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Ocio y Cultura

arte

Carmen Calvo, la reanimadora de fotos

Una exposición reúne en el Museo Pablo Gargallo hasta el 8 de septiembre, dentro de Photo España, sus "inquietantes y misteriosos" retratos intervenidos.

"Carmen Calvo convierte lo anodino en algo renacido para darle un nuevo significado". Lo dice Oliva María Rubio, comisaria de ‘Quietud y vértigo’, la exposición fotográfica en Zaragoza de esa artista valenciana, Premio Nacional de Artes Plásticas en 2013, que hasta el próximo 8 de septiembre puede verse en el Museo Pablo Gargallo, dentro del festival Photo España.

Calvo es "una artista total y multidisciplinar" que, aunque no es fotógrafa, desde finales de los 90 utiliza retratos anónimos antiguos, principalmente de entre los años 40 y 70, que interviene con objetos que le llegan de la misma manera que las fotos: a través de mercadillos, álbumes familiares...

"El dibujo me ha llevado a la fotografía", explicó la artista en Zaragoza. "Es una excusa para intervenir en los retratos como lo hacían los pintores clásicos, voy a la búsqueda del personaje", dijo Calvo, quien explora en las imágenes cuestiones troncales del arte como la escala o los juegos de luz y sombra. Más allá de lo formal, las imágenes de ‘Quietud y vértigo’, que abarcan del 1999 al 2017 –casi toda la producción de Calvo en este terreno–, representan el compromiso de la autora con el concepto de memoria. "Soy de una generación que no tiene que olvidar, que ha de valorar el esfuerzo que ha costado conseguir logros que no hay que dar por sentados; con este trabajo, para mí, es como si redactara unas memorias". Así, los retratos reanimados de Carmen Calvo abordan, en palabras de Oliva María Rubio, "con complejidad y misterio", temas como la familia, la religión, la guerra, la maternidad o las relaciones paterno-filiales. La mujer y el feminismo son muy protagonistas también.

"Si mis obras inquietan, mejor"

Carmen Calvo araña, pinta, amplía o añade máscaras, crucifijos, caracolas u objetos bizarros a los retratados. Con ello, y a través de un proceso de "recontextualización y desarraigo, haciendo presente el pasado", dijo la comisaria Rubio, esta artista eleva "una voz única, que remueve por dentro, que no deja a nadie impasible". "Mete el dedo en la llaga porque nos enfrenta a nuestros fantasmas y saca a la luz cómo la sociedad está más marcada de lo que parece por cuestiones no superadas realmente, como se está viendo actualmente". "Son obras subversivas", describió Oliva María Rubio. "Si mis obras inquietan, mejor" añadió Calvo.

Parte importe para completar la experiencia artística ante las obras de ‘Quietud y vértigo’ son los títulos de las obras. "Importan mucho", remarcó la comisaria. "No porque ilustren, sino porque obligan a replantearse lo que se ve, complejizan la imagen". Entre ellos, algunos como estos: ‘Mi alma está cansada de la vida’, junto al retrato de una novia, o ‘No puedo entretenerme con la especulación metafísica’, de un retrato de una joven con caracoles de cerámica en los ojos.

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