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El Museo Goya trae a Zaragoza un retrato que el pintor realizó a Fernando VII

La obra, del Museo Thyssen, es la estrella de la muestra ‘El viaje del Rey’, que se inaugura este jueves

Retrato de Fernando VII
Detalle del retrato que Goya realizó a Fernando VII y que viene a ZaragozaI
Museo Nacional Thyssen- Bornemisza

El éxito de una exposición depende, hoy más que nunca, de que la calidad de las piezas vaya unida a un argumento científico que ilumine nuevos aspectos históricos o artísticos. Por eso va a ser un éxito ‘Fernando VII. El viaje del Rey’, que se inaugura el próximo jueves en el Museo Goya de Zaragoza. La muestra tiene un punto de apoyo excepcional, el retrato que el pintor de Fuendetodos realizó al monarca en 1814, cuando regresaba a España y era necesario respaldar su retorno con una iconografía acorde a su linaje.

La pieza, un óleo sobre lienzo de 84 por 63,5 centímetros, pertenece al Museo Thyssen y su mera presencia ya justifica cualquier exposición. Si Fernando VII visitó Zaragoza en su regreso a Madrid, la Fundación Ibercaja y el Museo Goya han conseguido ahora que su retrato haga el viaje inverso y permanezca durante unos meses en la capital aragonesa.

«La exposición nace de la posibilidad de tener durante unos meses en Zaragoza ese retrato de Fernando VII –relata el historiador Pedro Rújula, que ha ejercido las labores de comisariado–. Y a partir de ese retrato hemos generado un discurso expositivo. El año en que Goya realizó la pintura, 1814, es clave en el el reinado de Fernando VII. Regresa a España tras seis años de ausencia y no lo hace de cualquier manera: durante dos meses, entre el 13 de marzo y el 13 de mayo, el rey va aproximándose a Madrid, en lo que constituye una tremenda jugada de ajedrez político».

Y es que los primeros 800 kilómetros del recorrido, iniciado en el castillo de Valençay, los hizo en tan solo 6 días, mientras que los 800 restantes le costó completarlos mes y medio.

«El ralentizó el viaje de forma muy calculada. Hay que tener en cuenta que cuando entró en nuestro país era en realidad un protorrey; tenía que ser reconocido en las Cortes en Madrid. Y eran las propias Cortes las que le habían asignado una pequeña guardia y le habían marcado un itinerario que debía seguir. El se lo saltó, viniendo a Zaragoza, con la excusa de que lo había invitado Palafox. En la capital aragonesa estuvo cinco días, antes de partir hacia Valencia, ciudad que sí estaba en el recorrido inicialmente previsto. Y fue en esa ciudad, en la que permaneció 20 días, donde recabó apoyos internacionales, sumó fuerza militar, diseñó una campaña de propaganda y preparó los decretos del 4 de mayo, en los que declaraba su negativa a aceptar el orden constitucional. Cuando llegó finalmente a Madrid, el monarca constitucional era ya un monarca absolutista».

Esa metamorfosis, «un gran episodio de la política contemporánea, una jugada maestra», como la califica Rújula, explica la exposición, que en cierto modo entronca con otra anterior, ‘Aragón y la ocupación francesa’, de 2013.

El lienzo del Museo Thyssen se inscribe dentro de un grupo de pinturas con el mismo motivo atribuido al pintor y fechado tras acabar la Guerra de la Independencia, en 1814. Según los especialistas, el conjunto no fue un encargo hecho directamente por Fernando VII, sino que se lo solicitaron desde organismos públicos e instituciones provinciales para que la imagen del monarca presidiera sus sedes. El rey posó para el pintor en 1808, con motivo del retrato ecuestre que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La similitud entre el retrato de la Academia y algunas de estas pinturas ha llevado a pensar que tal vez utilizó para todos el mismo boceto. El lienzo del Museo Thyssen guarda similitudes con el retrato de cuerpo entero del Museo Nacional del Prado, de 1814-1815.

Pero, aun siendo la pieza estelar, en ‘Fernando VII. El viaje del Rey’, hay mucho más que ver. Los museos del Prado y Lázaro Galdiano, Patrimonio Nacional y Diputación de Zaragoza, entre otras instituciones, han cedido obras para la exposición.

Destacan, por ejemplo, tres pinturas en las que Miguel Parra (Valencia, 1780-Madrid, 1846) reflejó el viaje del monarca. Para Aragón, la de mayor significado quizá sea ‘Coso Bajo, 1814. Entrada triunfal de Fernando VII en Zaragoza’. En el lienzo puede verse la destrucción que dejaron los franceses en la ciudad y las ruinas del Seminario.

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