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El ventrílocuo Francisco Castillo, de Borja: de la gloria al más cruel olvido

Manuel Gracia Rivas investiga la historia de este artista que trabajó en Estados Unidos, Brasil y América del Sur con su compañía de 25 autómatas. Su huella figura en los diarios del mundo, y en 1922 habló para HERALDO

Francisco Castillo.
Montaje del teatro del Caballero Castillo con sus autómatas. Llegó a manejar 25, entre ellos Pinocho.
Cesbor

No es el payaso Marcelino Orbés, pero la historia de Francisco Castillo, ventrílocuo de Borja y artista de circo durante años, parece fascinante. Lo que más impresiona de él es como alguien que ha estado en la cúspide ha caído en el olvido más absoluto. Y este es su caso», dice Manuel Gracia Rivas, director del Centro de Estudios Borjanos, que se halló por azar y por su curiosidad habitual con este Caballero Castillo que recorrió medio mundo con su compañía de autómatas, formada por 25 muñecos o personajes mecánicos que fabricaba él mismo.

Manuel Gracia Rivas publica todos los días cuatro entradas sobre temas vinculados con la comarca histórica de Borja en el blog del centro. Ya lleva 7.900 desde 2012. «Nos interesa todo. A veces son temas menores, fugaces, otras veces aparecen figuras más reconocidas. Hace poco tuve que ir a un congreso a Alicante, e intenté avanzar mis artículos. Cuando no es fácil hallar asuntos, vas al gran archivo de periódicos que tenemos, y de ahí salen muchas cosas», explica.

Así emergió el relato de Paco Castillo, «un borjano de pura cepa». En HERALDO del 21 de septiembre de 1922 el reportero ‘El fantasma del Huecha’ («y maldito seudónimo u ocurrencia que ahora nos impide saber quién era, aunque yo sospecho que era Emilio Alfaro Lapuerta, el periodista y padre de Emilio Alfaro Gracia, médico, cineasta y concejal socialista», apunta Manuel) firma una ‘Conversación con un gran ventrílocuo aragonés’. 

Francisco Castillo.
El mejor retrato que se conoce del Caballero Castillo.
Cesbor

Allí, Paco Castillo, como también se le llama, cuenta que, con 16 años, «empecé a trabajar como acróbata, unido a una compañía de circo que de Barcelona salió para América; allí estuve diez años, seis en América del Norte y el resto en América del Sur, donde aprendí correctamente el inglés y el portugués». El «trabajo mecánico de acróbata» no llenaba sus afanes, porque «mi carácter necesita independencia y no podía sujetarme a la eterna monotonía a que estaba sujeto».

Decidió hacer algo suyo y lo alternó todo: la construcción mecánica de sus muñecos, el uso de diversas voces y la redacción de los guiones. «En algún texto aludía a ello con orgullo. Aún no he podido verificar su fecha de nacimiento. Creo que su familia vivía en la calle Moncayo y él también. Con todo, su memoria ha desaparecido de Borja», agrega.

El mismo Castillo recordaba que, tras iniciar su aventura en solitario, estuvo 50 días en Lisboa, donde el público le hizo «múltiples demostraciones de simpatía». Luego se trasladó a Madrid, y permaneció dos años: primero en Rosales y luego en La Zarzuela. En 1922, declaraba que nunca había trabajado en su ‘patria chica’, Zaragoza: «Es la única aspiración que me queda por satisfacer y quiero lograrla muy en breve aun a costa de tomar un teatro por mi cuenta; dejaría de ser aragonés si no consiguiese mi propósito por costoso que fuese».

Francisco Castillo.
Retrato con firma de Francisco Castillo.
Cesbor

En la entrevista anunciaba actuaciones en el Teatro Gayarre de Pamplona, en Valencia y en Baleares, y decía que volvería pronto a Brasil. «En Brasil era un personaje. Se le puede seguir el rastro. Estuvo en Perú, Bolivia, Argentina, Chile, etc. Era importante, hay ecos de él en los periódicos y revistas de muchos sitios. Entre los muñecos que llevaba, Pinocho y Matías se hicieron muy populares. En 1928, el diario ‘Las Noticias’ de Canarias anunciaba otro personaje suyo, el de Pipo Musical, y el periodista se pregunta si era hombre o muñeco, debido a su meticuloso realismo».

Ese realismo le generó algún que otro equívoco. Contaba el propio Caballero Castillo que «estaba en la aduana de Porto Alegre (Brasil), esperando pacientemente que llegase el turno de revisión de mi equipaje; tan duramente lo bandearon sin pensar en la posible fragilidad de su contenido, que, indignado, uno de mis muñecos lanzó un quejido lastimero; la expectación general que se produjo no es para describirla y a pesar de mis protestas dieron conmigo en la cárcel hasta que palpablemente pudieron convencerse de que no llevaba ‘gato encerrado’ el contenido de este viejo ‘mundo’ que llegaba al Nuevo Mundo y creían portador de un horrible crimen».

Francisco Castillo.
Un periódico de 1914, 'La Época', latinoamericano, que anuncia en portada la actuación del artista de Borja.
Cesbor

HERALDO publicaba una foto «del insigne Méndez», que no «era otro que Manuel Méndez, abogado, culto, que se había arruinado en Zaragoza y fue acogido en Borja unos años, donde ejerció de fotógrafo. Luego regresó a Zaragoza y fue magistrado suplente de la Audiencia; falleció de repente dirigiéndose, ya octogenario, a su cometido. Era, como Francisco Castillo, todo un personaje de novela», concluye Gracia Rivas.

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