabó para el sello Phillips en los años 50. La edición llega dos años después de que la discográfica Pavane reeditara en nueve cedés su integral de las sonatas de Beethoven. Del Pueyo aún es el único pianista español que ha grabado la integral.

La crítica internacional se ha rendido de inmediato ante el intérprete que se autoafirma en la caja de Decca: «La sinceridad y el respeto por el texto musical fueron los mantras de Del Pueyo –ha escrito Stephen Greenbank en Musicweb International–. Tenía una técnica formidable pero, como gran intérprete que era, la puso al servicio de la música». «Su musicalidad innata, aunque un poco introvertida, se sitúa entre el dominio técnico, el sabor de la delicadeza y la inteligencia», ha aplaudido desde Francia Maciej Chizynski.

«La cultura aragonesa debe celebrar la aparición de este conjunto de obras –señala el pianista zaragozano Rubén Lorenzo–. Esta edición es una muestra de su personalísimo estilo de interpretación, de su pensamiento musical y de su escuela pianística. Además, Del Pueyo desarrolló una metodología de enseñanza propia».

Unas reglas que se mantienen vigentes hoy en día. Desde Bélgica, donde vive, el pianista oscense Mariano Ferrández destaca que «en el Conservatorio de Bruselas se habla a diario de la ‘Escuela de Del Pueyo’ y hay una placa en su recuerdo en el aula donde daba clases. Aquí de vez en cuando ponen sus grabaciones en la radio. Era un fiel seguidor de las técnicas pedagógicas de Marie Jaëll, y a lo largo de toda su vida tuvo muchos alumnos y muy buenos, tanto en el ámbito cultural francófono como en el flamenco. Alumnos suyos han sido figuras como Jean-Claude Vanden Eynden o André De Groote, muy influyentes en cada uno de los dos ámbitos». También lo fue el pianista aragonés (nacido en Luxemburgo) Miguel Baselga, uno de los más destacados en el panorama internacional.

Del Pueyo, que debutó a los 15 años con la Filarmónica de Zaragoza, desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en Francia y, sobre todo, en Bélgica, donde vivió cincuenta años. Fue un pianista genial, vibrante, personal, y un docente extraordinario. Para entender sus particularidades hay que acudir a un libro que publicaron sus alumnos tras su muerte, ‘Eduardo del Pueyo. Entretiens sur le piano’. Su método pedagógico consiste, entre otras cosas, en dar a cada dedo su propia personalidad y estudiar superdespacio, analizando hasta el más mínimo detalle para que el intérprete lo controle absolutamente todo. Apostaba por usar sillas bajas, más aún de lo que era la que empleaba Glenn Gould en sus conciertos. Sus aportaciones técnicas para el estudio del piano siguen en vigor en Bélgica.

Pero no es el docente el que aparece retratado en los discos ahora reeditados, sino el intérprete. Miguel Ángel Tapia, gerente del Auditorio de Zaragoza, lo define como «un pianista para iniciados, con una amplitud sonora muy diferente a lo que se oía en su época. Fue uno de los grandes del siglo XX». «Un intérprete con mucha personalidad, garra y fuerza», apostilla Ferrández. Y el melómano Plácido Serrano, que en 2002 incluyó una grabación de Del Pueyo en el librodisco ‘Zaragoza Patrimonio’, que coordinó, se lamenta: «Aquí tiene una calle y se le ha dado su nombre al auditorio del Conservatorio Superior, pero a nivel popular se le conoce poco aún. La reedición de sus discos puede ayudar, pero el desconocimiento pone de relieve lo urgente que es crear un Archivo Musical de Aragón».

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