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Por qué el calor nos quita el sueño

Cada ves son más las noches tropicales, con temperaturas por encima de los 20 grados. No podemos dormir porque nuestro hipotálamo no está acostumbrado.

Shahab Haghayegh, autor de un estudio sobre el sueño afirma que “tomar un baño caliente aumenta la circulación sanguínea, permitiendo que el calor se aleje de su núcleo y la temperatura de su cuerpo disminuya”.
Shahab Haghayegh, autor de un estudio sobre el sueño afirma que “tomar un baño caliente aumenta la circulación sanguínea, permitiendo que el calor se aleje de su núcleo y la temperatura de su cuerpo disminuya”.
ANINDITO MUKHERJEE/REUTERS

Ahora somos Marruecos. Es como si todo el continente europeo se hubiera movido 400 kilómetros más al sur. Incluso ha cambiado la manera de llover, con muchos menos frentes atlánticos. "Ahora las borrascas entran desde el suroeste", resume el meteorólogo aragonés Francho Beltrán cuando se le pregunta por qué por qué batimos récords de calor cada año. Es la razón por la que en mayo ya sube el termómetro, junio es irrespirable y en julio se superan los 44 grados en el valle del Ebro.

También se nota a la hora de dormir. La observación empírica confirma la creencia popular de que cada vez hace más calor por la noche. Y la Universidad de Zaragoza (UZ) publicó recientemente un informe en el que analiza las temperaturas de la capital zaragozana y determina que los termómetros no han dejado de subir en los últimos 120 años. "Los hay que recuerdan, por ejemplo, que en los años ochenta hacía calor en Zaragoza, pero se podía dormir bien. No había tantas noches tropicales (con temperatura superior a 20 grados) como ahora. Es porque ha sido en las temperaturas mínimas donde más se ha notado este cambio", señala Beltrán. En el informe de la UZ, realizado por el departamento de Geografía y Ordenación del Territorio, se indica que el centro del valle del Ebro está pasando por la década más calurosa desde 1892; que el aumento de la temperatura media ha sido de 1,6 grados, y que en los primeros 30 años del siglo XX hubo 89 noches tropicales (por encima de los 20 grados), mientras que entre 1991 y 2010 el número fue de 386. Desde los noventa, además, se dan más casos de ‘noche tropical’ en primavera y otoño. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto conciliar el sueño cuando hace calor?

El hipotálamo se cansa

El calor es una pesadilla también por las noches. Muchas veces nos preguntamos por qué cuesta tanto dormir durante esas tórridas noches de verano. La clave está en el hipotálamo, una pequeña estructura subcortical situada en el centro del cerebro, que tiene infinidad de funciones, como regular las emociones, la sensación de hambre o el sueño. Pero también la temperatura corporal. Por eso, durante las noches en las que el organismo tiene que adaptarse a una temperatura ambiente mayor, se produce una hiperexcitación cerebral que motiva que cueste más conciliar el sueño, aumente la ansiedad y dificulte que el descanso sea reparador.

Si el que sufre este contratiempo está de vacaciones, está más relajado y tiene más tiempo para trampear la carencia de sueño durante el día con una siesta reponedora, pero si sigue con su rutina laboral y tiene que madrugar, esa falta de sueño incide en todo lo demás. Esto supone un gran esfuerzo para el cerebro, al que no le queda más remedio que desatender otras funciones para poder dedicar toda su energía a adaptarse al calor intenso.

No es fácil convivir con el calor, aunque los ciudadanos están ahora mejor adaptados que hace apenas 20 años. Cada vez es más común disponer de aire acondicionado en hogares y vehículos y el ocio se puede disfrutar en lugares climatizados. Y, aún así, el aumento de las temperaturas entre los años 2000 y 2009 supuso un total de 523 muertos en Aragón, no tanto por el clásico golpe de calor sino por el agravamiento de patologías: embarazos problemáticos, problemas respiratorios y coronarios o enfermedades en personas de edad avanzada. En total, unos 70 muertos al año, según un estudio de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III. En el trabajo, de 2016, participó la zaragozana Esther Roldán, de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de San Jorge.

Bajar la temperatura

La temperatura ideal de nuestra habitación para un buen descanso está en 21 grados. En noches con mucho bochorno, el cuerpo realiza un trabajo extra para poder ventilar y disipar el calor interno. Es un fenómeno más recurrente en zonas del litoral. Y si, además, aún hace calor de madrugada, será complicado que el dormitorio se refresque hasta llegar a esa temperatura.

Y el calor continúa: este martes se ha declarado el riesgo por altas temperaturas en 18 provincias, con máximas de hasta 39 grados. Entre ellas, Huesca, Teruel y Zaragoza. Cada vez es más complicado tener una temperatura nocturna de 21 grados si la diurna se dispara. La media de máximas en julio en el siglo XX era, por ejemplo, en Zaragoza, de 31 grados. Las medias son de periodos de 30 años, se actualizan a su término: 1980-2010, 1990-2020..., y lo que se ve en estas medias que se toman como referencia es que la temperatura es cada vez más alta. En el siglo XX la media de máxima en julio fue de unos 31 grados, y ahora es 32. Veremos qué nos depara el resto del verano.

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