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Una enfermera del Moncayo en la I Guerra Mundial

Yolanda Guerrero publica 'Mariela' (Ediciones B), la imaginaria historia de una aragonesa que combatió la gripe española en París, Berlín y Moscú

Yolanda Guerrero.
Yolanda Guerrero, la escritora y periodista que crea un personaje de ficción del Moncayo y lo lleva a la I Guerra Mundial.
José Miguel Marco.

Yolanda Guerrero (Toulouse, Francia, 1962), periodista de ‘El País’ y de otros medios durante años, decidió dar un salto hacia la ficción. Debutó con ‘El huracán y la mariposa’ (2017), que presentó en Cálamo, y firmó en la Feria del Libro de Zaragoza, en París, su nuevo título: ‘Mariela’ (Ediciones B), una novela que contiene una aventura de mujer, la Mariela o María Veruela del título, vinculada a Trasmoz y Cañada de Moncayo, y también de mujeres sacrificadas, esas enfermeras que eran “auténticos ángeles blancos” que sufrieron la I Guerra Mundial y sus horrores desde misiones humanitarias.

A la vez, ‘Mariela’ es una ficción alrededor de la mal llamada gripe española. “No tengo ningún vínculo con Aragón, salvo uno esencial: me gustan sus paisajes y sus gentes, su historia, le tengo una gran simpatía. Y es muy consecuente con Veruela y el Moncayo, con la brujería y la botánica, que mi personaje fuera de allí”.

“La gripe española acabó con millones de personas. No se sabe con exactitud las cifras. En Europa, en guerra, no se podía hablar de su existencia. Era poco patriótico y heroico decir que los jóvenes soldados se morían de gripe. Era una muerte terrible que dejaba los cadáveres hinchados y amoratados, y una inmensidad pena en las familias. Tristeza, perplejidad y desamparo. En España, en cambio, como no había censura y estábamos al margen de la contienda, se hablaba de ello: se le llamaba la gripe europea. Desde aquí, los españoles intentamos que fuera también la fiebre francesa, sin éxito alguno”, dice Yolanda.

La novela empieza en 2018 cuando a la archivera y documentalista Beatriz, nacida en 1980, la echan de su trabajo. Regresa a la casa familiar, en Cañada de Moncayo, y allí descubre la existencia de las mujeres de Trasmoz, expertas en hierbas, y ligadas a las becquerianas Tía Casca y Tía Galga.

Yolanda Guerrero.
Yolanda Guerrero reivindica a las mujeres solidarias y olvidadas.
José Miguel Marco.

Entre ellas, figura su antepasada María Veruela. Mariela, que escribió cartas y diversos fragmentos de sus diarios. “Con sus conocimientos de botánica, partirá a Madrid a hacer enfermería en el colegio Santa Isabel de Hungría, un centro del que ya hablaba Cecilio Núñez, autor de ‘Flora del Moncayo’. Estudia, se licencia, adquiere experiencia”. En ese viaje a Madrid, no solo se hace una buena profesional, sino que descubre a escritores cuyos libros la van a marcar como Antonio Machado y Miguel de Unamuno, pero también Concepción Arenal, Rosalía de Castro, le estimula en concreto su novela ‘La hija del mar’, o Emilia Pardo Bazán”, dice.

Su evolución la lleva a colaborar en la I Guerra Mundial: la veremos en la retaguardia de París, en Berlín, y luego al frente ruso. “Esta es una novela de ficción basada en hechos históricos. Donde no llega la realidad, alcanza la imaginación. Y lo que hago, en realidad, es mezclar a las criaturas de ficción con personajes reales”, dice.

Por eso, Guillaume Apollinaire se le muere en sus brazos. Vive de cerca el brutal asesinato de Rosa Luxemburgo el 15 de enero de 1919 en Berlín. En Moscú conoce a la esposa de Lenin y a su amante, y sabe de las contradicciones de un hombre que decía una cosa y practicaba otra, y llegaba a discutir en público con su amante. Aparecen Gertrude Stein, su compañera Alice B. Toklas, el poeta Blaise Cendrars o la periodista y escritora Mary Borden, “cuyos cuentos de guerra tardaron años en publicarse”. Yolanda Guerrero evoca especialmente uno, ‘Parafernalia’, donde puede leerse: “Espera. Espera. Está a punto de ocurrir un milagro. La muerte está a punto de entrar en la habitación”.

Yolanda Guerrero.
Mary Borden dedicó cuentos y poemas a su paso, como enfermera, por la I Guerra Mundial.
Archivo Heraldo.

Añade: “Mariela se comporta como una heroína, cuenta el horror, pero como tantas otras mujeres caerá en el olvido. ¿Cuántas Marielas habrá en la historia contemporánea? Muchas, muchísimas, se lo puedo asegurar. Y muchas de ellas de ellas andan por aquí: atraviesan ese período fascinante de la Historia. Los médicos eran importantes en la retaguardia, curaban, amputaban, etc., pero estas mujeres les ayudaban a los soldados a sufrir, a morir, a combatir el miedo y a abrazar la muerte con sosiego y quizá con otra suavidad”, añade, y recuerda que una de las enfermeras desliza esta sensación: “Nosotras escribimos la historia en minúsculas, la de verdad».

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