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José Ignacio Micolau: “El Bajo Aragón no se ha dormido. Seguimos trabajando”



Este ‘intelectual azoriniano’, archivero, bibliotecario y técnico de Cultura de Alcañiz, recibió del Rey Felipe VI la Orden del Mérito Civil con 40 ciudadanos más de todo el país, entre ellos la aragonesa Belén Luque

Ignacio Micolau.
Retrato de José Ignacio Micolau Adell, un gestor incansable de la cultura del Bajo Aragón.
Archivo Micolau.

Luis Gil, autor del libro ‘Panorama social del humanismo español’, definió a José Ignacio Micolau Adell (Torre del Compte, Teruel, 1956) como “un intelectual azoriniano”. “Creo que es una buena definición. Soy un intelectual poco profundo que ha tocado muchos pitos”, dice este profesional de archivos y bibliotecas, y técnico de cultura, que acaba de ser distinguido por el el Rey Felipe VI con la Orden del Mérito Civil y que rara presume de nada.

“Ni se me había pasado por la cabeza. Pero hace mucha ilusión, desde luego. Pensé en dos antecesores míos, a los que he estudiado mucho: Santiago Vidiella, el autor de ‘Historia de Calaceite’, y Juan Pío Membrado, tan presente en ‘Sadurija’ de Ramón Mur. Ellos recibieron este galardón en los años 20, se lo concedió Alfonso XIII, que lo instituyó, y no fueron a buscarlo. Enviaron una carta y un mensajero”, explica. El Real Decreto de 1926 decía que se creó la Orden del Mérito Civil para premiar “las virtudes cívicas de los funcionarios al servicio del Estado, así como los servicios extraordinarios de los ciudadanos españoles y extranjeros en el bien de la Nación”.

José Ignacio Micolau sí fue con su mujer y con sus hijas. Felipe VI honró a 41 personas por sus méritos y compromiso social, entre ellas también a otra aragonesa: Belén Luque, directora-gerente del Museo Diocesano de Jaca.

“Los Reyes nos recibieron en el Palacio Real, en el gran salón de columnas. Pude hablar con el monarca y le recordé que nos habíamos saludado por primera vez, en Alcañiz, en el año 2000, cuando rendimos homenaje al profesor Antonio Fontán, muy vinculado con Juan Carlos I. Se acordaba muy bien, me dijo que lo consideraban como de la familia”, revela Micolau, y revela otro detalle: “También le dije que habíamos coincidido en Caspe, en 2012, cuando se celebraron La Concordia y el Compromiso de Caspe. Me dijo que aquella conmemoración le había parecido muy importante y le había decepcionado la escasa proyección que había tenido en la prensa nacional”, apunta.

La entrega de distinciones congregó a mucha gente, además de a los monarcas con sus hijas. “No era fácil hablar con nadie. Felipe VI saludó a mi familia, fue muy amable y cercano. También se me acercó el presidente de Gobierno Pedro Sánchez, y me dijo, muy sonriente, que saludase y abrazase a Ignacio Urquizu, nuevo alcalde de Alcañiz. Fue muy cordial. De veras. Le mandé un ‘wasap’ de inmediato al nuevo alcalde, con el que no tardaré en reunirme”. Como se sabe, Pedro Sánchez no creyó demasiado en Urquizu, pero el autor de ‘Cómo somos’ parece un político brillante, con carisma y formación, muy entrañado con su tierra, y no se amilana con facilidad.

La Orden del Mérito Civil es ideal para hacer balance y mirar hacia atrás y hacia adelante. “Me siento orgulloso de unas cuantas cosas. He sido y soy un servidor público. Fue el alcalde José María Pascual quien, poco después de haber terminado la carrera y el servicio militar, me llamó para el Ayuntamiento de Alcañiz. Obtuve una plaza Técnico Superior de archivos, bibliotecas y técnico de cultura. Uno de los grandes momentos fue, sin duda, la creación de la Biblioteca Municipal de Alcañiz que tiene 58.000 registros, de ellos 6.000 películas”.

Otro momento clave fue la adquisición del Teatro Principal de Alcañiz, que fue diseñado en 1890 por el ingeniero Alejandro Mendizábal. El Ayuntamiento de Alcañiz lo adquirió hacia 1978-1979. “Una de las primeras cosas que se hicieron fue cambiar las butacas de madera por otras que se trajeron de Zaragoza, creo que del cine Doré. Y en 1990 se inició el proceso de restauración integral con tramoya metálica”, desvela Micolau, que es el hombre ‘todoterreno’ de la capital del Bajo Aragón.

José Ignacio Micolau.
José Ignacio Micolau recibe la Orden del Mérito Civil de manos del monarca Felipe VI, ante la mirada de la Reina y una de sus hijas.
Casa Real.

Insiste: “Recuerdo muchas cosas: el pintor Joaquín Escuder realizó el gran mural ‘Ónzalos’, que es un hito y una gran pieza de arte contemporáneo. Aún ahora vienen a verlo críticos y especialistas de arte. En 1998, con la adaptación de ‘La guerra de nuestros antepasados’ de Miguel Delibes, se inauguró el teatro, que pasó a ser Teatro Municipal de Alcañiz. José Sacristán pidió venir y esa noche, con su compañero Juan José Otegui, trajo una tarta para celebrar la ocasión. Fue un momento maravilloso”, confiesa.

El trabajo de José Ignacio Micolau ha tenido muchos focos y faros, caminos, compañeros de viajes y bastantes sueños. “Mi trabajo se ha diversificado, es cierto. Con la ayuda de mucha gente y de nuestro equipo hemos programado teatro y danza, hemos proyectado cine, nos hemos preocupado por el cine y la historia y también he coordinado las exposiciones de arte”.

Aquí surgen muchos nombres. Enrique Trullenque era el pintor de Alcañiz, un agitador cultural y el brazo derecho de José María Pascual, y un soñador dinámico que trabajó en Alcañiz y en el Museo de Teruel. “Fue un anfitrión de primera. En su casa y la de Úrsula, su mujer, había cenas y tertulias inolvidables: venían el escultor Pablo Serrano y su compañera la pintora Juana Francés, fotógrafos como Javier Pellicer, un jovencísimo Joaquín Escuder, Rafael Ordóñez Fernández, que trabajaba entonces en la catalogación de la obra del escultor de Crivillén… Serrano participó a principios de los años 80 en ‘La quema del objeto’ y aquel proyecto de vanguardia abrió camino en Alcañiz y el Bajo Aragón”.

Aparecen otros muchos nombres y empeños en este diálogo: la ceramista y poeta Teresa Jassá, “fue clave para mí, por muchas razones. Ella y su hermana Gregoria guardaban los papeles de Santiago Vidiella y los pude manejar. Ellas costearon la edición de la ‘Historia de Calaceite’”, dice, pero también frecuentó el escritor Desideri Lombarte. Y otros nombres: los periodistas y escritores Darío Vidal, Ramón Mur, al director de periódicos Mariano Romance, a la inolvidable Pilar Narvión, al historiador Pedro Rújula...

“No se tratar de mirar hacia atrás con nostalgia. El Bajo Aragón sigue animado, con iniciativas y proyectos. Ahora se pueden hacer muchas cosas y se hacen en pueblos pequeños y no tan pequeños: Valderrobres, Andorra, La Puebla de Híjar, Mas de las Matas o Urrea de Gaén. Ahí están el grupo Poeisis; la librería Santos Ochoa de Ana Muñoz y Eugenio Cano es un revulsivo, igual que la librería de Miguel Ibáñez. Ibáñez que escribe en ‘La Comarca’, una publicación que ya es un grupo, con semanal, radio, internet, y que tiene una directora joven, Eva Defior, muy trabajadora y entusiasta. 'La Comarca' es una voz importante. El Bajo Aragón no se ha dormido, seguimos trabajando”, concluye Ignacio Micolau.

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