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Diego Aznar: "Encargar un retrato ya no es cosa de la nobleza o el pudiente"

Bendecido por el BP Portrait Award de Londres en 2016, este joven pintor turolense se ha hecho un hueco como retratista de rectores universitarios.

Diego Aznar, pintor turolense, en su estudio.
Diego Aznar, pintor turolense, en su estudio.
Jorge Escudero

No todo el mundo es seleccionado para optar al BP Portrait de Londres, el premio de retratos más importante del mundo. ¿Qué supuso para usted tal nominación en aquel 2016?

Una alegría enorme, ya me había presentado una vez y no hubo suerte. Aposté por un cuadro pequeñito, de 25x25 centímetros, titulado ‘Insomnio’, que no pinté específicamente para el concurso, creo que lo contrario condiciona al artista de una manera no muy buena.

¿Le abrió puertas?

Sí. Aunque no gané el premio, mi nombre sonó y el entonces rector de la Universidad de Zaragoza Manuel López, recientemente fallecido, me encargó que le hiciera un retrato para la galería que hay en el paraninfo aragonés. A partir de esa obra, me pidieron otros tres retratos de rectores para la Universidad de Lérida. Estoy metido en ese proyecto.

¿Vive de ello?

Este año tengo un equilibrio bastante aceptable entre los encargos y algo de venta de obra propia, que combino con las clases de pintura que doy en mi estudio en Teruel.

Comenzó pintando retratos a sus amigos. ¿Es un lujo al alcance de todos los bolsillos?

Sí. Un retrato puede parecer algo de otra época y se tiene la idea de que quien lo encarga tiene un gran ego. Sin embargo, yo veo que piden un retrato los apasionados por la pintura y quienes quieren tener un recuerdo. Ahora, el retrato va cogiendo otros derroteros, ya no es una cosa de la nobleza o el pudiente.

¿Y no cree que la fotografía va por delante?

La fotografía también existe, pero la pintura va más allá. En la pintura está la materia, la presencia del pintor. Aunque no lo parezca, el cuadro queda impregnado de todo ello.

¿Le piden los clientes salir guapos en el retrato?

No. Soy yo el que me condiciono con el encargo. No busco la idealización, porque soy un pintor realista y me ciño al modelo. Sin embargo, no doy salida a una obra hasta que considero que está bien y en ocasiones tengo la sensación de que podría haber disfrutado un poco más experimentando.

¿Es cierto que el buen pintor debe encontrar el alma del retratado?

Yo no me lo propongo. Creo que el encargante quiere ser él mismo y yo lo intento. Si buscan un retrato de su alma o una imagen más simbólica, deberían buscar a un pintor expresionista.

Todas sus obras giran en torno al ser humano. ¿Qué quiere transmitir?

Me cuesta hablar sobre mi obra. Me preocupa la condición humana. He trabajado sobre la parte emocional más adversa, aquellas emociones que se consideran negativas y se quieren ocultar.

Uno de sus maestros ha sido Antonio López, referente de la pintura hiperrealista en España. ¿Qué aprendió de él?

Siento una profunda admiración por su obra y su persona, que a veces no van juntas, pero en este caso, sí. Antonio López es una maravilla en todos los aspectos y ha influido en mí. Compartimos ideas y conceptos.

Nueve premios, una veintena de exposiciones colectivas y dos individuales. ¿Cómo se promociona un pintor?

No lo sé, desconozco la fórmula. Es complicado. Estoy en Teruel y me animan a salir y conocer gente, pero yo soy un pintor de estudio, trabajador y la parte de comunicación la llevo peor.

¿El pintor nace o se hace?

Pueden ocurrir ambas cosas. Tiene que haber una predisposición, pero, como profesor, veo pasar un montón de alumnos por mi estudio y sé que consiguen su propósito los que ponen empeño.

¿En qué proyectos anda?

En cuanto pueda, emprendo otra vez la producción propia. Pintar no es solo aplicar la pintura, este trabajo tiene detrás un complejo proceso intelectual y una reflexión que requieren su tiempo. No es sencillo.

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