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Ismael Serrano: "La literatura es el empeño de darle un argumento a la vida"

El cantante Ismael Serrano presentó este jueves, en la Casa del Libro, ‘El viento que me lleva’ (Grijalbo), siete cuentos sobre la soledad y la desesperación.

Ismael Serrano se mantiene firme en su compromiso.
Ismael Serrano se mantiene firme en su compromiso.
Francisco Jiménez

¿Contar es cantar o viceversa?

Contar es cantar y cantar es contar, sí. Así entiendo yo la canción.

¿La canción es un cuento?

En el caso de la tradición del trovador, del cantautor, sí tiene que ver con contar una historia. A los cantautores también se les llama ‘story tellers’ y a mí me gustan mucho esas canciones que cuentan historias, y en los conciertos me encanta contar historias.

No en vano, ha publicado libros infantiles...

Hace mucho escuchaba a un joven y afamado novelista que decía que la novela no debía tener argumento porque la vida no lo tenía. Creo que es al contrario: la literatura es el empeño de darle argumento a la vida.

¿Quién le contaba los cuentos? En ‘El viento me lleva’ es clave contar y escuchar…

Totalmente. En mi familia siempre se han contado cuentos e historias: al alba, en la sobremesa o de noche. A mí me gusta escuchar. Algo que define el libro, y que forma parte de mis obsesiones como escritor de canciones, es la permeabilidad.

¿La permeabilidad?

A veces pienso en ciertos artistas que parecen vivir en una burbuja, que no conectan su cotidianidad con la del común de los mortales. En mi casa contar es una tradición. Mi propio padre va los viernes de peregrinación de bares por Madrid con sus amigos y no paran de contarse historias. Uno de los cuentos que más me emociona del libro es…

¿‘La viuda que soñaba con el mar’ quizá…?

Sí, por la historia en sí misma y por la atmósfera del barrio. Creo que es uno de los textos mejor construidos, el más personal. El barrio del que habla la protagonista es el barrio de Vallecas en el que crecieron mis padres: esa periferia, las calles de tierra, el retrete compartido, las casas de comunidad solidaria entre los vecinos, la parroquias como centro cultural y político también. Todo eso es el barrio de mis padres. Esas son historias que yo cuento, relatos y sueños que me contaban…

¿Debemos imaginar que los siete cuentos son todos reales?

Hablo de muchas historias reales. Por ejemplo, Jerónimo recoge a alguien, un americano, y lo lleva a un pueblo de Salamanca donde vive unas fiestas inesperadas e inolvidables. En el libro hay mucho de realidad y mucho de invención. No sé con certeza si los violines Stradivarius de los museos se tocan cada cierto tiempo, pero lo invento. Escribiendo me he dado cuenta de una cosa…

¿Cuál?

Que soy permeable o tengo obsesión por serlo cuando narro y a la hora de escuchar. Y que lo que más me apasiona en el mundo es contar historias: ya sea en una canción, con acordes o arreglos, o en forma de cuento. Este libro iba a ser un anecdotario, un diario de conciertos y giras, quería hacer relatos más cortos. Y se ha convertido en otra cosa. Tiene un punto de oralidad, conectado con Juan Rulfo o Eduardo Galeano.

Usted es el protagonista...

Uso una estructura similar en todas las piezas, en las que inevitablemente aparezco. Por eso están ahí los dibujos de las matrioscas: son historias que salen de historias que salen de historias. Se imponen cosas comunes: el tema esencial es la soledad, el desamparo y el paro. Y la presencia de personajes un tanto desubicados. Viví de cerca historias terribles.

¿Por ejemplo?

El paro de algún hermano o la situación de desesperación de mi amigo Joaquín, el coprotagonista de ‘La viuda que soñaba con el mar’. Me indigna cuando los políticos dicen lo que dicen sobre los parados. Es como si fueran de otra pasta o gobernasen para marcianos.

¿Qué queda del Ismael Serrano más político, de denuncia?

Hay muchas maneras de denunciar lo que pasa. Jamás he dejado de comprometerme. Ahora es el momento de volver a ser un poco panfletario, sobre todo porque estamos permitiendo el avance del fascismo, que desembarca en las instituciones y defiende unas posiciones que hace 20 años serían inconcebibles. Se están reabriendo debates en torno a la violencia de género, que escandalizarían a cualquier ser sensato.

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