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José Zanetti, el pionero español de la fotografía

Según el pintor Federico de Madrazo. las primeras fotos obtenidas en Roma por el artista, que se había formado en Aragón y fue confundido con José Ramos Zapetti, fueron vistas de los edificios y fuentes de Piazza Navona

José Zanetti
Asio vio Federico de Madrazo a José Zanetti en 1842 en Roma.
Museo del Prado

Hace ahora casi cuatro años dimos a conocer en las I Jornadas sobre Investigación en Historia de la Fotografía de Zaragoza (Institución Fernando el Católico, 2015) el fruto de un laboriosa investigación que revelaba la identidad oculta del pionero español en la invención de la fotografía, José Zanetti Paret, cuyo nombre había pasado a la historia, por un incomprensible error de transcripción, como «José Ramos Zapetti». Se trataba de un destacado alumno de la Escuela de Dibujo de la Academia de San Luis en Zaragoza, quien desde 1817 se había establecido en Roma, donde disfrutó de una pensión de estudios concedida por el Duque de Alba y coincidió con varias generaciones de artistas españoles.

José Ramos Zapetti. Zanetti.

La noticia acerca de las experiencias pioneras en el campo de la fotografía por parte del tal «José Ramos Zapetti», había sido hecha pública hace ya más de un siglo por el crítico de arte Francisco Alcántara a través de dos artículos sucesivos publicados en las revistas ‘Madrid Científico’ (1902) y ‘La Fotografía’ (1903) respectivamente.

En ellos, se hacía eco de las informaciones recogidas por el entonces septuagenario pintor y restaurador gaditano Vicente Poleró (1824-1911), quien en sus memorias manuscritas afirmaba que «Ramos Zapetti» se había anticipado, nada menos que varios años, al propio Daguerre en la invención de la fotografía.

José Zanetti
Federico de Madrazo es el gran conocedor de José Zanetti y su misterio.
Archivo Hernández Latas.

Los escritos de Poleró se basaban, a su vez, en los testimonios cómplices de los antiguos compañeros de Zanetti en Roma, los pintores Federico de Madrazo y Carlos Luis Ribera, quienes otorgaban veracidad al conjunto del relato. En ellos, su antiguo camarada aparece retratado como un personaje un tanto excéntrico, tanto por su indumentaria, como por sus costumbres, que se hacía querer por sus compañeros y cuya afición por los experimentos químicos le valió el apodo de «el nigromántico». Sus constantes estrecheces económicas le obligaban a vivir en el propio estudio donde pintaba y trabajaba, envuelto en el aroma a botica que proporcionaba un armario lleno de frasquitos donde almacenaba líquidos y preparaciones varias.

Algo dice también del carácter inconformista y tal vez algo socarrón de Zanetti que en ese panorama académico tan rígido que imperaba por aquellos años en la Roma pontificia, bautizara con el nombre de ‘Maestrino’ al perrito con el que compartía sus días.

Pero sin duda el acontecimiento crucial en el relato de Poleró es la descripción del momento en el que, citados previamente a su estudio sus compañeros, Zanetti les mostró el resultado de sus experiencias fotográficas realizadas mediante la cámara oscura. Según recoge la crónica de Alcántara, los artistas presentes «…vieron asombrados reproducida en brillante lámina de cobre una figura y parte de su estudio que con júbilo grandísimo les mostro…». Y concluye la crónica: «Unos dos años después se hizo público el invento de Daguerre».

Una identidad revelada

En las conclusiones de aquellas investigaciones, que fueron divulgadas a través de las páginas de HERALDO con generosidad y maestría por Antón Castro (Cultura & Ocio, 16/11/2015), además de desvelar la identidad del pionero español y sus antecedentes familiares, se pudo deshacer el malentendido en torno a su lugar y fecha de nacimiento (Lérida, 1797) y documentar su formación artística, primero en Zaragoza y, posteriormente, como pensionado en Roma. Además, se recuperó información acerca de su actividad profesional durante sus años de madurez, como pintor y litógrafo. Y, por último, se localizó el paradero del supuesto autorretrato de José Zanetti, publicado en la crónica de Alcántara, actualmente conservado en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán (Madrid), al que adjuntamos el retrato a lápiz que de él realizó su compañero Madrazo en 1842.

Por mi parte, me daba por satisfecho, a pesar de que todavía quedaban algunos asuntos pendientes de resolver en la trayectoria vital y profesional de José Zanetti, como por ejemplo conocer el lugar y la fecha de su fallecimiento y, sobre todo, lo que resultaba prácticamente una quimera, rescatar algún testimonio material o documental nuevo que probase fehacientemente la veracidad de estas experiencias fotográficas pioneras.

Lo que no esperaba es que las nuevas tecnologías de la información vinieran inesperadamente en mi ayuda…

Otro hallazgo inesperado

Hará apenas unas semanas, andaba yo enfrascado en ciertas búsquedas en la hemeroteca virtual de la Biblioteca Nacional sobre los daguerrotipos y daguerrotipistas en Zaragoza, cuando uno de los resultados aleatorios de la consulta puso en relación las palabras ‘daguerrotipo’, ‘Zaragoza’ y ‘Zanetti¡’. Inicialmente pensé que entre sus resultados solo hallaría alguna recensión periodística reciente acerca de mi texto de las Jornadas, pero pronto vi que el archivo digital remitía a un artículo publicado en 1891, en la revista ‘La Ilustración Artística’. Periódico semanal de literatura, artes y ciencias, editada por Montaner y Simón en Barcelona (Tomo IX, 2º Semestre de 1890). Una publicación de difícil consulta fuera de la ciudad condal, que hoy gracias a su digitalización resulta accesible para todos los investigadores.

En ella, la redacción le dedicaba un artículo monográfico a modo de homenaje al ya veterano pintor Federico de Madrazo, elaborado a partir de una exhaustiva entrevista, en la que no faltan los entrecomillados con extractos de testimonios en primera persona del entrevistado. En uno de ellos y a cuenta de sus recuerdos de juventud como pensionado en Roma, Madrazo se refiere a nuestro personaje en una nota a pie de página:

«No recuerdo precisamente el año en que apareció o se hizo pública la invención que lleva el nombre de Daguerre; creo que fue en 1841 o 42; pero tengo por cierto que con el descubrimiento del daguerrotipo ha sucedido lo que con otros muchos. Llega la época en que ha de suceder y llevar la gloria el primero que la saca a la luz; y otros que persiguieron la misma idea, por llegar un poco más tarde, deteniéndose quizás demasiado en perfeccionar los primeros resultados, habiendo perdido el tiempo y las vigilias y las ilusiones…

José Zanetti
Visión de Piazza Navona, en Roma. Aquí tomó sus primeras vistas fotográficas José Zanetti.
Archivo Hernández Latas.

»El pintor Zanetti (D. José), un poco poeta y un poco músico y un poco mecánico, español, de Zaragoza (que vivía en Roma en Santiago de los Españoles, en Plaza Navona, donde tenía una sala inmensa y destartalada que le servía de estudio, de laboratorio, de todo, pues que todo hacía, hasta una máquina para volar), nos enseñó a varios amigos suyos, españoles, las primeras imágenes de la cámara oscura fijadas por él de un modo bastante imperfecto en verdad, no recuerdo sobre qué materia, pero sí que eran de un color violáceo y que eran dos o tres vistas de las casas y monumentos que tenía frente a sus ventanas; esto era por los años 40 o 41».

Al margen de la imprecisión sobre el año en que se hizo público el invento del daguerrotipo, que, como es sabido, tuvo lugar un histórico 19 de agosto de 1839, la memoria de Madrazo ratifica de modo irrefutable que el personaje protagonista de la crónica de Alcántara, presente en las notas manuscritas de Vicente Poleró, es en efecto José Zanetti Paret, cuyo domicilio en Roma, ubicado según los anuarios artísticos en Piazza Navona 101, como leemos se correspondía en realidad con el edificio, ya cerrado al culto, de la iglesia de Santiago de los Españoles, actual iglesia de Santa María del Sacro Cuore.

En cuanto a la cronología de estas primeras experiencias fotográficas llevadas a cabo por José Zanetti en Roma, precisamente será la participación de Federico de Madrazo como testigo presencial y no sus últimos e imprecisos recuerdos, la que nos va a permitir datarlas con bastante precisión. Y es que el entonces joven pensionado Madrazo, según han acreditado sus diferentes biógrafos, no llegó a Roma hasta el 25 de octubre de 1839. Así que las primeras fotografías tomadas por Zanetti no pudieron haber sido realizadas antes de dicha fecha, ni posteriormente a junio de 1842, mes en el que Madrazo abandonará la capital pontificia para establecerse definitivamente en Madrid.

Además, a pesar de la brevedad de la nota a pie de página, publicada en el artículo de ‘La Ilustración Artística’, Madrazo ofrece detalles inéditos acerca de esta singular experiencia fotográfica compartida por los artistas españoles en Roma. Información que entra en cierta contradicción con el relato efectuado por Alcántara, que describe aquella fotografía histórica como «…una lámina de cobre con una figura y parte de su estudio», tal vez adornándose en sus conocimientos sobre daguerrotipia.

Por el contrario, según recordaba su antiguo compañero Madrazo, en realidad no se trataría de una única imagen, sino de dos o tres vistas «…no recuerdo sobre qué materia, pero sí que eran de un color violáceo», tomadas mediante la cámara oscura desde las ventanas del propio estudio de Zanetti en Santiago de los Españoles. Así pues, según deja testimonio Federico de Madrazo, las primeras fotografías realizadas por el pionero español fueron varias vistas urbanas de los edificios y fuentes monumentales de la Piazza Navona en Roma. Seguramente, entre ellos, el soberbio palacio Pamphili (s. XVII), situado justo en frente de Santiago de los Españoles, y las monumentales fuentes del Moro y la celebérrima de los Cuatro Ríos, obra de Bernini.

No resulta difícil evocar la escena. Una cámara oscura, un sol radiante y una ventana abierta a una de las plazas más bellas del orbe, la Piazza Navona. Oculto bajo el paño oscuro, un singular pintor español, formado en Zaragoza, que había dejado atrás su juventud en Roma. ¿Acaso resulta posible imaginar un escenario más propicio para hacer historia?

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