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Niños y libros: cómo hacer para que surja la chispa y el amor dure más de un verano

Libreros y escritores sugieren que los pequeños se diviertan y los padres se relajen y no piensen en resultados.

El verano es un buen momento para acercar a los niños a la lectura.
El verano es un buen momento para acercar a los niños a la lectura.
ARANZAZU NAVARRO

¿Su hijo no lee? ¿O no tanto como le gustaría? ¿O los títulos que le gustarían? Relájese. Libreros y escritores coinciden en que el hábito de la lectura no debería entrar en el pantanoso terreno de la paternidad aspiracional que puede, en el peor de los casos, hacer de nuestros hijos una fuente de frustraciones. Que leer no tiene si no beneficios parece evidente, pero no queda tan clara la postura que deben adoptar los padres cuando sus vástagos no tienen la lectura como principal afición o, directamente, ni se la plantean. Con el fin de las clases y el maratón de extraescolares, aflora el tiempo libre y, con ello, se abre una ventana a la esperanza.

Itziar Abril y Ana Segura son libreras en Cálamo Infantil, en Zaragoza, y lo tienen claro: hay que huir de la idea de que todo en la vida ha de servir para algo. Para ellas, la lectura, especialmente en edades tempranas, ha de ser, sobre todo, ocio y divertimento. Eso sí, reconocen que es complicado abrirse paso con un libro en medio de una ilimitada oferta plagada de ganchos digitales. Los libros han de competir con ‘tablets’, videojuegos y televisiones a cualquier hora del día. Ni siquiera el puro aburrimiento, prácticamente proscrito en la rutina de un niño de 2019, puede ser tenido ya como mediocre banderín de enganche a la lectura.

Con este panorama, Abril y Segura recomiendan, por un lado, "no cerrar puertas a ningún tipo de literatura". Opinan que los niños "han de leer cosas que les gusten, y los padres no deberían denostar ciertos títulos o géneros; ni forzar con cosas que ellos disfrutaron de pequeños, es normal que se decanten por referencias que les son cercanas, porque, además, como los adultos, no son ajenos a las campañas de publicidad, a lo que oyen de otros compañeros...". "Hay que abrir todas las vías, hasta la de internet también. Yo misma he leído muchas cosas en la red, como blogs...», cuenta Itziar. "No todo tiene que servir para algo", añade. Y apunta que en los últimos años proliferan las lecturas con «moraleja» o claramente pedagógicas.

Hay que entrenar

María Frisa, autora, entre otras, de la exitosa serie de libros juveniles ‘75 consejos’, abunda en esta idea: "Leer es como cualquier otra actividad, no podemos pretender que nuestros hijos jueguen en la NBA desde el primer momento, primero tendrán que entrenar" . "Lo más importante es conseguir que les guste, que no sea una obligación». Remacha: "Los libros no les tienen que gustar a los padres, sino al niño". María Frisa cree que es más fácil que los más pequeños conecten con libros "divertidos, con los que se rían, en los que se avanza en la acción». Sobre todo, «hay que huir de la finalidad didáctica".

Isabel Soria es escritora. Acaba de presentar su primera novela, ‘La familia de papel’, una historia para todos los públicos que, precisamente, es un canto de amor a los libros. Es también madre de dos niños de 5 y 2 años, a los que ya intenta inocular el gusanillo de la lectura. Pero confiesa: "Creo que los padres de hoy nos sentimos inseguros porque hay asuntos como la irrupción de internet que no acabamos de controlar, es nuevo para nosotros. La mayoría vivimos entre esos dos mundos, el de antes de internet y el de ahora. Aún no sabemos como gestionar que en el móvil haya acceso a todo. Y la lectura aparece, precisamente, como una forma de proteger a los hijos. Leyendo están controlados, hay filtro".

"Ordenar la cabeza"

Otra de las ventajas que encuentra Isabel en la lectura infantil es que "ordena la cabeza". "Porque nosotros antes teníamos menú y ahora hay carta", añade. Y para eso están, sin ir más lejos, las libreras de Cálamo Infantil: "Como decimos, es bueno que lean lo que les gusta, pero también estamos para recomendar aquellos libros que no tienen tanta publicidad detrá"».

Y plantean otro tema "peliagudo": el de la selección de libros por edades. En Cálamo Infantil, por ejemplo, lo tienen claro: no debe ser un criterio férreo. Hasta el punto de que en esta librería de la plaza de San Francisco decidieron quitar los carteles que dividían la oferta por edades. "Hay niños que son más maduros que otros», argumentan. Recomiendan «no quemar etapas" y, en todo caso, "que sean los niños quienes se planteen la lectura de determinados libros como un reto".

Desde su experiencia, proponen más ideas para animar a la lectura. Como que vaya acompañada de algún ritual. En el caso de los más pequeños, que sea compartida con los padres y relajada. Ya para más mayores, ¿por qué no convertir la visita en familia a la librería en un plan interesante? Eso sí, no solo como una experiencia de compra, como el que va al supermercado.

Isabel Soria plantea otra ventaja de la lectura a la luz de los tiempos actuales: "Que hay que empezar y acabar". Junto con el aburrimiento, la capacidad de concentración, sobre todo por periodos largos, es otra de las cuestiones que el uso de pantallas está poniendo en tela de juicio. Itziar Abril cree que el mundo editorial es consciente y que ya hay mucha producción literaria que lo tiene en cuenta. Pero no siempre desde un punto de vista negativo. Para ella, por ejemplo, el ‘bum’ de la poesía entre los adolescentes no es casual, porque es un formato corto y fácilmente compartible, que entronca con las maneras de leer de los jóvenes de hoy en día.

Los libros ilustrados también hacen su labor, cada vez más espectaculares. Y, mientras el tebeo, ese que los padres compraban en el quiosco por 25 pesetas, ha desaparecido, se abre paso un flamante mercado del cómic, en una suerte de versión ‘premium’ de las historietas que poblaban los universos infantiles de hace más de 40 años.

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