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Un libro rescata en edición facsímil la memoria de los pioneros del cine amateur en Aragón

La IFC recupera las monografías del Cineclub Gandaya que publicó el cineasta Alberto Sánchez Millán.

Sánchez Millán, durante el rodaje de una de sus películas
Sánchez Millán, durante el rodaje de una de sus películas
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Cineísta quiere decir cineasta y persona aficionada al cine. Y ese es el término que más veces emplea el inolvidable Alberto Sánchez Millán (Zaragoza, 1943-2009) en su libro ‘Cine Amateur e Independiente en Aragón’, que publicó en su día el Cineclub Gandaya, que proyectaba películas y ciclos de autor todos los viernes en el salón de actos de la CAI, en Paseo de la Independencia 10, entre 1978 y 1991.

Ese libro de 663 páginas acaba de ser recuperado en edición facsímil por la 'Institución Fernando el Católico' con un prólogo de Fico Ruiz, que reconstruye una parte esencial del cine en Aragón, y sobre todo en Zaragoza, a partir del Cineclub Zaragoza, anterior a la Guerra Civil, que festejó su aparición en 1945 con una gala en el Cinema Elíseos, el cineclub Saracosta, que fue su sucesor y el encargado de organizar nueve ediciones, entre 1961 y 1978, del Festival Internacional de Cine Amateur Ciudad de Zaragoza, y el ya citado Gandaya.

Fico Ruiz, además, realiza un retrato del autor y abunda en la complicidad con su hermano Julio: ambos fueron, y son (Julio vive y no para de desarrollar iniciativas), cineístas o cinéfilos desde que acudieron al Cinema Monumental por primera vez en los años 50, fotógrafos, proyectistas, divulgadores del cine y creadores de varios documentales, tanto creativos como documentales. Los dos primeros se nos recuerda aquí, son ‘La carta’, "a base de planos largos interminables, al estilo de Antonioni", y ‘La persecución’, que narraba "la angustiosa e implacable ‘caza’ de un joven por unos pandilleros", resume Ruiz.

Esta doble línea, de creación y documento, también la han mantenido muchos de los autores presentes en el libro. Qué cantidad de gentes soñaron el cine, y lo rodaron y lo editaron, y lo proyectaron en toda suerte de locales y condiciones en Zaragoza, Huesca y Teruel, antes de esa gran oleada de directores y profesionales que han dado paso a la vitalidad y variedad y ambición que estamos viviendo ahora en el cine de la Comunidad. En todo Aragón, desde los años 40 y 50, con diversidad, intensidad e idéntica carencia de medios, se han hecho algunos centenares de películas, sobre todo cortos, de 16 y 35 mm. Alberto Sánchez excluyó de su inmenso trabajo las propuestas de vídeo.

Un heterogéneo inventario

Las páginas de ‘Cine Amateur e Independiente en Aragón’ no eran un libro en un principio. Eran un inventario muy heterogéneo: hay mucho material de elaboración propia de Alberto Sánchez Millán, filmografías completas, nada fáciles de recopilar, fichas técnicas, artículos de revistas, enciclopedias, diarios y de programas de fiestas, fragmentos de entrevistas, programas de mano, artículos de fondo, y biografías de bastantes directores amateurs. Sánchez Millán, a la par, aborda los distintos grupos o colectivos que hacían o programaban películas, se reunían para debatir o para asumir aspectos de los proyectos. Ahí están, entre otros, el Grupo Andanzas, Cineceta, Chiribito Films, Grupo Eisenstein (liderado por el activo José Luis Rodríguez Puértolas, con más de 50 componentes), San Gría Films, el Seminario de Arqueología y Etnología Turolense, la Peña Zoiti, etc.

Conjunto de folletos

Alberto Sánchez armó su libro en poco tiempo. Dice en su prólogo que no se trata de un libro "sino de la encuadernación de un conjunto de folletos monográficos hechos a lo largo de cuatro o cinco años y sin que, en un principio, existiese intención alguna de realizar esta unificación de los mismos", y subraya la irregularidad general de la propuesta. Es un trabajo muy meritorio, lleno de curiosidades, cabría añadir, porque no era fácil componer la filmografía completa hasta entonces de José Antonio Duce, José Luis Pomarón, Antonio Artero o Miguel Vidal, especializado en cine deportivo, por citar algunos ejemplos.

Alberto Sánchez ofrece su definición del cine amateur, independiente y no profesional: "Olvidémonos de hacer elucubraciones sobre el cine canijo, de tratar de definirlo. Se le ha llamado de muchas maneras según los fines de las películas, de los autores o de los teóricos e historiadores: amateur, independiente, aficionado, cine pobre, militante… Posiblemente, el mejor calificativo para la mayoría de los trabajos hechos en Aragón sea precisamente el de ‘pobre’, porque en esta tierra lo somos en casi todo".

La opinión de José Luis Pomarón comparte ese pesimismo de fondo: "Lo que he hecho lo he hecho por amor al cine (…). No busco ningún tipo de gloria, además de que pienso que es imposible en el campo del cine de pequeño formato".

En la amplia sección de monografías, Alberto Sánchez Millán retrata y presenta, apoyándose muchas veces en los trabajos del crítico e historiador Manuel Rotellar, a Julio Alvar, que ya hizo una labor importante de cine etnográfico, línea que también asumiría y ensancharía luego Eugenio Monesma; a Pedro Avellaned, que pasó del teatro y del cine a la fotografía; a José Antonio Duce, autor de ‘Culpable para un delito’; al ‘fenómeno’ José Antonio Maenza, al que le interesaba "el cine político y el cine pornográfico, como forma de lucha para atacar los valores de la sociedad burguesa".

También habla de Antonio Artero, y se ensalza su documental ‘Monegros’, y de Manuel Labordeta, del activo Pomarón, de José María Sesé, de José Antonio Páramo, de Alejo Lorén y, entre más de medio centenar de creadores, al artista Eduardo Laborda, que ha alternado su faceta de pintor con la de director de cine hasta ahora mismo.

El libro recuerda por qué Aragón, más allá de sus figuras más rutilantes (Chomón, Buñuel, Rey, Forqué, Borau o Saura), es una tierra de imágenes, de cineastas y de cineístas.

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