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Ocio y Cultura

miguel ángel berna

"El día que deje de evolucionar me bajaré del escenario"

Desde la jota materna, abraza el ballet clásico, la danza y el flamenco. Cumple cuatro décadas en el escenario

Berna empuña las castañuelas de tela prensada con que empezó a danzar por el mundo.
Berna empuña las castañuelas de tela prensada con que empezó a danzar por el mundo.
Guillermo Mestre

¡Cuánto le han cundido estas castañuelas!

Y me cunden… Son de tela prensada. Las tengo desde que empecé, al poco tiempo de apuntarme a los cursos de jota que nos daba doña Conchita en mi barrio, Santa Isabel.

La historia y su reiteración cíclica: aquí, a Santa Isabel, regresa para posar ahora que nos habla de sus nuevos proyectos.

No olvido mis orígenes. Aquí comencé, en la iglesia. Y estas son las castañuelas que mi padre me marcó con una M y una B. Lo hizo con esmalte de uñas.

Están bien marcadas, sí…

Mi padre era un artista en su oficio, la calderería.

El próximo 9 de noviembre celebrará sus 40 años en el escenario con un espectáculo a lo grande en el pabellón Príncipe Felipe.

Empecé muy jovencito, con siete años. Desde siempre me dejé las rodillas en el escenario. Jotas de pueblo. También en bodas y comuniones. Primero en Santa Isabel y Villamayor, y luego en todo Aragón. No sé si ahora sería capaz, pero entonces me encantaba cantar y bailar.

¿También cantar…?

Claro. El otro día escuché con Nacho del Río el premio que gané con 13 años en Cenicero, en La Rioja, en 1982. Fue la última vez que canté en público.

Nos regala una primicia...

Sí, sí, me llevé el primer premio. Recuerdo que fue en el frontón de Cenicero, allí, con las mejores promesas riojanas y navarras. También hablé con Nacho del Río de los cambios de voz. En mi caso significó dejar de cantar. A él también le cambió la voz.

Pero tuvo buen maestro. Palabras mayores: Jesús Gracia.

Mis vivencias me remiten más al escenario que a los estudios.

Además, explorando, intentando abrir la jota a nuevos caminos.

Me llena de felicidad poder expresarme desde las raíces de mi tierra. Esto es un privilegio porque no tengo que buscar fuera las herramientas con que expresarme.

Algún purista le ha censurado…

Nunca he pretendido quitar nada para poner otra cosa, ni mucho menos renegar de un pasado que considero riquísimo. Sencillamente, he evolucionado y seguiré evolucionando. El día que deje de evolucionar me bajaré del escenario.

Lo lleva bien, con filosofía. ¿Estamos ante un estoico? Quizá ante un epicúreo… Hedonismo racional, buena cosa...

Me detengo más en Platón. Me marcó el mito de la caverna. Vivimos en nuestras tinieblas… Nunca atendí a las sombras, siempre he buscado la luz. Esta búsqueda me he llevado de un pequeño escenario en Santa Isabel al City Center de Nueva York, a Japón, al Auditorio de México o ante 150.000 espectadores en Melpignano (Italia)… Qué decir cuando aparecí en el Arena de Verona inmediatamente después de un genio como Plácido Domingo.

En Verona, ¡armado con un par de castañuelas!

Fue un acto precioso de comunicación. Comunicar, sentirte desarrollado porque comunicas, porque llegas al espectador. No es el yo, es el todos juntos. El yo exclusivo, el ego, no me gusta nada. Egoísmo viene de ego, y un artista no es nadie sin el público.

Desde ‘Rasmia’, hace ya dos décadas, se ha expresado en diversos registros en un número ya considerable de obras.

Recuerdo el estreno en Madrid de ‘Rasmia’. Nadie conocía el significado de esa palabra tan aragonesa. Ahora se conoce más… Llegaron ‘Solombra’, ‘Mudéjar’, ‘Encuentros’, ‘Amares’, ‘Goya’, ‘Berna se escribe con Jota’, ‘Mediterráneo’, ‘Buñuel del deseo’… De toda esa trayectoria haremos una síntesis el 9 de noviembre.

Esto promete…

Las entradas ya están a la venta. Habrá más de cien artistas en el escenario. Evocaciones al mudéjar, al flamenco. En otro bloque, referentes eternos aragoneses: Buñuel, Goya, Ramón y Cajal, y Saura. Al final, buscaremos el Mediterráneo con ‘Dos Tierras’. Dos que son una unidas sobre el escenario.

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